Ángel se hizo abogado con mucha determinación

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Ángel se hizo abogado con mucha determinación

Hace casi siete años, Ángel Mosquera, encargado de los oficios varios de la urbanización Interlomas, resolvió el dilema que le había estado ocupando su cabeza por varios meses: mientras su razón le decía que era el momento ideal para entrar a estudiar Derecho, como lo había querido desde noveno de bachillerato, su corazón le indicaba que era hora de conformar una familia, “porque ya tenía como 26 años y me parecía que era el tiempo de pensar en esas cosas, de organizarme y tal vez tener dos hijos”.

La respuesta le llegó en una de varias visitas espontáneas que hizo a la facultad de Derecho de la Universidad Autónoma —cada vez que transitaba cerca al campus, se animaba a entrar para sentirse por unos minutos como un estudiante más— para conocer el valor de los semestres y sus formas de financiación. “En otras oportunidades ya había averiguado cuánto costaba todo, pero siempre concluía que no tenía la plata para pagar. Esa vez salí entusiasmado, haciendo cuentas de cuánto tenía en cesantías y pensando en hacer un préstamo”.

Con esa situación prefirió aplazar su sueño de constituir una familia, “porque también pensé: ¿qué posibilidades le puedo a una esposa y a unos hijos si no me he preparado profesionalmente? ¿Qué futuro podrían tener a mi lado?”, recuerda, y luego, con un tono entusiasta, continúa diciendo que “siempre me había gustado mucho el estudio, entonces no lo pensé más y me presenté a la universidad. Pedí prestada la plata de la inscripción, llené mi postulación y a los tres días me avisaron que había pasado. ¡No lo podía creer!”.

La nueva meta se le convirtió en una realidad cuando habló con su jefe para saber si podía acceder a un préstamo en la Junta de Administración de la copropiedad, “y ella me dijo que si estaba seguro de lo que quería iba a gestionar esa opción. Finalmente me aprobaron en crédito, lo junté con mis cesantías y pagué el semestre. Me puse súper feliz”.

Ángel, nacido en El Cantón de San Pablo, un municipio en las entrañas del Chocó, había llegado a Medellín a los 22 años y recién graduado de bachillerato para pasar 15 días de vacaciones, pero la estadía terminó extendiéndosele cuando consiguió un trabajo en el sector de la construcción (sector en el que trabajó tres años) y entendió que tenía más oportunidades laborales que en su pueblo natal, donde se crió cultivando maíz y arroz en la finca de sus papás.

Mientras rasgaba sus manos entre el cemento y los adobes, no abandonó nunca su ambición de prepararse académicamente. Fue lo que lo llevó a cursar una técnica en Procedimientos Judiciales, donde se convenció, en medio de clases con términos legales, que había nacido para estudiar derecho. “Cuando me gradué ya había empezado a trabajar aquí (Interlomas). Nunca ejercí la técnica porque no vi posibilidades, pero en la unidad me ayudaron para cumplir mi meta en el Derecho”.

Luego de pagar los 10 semestres de su carrera con préstamos semestrales de la Junta, cesantías, vacaciones, aguinaldos y cualquier rubro con el que se cruzara, este hombre, ejemplo de determinación, recibió su título hace 15 días, pero el fin de sus estudios de pregrado no es el fin de sus sueños: está en búsqueda de posibilidades para empezar a ejercer y quiere iniciar una especialización en Responsabilidad Civil para el próximo semestre. “Más adelante, ojalá, quisiera una maestría en Procesal Penal y otra en Derecho Probatorio. En la medida en la que uno omite estudiar se queda rezagado, y yo solo quiero seguir preparándome”.

Por Laura Villamil.

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Fecha

Marzo 6, 2016

Categoría

Gente, Vecinos

Tags

abogado, albañil, campesino, constructor, el poblado, hombre, oficios varios, soñador