Claudia endulza vidas con Stradella

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Claudia endulza vidas con Stradella

Si alguien le hubiera asegurado a Claudia Melo que iba a tener éxito con Stradella, su repostería, probablemente hubiera renunciado antes al empleo para el que se había preparado con su carrera de Ingeniería Biomédica y su especialización en Mercadeo, y se hubiera evitado la angustia que le produjo tomar esa decisión que no solo le significó dejar el horario de oficina sino los ingresos fijos.

Por supuesto nadie lo hizo, pero siempre tuvo indicios del acierto que le supondría lanzarse al vacío, a lo desconocido, con su proyecto emprendedor, por ejemplo, al sentirse plena recordando muchas de las tardes que pasó en su infancia en la cocina de su casa, inventando recetas con su hermana gemela y su mamá; o al pensar en la afición inacabable por los dulces, sobre todo por los chocolates, que inició con las chocolatinas que su papá le dejaba en un armario de la casa para comer a diario.

También cuando pensaba en los momentos que pasó con sus amigas del colegio haciendo galletas y tortas, y en los que empezó a recibir llamadas de ellas, luego de haberse graduado, para encomendarle las tortas de los cumpleaños o los postres para ocasiones especiales.

“En el 2009 me gradué de biomédica, pero yo quería trabajar en mercadeo, que era algo más parecido al perfil de un administrador de empresas. En ese entonces dije: no voy a aceptar un trabajo en biomédica pero tampoco voy a quedarme sin hacer nada, entonces empecé a enfocarme en hacer los pedidos que me hacían mis amigas y conocidos”.

Con esto en mente quiso convertir su propuesta en algo más serio, inventando una marca y tomando el nombre de la finca de sus abuelos (esta se llama Stradella como una derivación de Estrada, el segundo apellido de Claudia). Trabajó con dedicación por tres meses y notó que el negocio podía ser tan próspero como había soñado, “pero me ofrecieron un empleo en investigación de mercados y debía irme cuatro meses a un entrenamiento en Bogotá. Tuve que cerrarla, pero en ese momento también me entusiasmaba el hecho de ser empleada porque pensaba que podía ser valioso para el momento en el que tuviera mi propia empresa”.

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Al regresar no abrió de inmediato, pues no solo debía adaptarse a un nuevo espacio de trabajo sino que debía retomar su especialización. Su estrategia para no dejar en el olvido su pasión por la repostería fue utilizar los amaneceres y las noches para cocinar lo que le encargaban sus compañeros de trabajo. “Y después entré a otra empresa, pero ya me estaba convenciendo de que no iba a poder despegar con la respotería si no me le dedicaba por completo”.

Su siguiente paso, entonces, fue un viaje a Argentina para especializarse en repostería, venciendo la inseguridad que le causaba perder los clientes que había ido sumando poco a poco. “Mi mamá se hizo cargo durante seis meses que estuve lejos, pero a partir de enero del año pasado me hice cargo yo. Hasta el momento todo va muy bien, a la gente le ha gustado mucho lo que hago y sigo soñando con convertir esto en algo mucho más grande”.

Por Laura Villamil.

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Fecha

Marzo 27, 2015

Categoría

Emprendedores, Gente

Tags

biomédica, creativa, el poblado, emprendedora, mujer, negociante, repostera