“Coleccionar para compartir es el gran lema”

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“Coleccionar para compartir es el gran lema”

Es fácil imaginar que el cerebro de Carlos Mario Restrepo funciona a manera de una gran fonoteca: con estanterías repletas de información y discos clasificados por géneros, años, cantantes, compositores, coleccionistas… Esto, porque cuando habla, va arrojando datos que ponen en evidencia su corazón de melómano; el mismo que sus papás, José de Jesús Restrepo (amante de los sonidos) y María Alicia Correa (cantante aficionada) se encargaron de bombearle desde la infancia con melodías y letras.

Cuando tenía 7 años, cuenta con añoranza, ya empezaba a dar muestras de su espíritu coleccionista: se iba de puerta en puerta vendiendo las naranjas que recogía en la finca de su padrino de bautizo, Francisco Emilio Ruiz —quien tenía su casa donde hoy queda la cancha de San Rafael—, para ahorrar y comprar discos de 78 revoluciones por minuto, en general de música colombiana y latinoamericana.

Caminar las calles del municipio con un bulto de naranjas al hombro fue un oficio corto, “porque mi papá me dijo un día que me veía agotado y que quería saber qué me pasaba. Yo no le había dicho nada a mi familia porque en mi casa lo tenía todo. Cuando le conté lo que pasaba, me propuso ayudarle programando la música en un negocio que iba a montar, eso sí, con la condición de seguir estudiando”, explica, y añade que desde entonces, con un establecimiento que llamaron La Vitrola del Recuerdo, ambos empezaron una sociedad, y sobre todo una relación de compinchería basada en la música, que se extendió hasta que don José, quien trabajó varias décadas para Coltejer, se retiró de los negocios.

Durante la primaria y el bachillerato, Carlos Mario se distinguió entre sus compañeros por ser el último en llegar a clases y el primero en irse, porque tenía claro que su prioridad en la vida era estar en un ambiente de canciones y conversaciones, y no en uno de tareas y tableros. Sin embargo, eso no impidió que fuera a la universidad. “Me presenté a Derecho, pero no pasé, entonces mi papá me sugirió pensar en otras posibilidades. Por eso me fui a Santander, donde hice Instrumentación Industrial”, dice, y agrega al regresar no solo incursionó en las asesorías técnicas de su profesión, sino que se ocupó de La Vitrola, el lugar en el que nació la filosofía de coleccionar para compartir.

Esta misma filosofía influyó en la creación de La Cabaña del Recuerdo (1998), una sucursal de La Vitrola que fundó junto con Rubén y Héctor Londoño Restrepo (su gran amigo desde el colegio), y en la constitución de la Corporación de Coleccionistas Daniel Uribe Uribe (2000), que actualmente tiene sede en el barrio Mesa (calle 38 sur # 36-28) y que trabaja por recuperar, conservar y difundir el patrimonio sonoro.

Dentro del trabajo de la corporación, Carlos Mario destaca el Encuentro Nacional de Coleccionistas, que se realiza dentro de la Semana de la Cultura de Envigado; el Día del Coleccionista, para honrar la memoria del melómano Hernán Retrepo Duque; la celebración del Día Internacional de la Música, según Francia; el encuentro de música decembrina paisa, para homenajear a los compositores que han alegrado por décadas esta época del año, y los encuentros que hacen los primeros jueves de cada mes en la sede para tertuliar y hacer lo que más les gusta: escuchar música. Todas estas actividades, desde su punto de vista, buscan que cualquier persona, sobre todo de las nuevas generaciones, se acerque al legado maestros como Daniel Uribe Uribe y Pedro Pablo Santamaría.

Por Laura Villamil.

Fecha

Junio 3, 2016

Categoría

Gente, Vecinos

Tags

coleccionista, emprendedor, envigado, gestor, hombre, melómano