“El kung-fu hace mejores personas”

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“El kung-fu hace mejores personas”

Juan Fernando Duarte conoció el kung-fu cuando más lo necesitaba. Tenía 14 años y había acabado de pasar por uno de los momentos más difíciles de la vida: el asesinato de su papá; un hecho que lo dejó sin rumbo y sumido en la tristeza. Por eso, cuando uno de sus amigos del barrio le contó sobre este arte marcial y lo invitó a un entrenamiento en el parquecito de La Gloria, en un intento por entretenerlo, le abrió la puerta a un mundo de golpes, patadas, acrobacias y rompimientos, pero sobre todo de control mental, meditación y bienestar.

Desde entonces, Juan decidió convertirse en un pregonero del deporte que lo salvó, porque es consciente de que si no se hubiera encaminado en su práctica, no hubiera aprendido a responder a las dificultades con buena energía y disciplina. En un principio se unió a Gustavo Arenas, su maestro e impulsor de este arte marcial al aire libre.

Con él aprendió que no había un mejor escenario para el aprendizaje que una manga, “porque es un campo magnético impresionante. Con él entendimos que el cuerpo era un gimnasio, y que lo único que necesitábamos para las clases era una manga”, dice, y añade que este hábito fue heredado de las tradiciones milenarias chinas, en las que los deportistas adquirían sus habilidades aprovechando elementos naturales, por ejemplo, cargando piedras o escalando árboles.

Lleva 18 años enseñando este arte marcial al aire libre. Hace 2 años creó la Corporación Shuriken, para sumar más aliados a esta causa.

 

Cuando tenía aproximadamente 19 años, Juan Fernando asumió las riendas de la enseñanza, pues su maestro se radicó en otro país. Para ese entonces ya habían logrado construir, en diferentes rincones de Belén, como la Nubia y Altavista, grupos numerosos de estudiantes. “Las clases las dábamos por una suma muy pequeña en los estratos más bajos, y con las personas que tenían más modo compensábamos, e incluso les comprábamos uniformes a los que no podían costearlos”, recuerda, confirmando que desde sus inicios en esta disciplina entendió que uno de los asuntos más satisfactorios era el trabajo social.

De hecho, durante 16 años, fue esa una premisa de su labor como profesor, y después, cuando consolidó su oferta de enseñanza con la creación de la Corporación Social y Deportiva Shuriken (hace 2 años), siguió en esa línea. “Yo hacía todo ese trabajo solo, hasta que un alumno me dijo que podía crear una corporación y buscar patrocinios. Eso fue lo que hicimos, y hoy en día tenemos apoyo de 4 empresarios”, dice con satisfacción, y agrega que este respaldo les ha evitado a él y sus aprendices los dolores de cabeza de buscar apoyo en entidades públicas y deportivas, “porque el kung-fu nunca ha sido una prioridad para ellos”.

Además del orgullo que siente por su labor social y por la expansión de la Corporación (ha llegado a parques de barrios como Suramericana, El Poblado y Estadio), destaca con alegría un evento que ha logrado posicionar entre ligas y academias de artes marciales de la ciudad, “porque pueden competir los de taekwondo, karate, hapkido o cualquier arte marcial. Esto porque el torneo es de sanda, un deporte que los reúne a todos”.

Por Laura Villamil.

Fecha

Junio 3, 2016

Categoría

Deportistas, Gente

Tags

belén, deportista, educador, emprendedor, entrenador, hombre, kung-fu, luchador, profesor