Alejandro, un pianista que busca el bienestar

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Alejandro, un pianista que busca el bienestar

Hace 5 años, casi como siguiendo un impulso, Alejandro Martínez desempolvó la organeta que tenía guardada debajo de su cama hacía algo más de dos décadas: desde el día en el que, convencido de su falta de habilidad para interpretarla, decidió olvidarse de ella. “De niño había tomado clases de piano, por eso en la universidad hice unos cursos libres del instrumento aunque no fueran de mi carrera. Me fue muy mal porque tuve que aprenderme una obra y me demoré todo el semestre haciéndolo, y el profesor no me decía nada, pero de cierta manera yo entendía que no servía”, cuenta, y añade que ese episodio, sumado a la experiencia que tuvo como tecladista de una banda de rock que no prosperó, lo desanimaron al punto de dedicarse solo a su formación profesional.

Para entonces era estudiante de Ingeniería Industrial en la Universidad de los Andes y aspirante a tener una larga vida en los negocios; dos cosas que había decidido por los múltiples ejemplos de hombres de empresa que tenía en su familia. De hecho, esto determinó su experiencia laboral, porque al recibir su título se dedicó a trabajar en una compañía de plásticos junto a varios parientes, entre ellos uno de sus hermanos.

“Él se encargó de todo cuando yo me fui, casi 10 años después de ser el gerente”. Esa renuncia se debió a un momento de transición en el que quería darle prioridad a su salud y su bienestar antes que al dinero. Por eso se dedicó a la consultoría empresarial, social y educativa, teniendo en cuenta sus especialidades en Finanzas, Cooperación Internacional y Pedagogía Holística.

“De esa manera empecé a enseñarle a los profesores de muchas instituciones las herramientas para transformar sus estilos pedagógicos, incluyendo técnicas como la meditación en sus espacios educativos”, cuenta, y añade que estos acercamientos con los docentes los hacía a través de la fundación que había creado para trabajar temas de desarrollo personal.

Esa fundación, justamente, se transformó hace casi de 4 años en la Academia de Desarrollo Humano, una plataforma virtual para tomar cursos sobre liderazgo personal, profesional y espiritual. “Más o menos en la época en la que creé la academia fue que desempolvé el teclado, y empecé a descubrir que podía improvisar, porque cerré los ojos, toqué y vi que sonaba bonito. Eso hizo que me interesara por investigar sobre la improvisación”, cuenta, y agrega que en la medida en la que fue pasando el tiempo fue produciendo piezas únicas, “porque se graban una vez. Para volver a repetirlas tendría que sacar una partitura y practicarla un buen tiempo, pero si hago eso estaría pensando en la técnica y no es lo que me interesa”.

En ese pasatiempo fue encontrando una oportunidad para generar bienestar y para ayudar a alcanzar estados de relajación y tranquilidad, por eso, aprovechando la plataforma educativa virtual de la academia creó un rincón paralelo llamado almamusic.org, donde comparte los álbumes que graba mientras se desconecta de la realidad para conectarse con él mismo: un estado que ahora quiere compartir con quienes deseen aprenderse a escuchar.

Por Laura Villamil.

Fecha

Mayo 20, 2016

Categoría

Emprendedores, Gente

Tags

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