Emprendimiento al estilo de los hermanos Jessen

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Emprendimiento al estilo de los hermanos Jessen

Cuando Konstantin Jessen regresó a Hamburgo (Alemania), luego de hacer el último año de colegio cerca a Dallas (Estados Unidos) con un intercambio, su hermano mayor, Henrik, estaba a punto de graduarse de Economía. “Eso fue en 2010. Yo me gradué del colegio y al mes comencé Administración. Mientras tanto mi hermano, que quería dedicarse a su propio proyecto, tuvo que empezar a trabajar para otros porque necesitaba hacer algo de dinero”, cuenta Konstantin.

Ya en 2011, mientras él avanzaba en sus estudios, a Henrik se le despertó la inquietud por hacer un voluntariado en el exterior. Por eso, entre investigaciones y recomendaciones decidió que su destino iba a ser Costa Rica, un país que le llamaba la atención por el clima y por la posibilidad de hacer su labor comunitaria —enseñando a bailar hip hop, uno de sus pasatiempos— en un circo acrobático.

Cuando llegó allí no hablaba ni una pizca de español, pero no tardó mucho en enamorarse de él y de la cultura de ese país. Y eso, justamente, fue lo mismo que encantó a Konstantin cuando aprovechó las vacaciones para visitarlo. “Al final los dos volvimos a Alemania: él para iniciar una maestría en Estudios Latinoamericanos con énfasis en Economía, y yo con ganas de terminar más rápido mi carrera para regresar y conocer más de Latinoamérica. Quería entender cómo había gente tan alegre mientras los alemanes eran tan fríos”, dice Konstantin, y agrega que esta oportunidad le llegó en 2013, después de que su hermano se instalará en Medellín para hacer un semestre de su maestría en la U. de A.

Para ese momento, Henrik ya había contemplado la idea de emprender un negocio relacionado con el mercado de bebidas saludables, y pensaba que con suerte, si a Konstantin le gustaba la ciudad, podía convertirse en su socio. “Cuando llegué sí me dijo que al mercado le hacía falta una bebida saludable, porque aquí todo se reducía a agua, que es saludable pero aburrida cuando buscas algo con sabor, o gaseosas, muy refrescantes pero dañinas”.

Antes de dedicarse a esta idea de negocio, Kostantin buscó un apartamento compartido con colombianos para evolucionar más rápido con su español. Y 3 meses después, cuando el idioma ya no era una preocupación, sí se dio el tiempo para redactar, junto a Henrik, un plan de negocios que les permitiera encontrar el respaldo de inversionistas en la ciudad.

Esto, sin embargo, no dio resultado, así que les enviaron una copia en alemán del plan de negocios a sus familiares y amigos, con la intención de encontrar el primer apoyo financiero. De esa manera pudieron avanzar, por ejemplo, constituyendo legalmente la empresa, que lleva el nombre “D’cada”, y haciendo los trámites de la visa.

Con el tiempo les llegaron más inversiones, y dos años más tarde lanzaron el producto. “Nos demoramos mucho desarrollándolo y estuvo listo hace 3 meses. Ahora podemos decir que es la primera bebida certificada como orgánica en el país, y eso significa que en toda la cadena, desde el campesino que cultiva la fruta hasta el proceso de producción, no hay químicos”, cuenta con orgullo, y finaliza diciendo que ahora, con esta innovación que les ha abierto las puertas de 35 puntos de venta (entre tiendas saludables, mercados orgánicos y restaurantes vegetarianos), tienen la mejor excusa para quedarse.

Por Laura Villamil.

Fecha

Junio 17, 2016

Categoría

Emprendedores, Gente

Tags

alemán, aventurero, economista, emprendedor, extranjero, hermanos, hombre, innovador, laureles, negociante