Freddy Sánchez, el pintor de las negritudes

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Freddy Sánchez, el pintor de las negritudes

Mientras Freddy Sánchez Caballero pone en palabras las imágenes que ha ido acumulando en el alma y en la memoria desde la infancia, demuestra que no necesita un pincel, una paleta de colores ni un lienzo para pintar una escena, porque con la fidelidad que le guarda a los detalles hace que quien lo escuche se transporte desde la realidad hasta las etapas determinantes de su vida.

Una de ellas, por ejemplo, se le extendió por la infancia; época en la que se sentaba todas las horas del día a vigilar los maizales y arrozales que cultivaban sus padres y hermanos en una propiedad ubicada en la mitad de la selva del Darién. “Mi tarea era velar porque las guacamayas, micos, loros, saínos y pájaros en manada no acabaran con el cultivo. Así, en ese papel de espantapájaros, aprendí a observar y a escuchar”, afirma con añoranza, mientras deja ver que los colores, texturas y formas de los animales y las plantas lo convirtieron en un contemplador entusiasta del mundo.

Sin esa época presente en sus recuerdos, Freddy duda de que hubiera podido ser pintor, porque fueron esas vivencias las que le permitieron encontrar un lenguaje y una propuesta estética con los años. “Desde muy niño descubrí que podía pintar, y me gustaba hacerlo para sacar todas las cosas que llevaba adentro”, explica con convicción, y agrega que esa fue la misma premisa que lo llevó a inscribirse en la facultad de Artes de la Universidad Nacional, “aunque mi padre quería que fuera arquitecto. Antes de salir del colegio mucha gente se dedicó a decirme que no tenía que buscar nada más porque ya sabía cuál era mi camino”.

Y lo supo, pues le bastaron algunas materias de la carrera para darse cuenta de que además de la habilidad tenía la vocación para ser artista. En esa época todas sus proyectos académicos se basaban en estéticas urbanas; temas que pasaron al olvido cuando se adentró en el Urabá chocoano, luego de recibir su título, para desempeñarse como docente. “Durante las vacaciones de la universidad siempre viajé a esa zona para pintar casas, murales, iglesias…Era algo mágico porque sentía un choque cultural entre el ambiente académico y el de estos pueblitos que me encontraba a las orillas del Atrato. Era un motivo de inspiración muy fuerte. Cuando me gradué me ofrecieron irme a dar clases, y aunque lo dudé, terminaron convenciéndome”.

Esa experiencia, sumada a la que tuvo durante un año en Quibdó haciendo murales para el Palacio Episcopal, terminaron arrastrándolo hacia la pintura sobre las comunidades negras. “Descubrí que no tenía sentido seguir hablando de otras cosas, y me dediqué a contar de las motivaciones, conflictos, sus pequeñas batallas y espiritualidades de ellos”, asegura, y agrega que estando en la capital del Chocó le llegó la primera invitación para exponer en Alemania (país que ha visitado 5 ocasiones).

Desde entonces no ha dejado de producir desde su taller —con excepción de los 6 años en los que fue docente de arte en el Colegio Alemán— ni de vender sus pinturas en el país y el mundo. De hecho, a mitad de año viajará de nuevo a Alemania para exponer “Las viudas de la curva del diablo”, una serie de obras que han pasado por museos como el de la Universidad Nacional y el Juan del Corral en Santa Fe de Antioquia.

Además del trabajo artístico, Freddy ha dedicado los últimos 6 años a explorar otra afición: la escritura. “Empecé haciendo un catálogo de mis pinturas para una exposición y pensé: a esto tengo que ponerle algo más para que tenga sentido…así le agregué unos poemas”, cuenta, y finaliza diciendo que las letras le siguieron llegando hasta terminar con un libro de cuentos y otro de aventuras para adolescentes, “y para el año entrante quiero publicar uno más… Es algo que me ha permitido complementar las narraciones que inspiran mis pinturas”.

Por Laura Villamil.

Fecha

Febrero 5, 2016

Categoría

Artistas, Gente

Tags

artista, creativo, envigado, escultor, expositor, hombre, muralista, pintor