“Entendí que ser maestra es entregar todo”

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“Entendí que ser maestra es entregar todo”

Beatriz Duque no tiene que escudriñar mucho en los genes para afirmar que su inclinación por la docencia, esa que se le manifestó desde la época en la que enfilaba las muñecas para transmitirles todo el conocimiento que recibía en el colegio, está más que justificada, “porque mi papá y varios de mis tíos fueron maestros, y tal vez por eso desde que tenía como 5 años decía que quería ser ‘señorita’… Esa era la manera en la que llamábamos a las profesoras en mi kínder”, recuerda con una amplia sonrisa.

Casi como si le hubieran asegurado que el éxito estaría en cumplir ese sueño de niñez, Beatriz cursó todos sus años de primaria y bachillerato con la visión puesta en los salones de clase, “y como estudiaba en la Normal de Envigado, que tenía un énfasis en Pedagogía, pude enfrentarme a un grupo desde que tenía 14 años. Me acuerdo de qué hablé en mi primera clase y qué chiste me hicieron los niños”, cuenta con gracia.

En el último año de colegio, recuerda, recibió una orientación vocacional que no solo la enamoro más de la idea de dedicarse a la Pedagogía, sino que le cambió la vida, porque la enteró de la existencia de un programa en Educación Especial.

“Me dijeron que era la carrera que se ocupaba de la atención a las personas con discapacidad, y eso me retumbó”, comenta con expresión de asombro, y añade que esa reacción se debió en parte a un acercamiento previo con un caso de discapacidad, “porque cuando estaba muy niña iba a la casa de mi abuela a jugar con una tía, ya muy mayor, con esta condición. Yo la peinaba, le pintaba las uñas, le contaba historias… Ella era mi amiguita. Creo que eso influyó mucho en el momento en el que supe que podía formarme para trabajar por esa población”.

De esta manera, Beatriz terminó una tecnología en Educación Especial, en la que entendió que el arte era una estrategia de enseñanza y transformación de vida, un descubrimiento que la motivó a entrar a la U. de A. para estudiar el programa de Artes Plásticas. “Fue la misma época en la que me metí a Teatro en la Epa y a Danza en el Ballet Folklórico… Quería tener todos los elementos para conformar propuestas artísticas que de verdad pudieran cambiarle la vida a alguien”.

Ese perfil que desarrolló mezclando la Pedagogía Especial con el Arte le sirvió para tener diferentes propuestas laborales, entre ellas la del entonces Centro de Servicios Pedagógicos de la U. de A., al que llegó para continuar con un proceso de formación en teatro para un grupo de personas con síndrome de Down.

“El grupo que llamaba Sueño de Colores, y fue una experiencia maravillosa porque utilizamos todos los recursos técnicos del teatro y los muchachos se aprendieron todo lo que debían decir. Nos presentamos en la universidad y la gente se quedó absolutamente asombrada”, explica.

Agrega que esa respuesta positiva se ha mantenido hasta hoy. “Como el Centro de Servicios se acabó, yo decidí convocar a los muchachos para seguir trabajando, porque no quería dejar que ese talento se perdiera. Eso fue hace 12 años y desde eso venimos trabajando como Teatro El Grupo. Es mi proyecto de vida y el de ellos, porque es un espacio en el que se les reconoce lo capaces e inteligentes que son, algo que no hace la sociedad. Esta es una posibilidad de vida que han encontrado los muchachos, y por eso no me rindo, a pesar de las dificultades que tengamos”.

Por Laura Villamil.

Nos vemos a las 8 en Matacandelas.

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Fecha

Febrero 12, 2016

Categoría

Artistas, Gente

Tags

actriz, directora, educadora, innovadora, laureles, mujer, teatro, voluntaria