Gerardo Varela, una voz alegre y folclórica

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Gerardo Varela, una voz alegre y folclórica

Con una flauta que compró por casualidad cuando tenía 16 años, Gerardo Varela empezó a transitar, desde su natal Cartagena, un camino musical que en poco tiempo se le amplió de forma inimaginada. Sabía que era portador de una herencia de sonido, instrumentos y cantos gracias a su abuelo, quien pasó por Los Corraleros de Majagual, y a su papá, quien cantaba e interpretaba el acordeón y la guitarra, pero fue hasta esa edad que pudo constatar su habilidad, gracias a un oído prodigioso que en un mes ya lo tenía tocando la flauta a la perfección.

Cuando salió del colegio entró a estudiar música en Bellas Artes, y al mismo tiempo empezó a recorrer las calles de parranda en parranda junto con un grupo de amigos aficionados a la música, con los que amenizaba las noches y les daba la bienvenida a las madrugadas. Ese grupo, recuerda hoy, terminó revolucionando el folclor de Bolívar, que hasta esa época solo tenía los ojos puestos sobre cantadoras tradicionales como Emilia Herrera e Irene Martínez. “Eso fue el 1989. Para ese momento nadie creía en nosotros porque éramos unos pelados. Son Cartagena era como se llamaba la propuesta, con la que grabamos nuestro primer disco para Codiscos”.

Ese acontecimiento, explica, fue también una casualidad, porque su actitud como saxofonista, clarinetista y gaitero era tan despreocupada como la de los demás miembros de la agrupación. En conclusión, no tenían pretensiones, pues lo único que querían era divertirse. “Pero un día nos vio el director artístico de la disquera y nos propuso producirnos. No le hicimos mucho caso, pero por la insistencia terminamos enviándole un casete. Él lo mostró y de una aprobaron el proyecto”.

Ese disco marcó sus inicios en la composición, una actividad en el que se desenvolvió con naturalidad y en la que logró varios éxitos para el grupo, entre ellos El buscapié, una canción que “estuvo pegada” por toda la costa. Al año siguiente de este logro, Discos Fuentes lo contactó para que confirmara una propuesta musical similar a Son Cartagena para el sello, y él aceptó dándole vida a Cartagena Canbombe, un proyecto con el que grabó una composición que más tarde se hizo famosa en la voz de Diomedez Díaz: La chambaculera.

Me llamaron un día de Sony Music a decirme que uno de sus artistas había grabado mi canción. Yo no le paré muchas bolas y autoricé todo”, recuerda, y agrega que más tarde se dio cuenta de esto a través de la radio, “¡y yo no lo podía creer!”. Un tiempo después, este cartagenero de voz alegre comenzó a componer para otra gran figura musical: Joe Arroyo, un artista que grabó una decena de sus canciones, entre ellas La libertad, la continuación de La rebelión. “De ahí en adelante trabajamos muchas veces juntos, siempre me llamaba para sus discos a ver qué le tenía”.

Esa amistad justamente es la inspiración de su proyecto actual: un disco con todas las canciones de él que Joe no alcanzó a grabar. “Espero poder lanzarlo a mediados del año entrante”, dice emocionado, y agrega que por ahora, con una orquesta que lleva su nombre, está presentándose por la ciudad y el país para dar un adelanto de lo que será el disco.

También, dice, existe otro proyecto que lo ilusiona. Se trata de un libro, Palenquito Varón, en el que habla sobre las costumbres y realidades de la vida en Palenque, una comunidad de Bolívar que lo ha inspirando durante su carrera. “Hay una editorial muy interesada en publicarlo y una productora de cine con ganas de adaptarlo. Creo que podría estar saliendo para 2017 y eso me pone muy feliz”, concluye desde su casa en San Joaquín.

Por Laura Villamil.

Fecha

Diciembre 18, 2015

Categoría

Artistas, Gente, Laureles

Tags

artista, cantante, compositor, creativo, hombre, laureles, músico, productor, talento