“Acompaño a la gente a que vuele con su talento”

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“Acompaño a la gente a que vuele con su talento”

Henry González, bogotano de 48 años, solo tiene que pensar en sus raíces familiares para ratificar que fueron estas el origen de la gran pasión de su vida: la ilustración, pues recuerda que desde muy pequeño empezó a desarrollar trazos y pinceladas sabiendo que sus padres, uno de sus abuelos y muchos de sus primos tenían una destreza excepcional para el dibujo.

De esa etapa de la vida también tiene frescas en la memoria algunas escenas que fueron determinantes para despertar su sensibilidad y admiración por el arte, como el haber acompañado a su papá en una convalecencia que tuvo luego de un accidente laboral. “Yo me sentaba a ver cómo hacía collages y pinturas para una clase de dibujo que tomaba por correspondencia mientras se recuperaba. Cuando ya tenía las tareas listas, mi mamá y yo íbamos a enviarlas por correo”, asegura, y agrega que a partir de ese momento fue tanta su inquietud por el trabajo manual, que sus padres decidieron matricularlo en un curso de dibujo.

A este asistió durante 4 años (hasta que cumplió los 11), para incrementar sus habilidades en el dibujo figurativo, el color y el volumen; conceptos y técnicas que le permitieron destacarse en las clases de arte y ganarse la fama del que hacía las mejores carteleras del colegio. Sin embargo, eso no le bastó para disfrutar del ámbito académico, “porque yo no quería hacer más que dibujar. No tomaba apuntes, sino que hacía figuras para entender mejor, pero como la educación era tan rígida, empecé a tener muchos problemas. Fui pésimo estudiante”.

Lo fue solo en la etapa del colegio, porque cuando entró a la universidad a estudiar Diseño Gráfico, se convirtió en uno de los mejores, e incluso se ganó media beca para terminarla. “Sabía que esa era mi oportunidad”, explica con convicción, “porque no tenía plata para pagar los semestres. De hecho cuando empecé fue porque fui a hablar con alguien de la universidad para pedirle que me dejaran estar ahí. Esa persona me dijo: ‘Me la voy a jugar por usted, pague lo que pueda y arranque”.

Mientras demostraba su talento en la universidad, trabajaba haciendo ilustraciones para manuales escolares; un oficio que se le extendió por 12 años. “Así conocí a muchos autores, editores y personas del mundo de los libros… Fue una época en la que casi que hice un repaso de la primaria, tenía que leer mucho para poder ilustrar”, cuenta.

Añade que más tarde, en el 98, empezó una nueva etapa, pues viajó a Argentina para especializarse en narración para novela gráfica. Desde ese entonces, como asegura, ha pasado temporadas allí de forma intermitente para perfeccionar su arte. De hecho, uno de esos lapsos lo pasó con su familia, “porque la que hoy es mi exesposa viajó con mi hija para estar conmigo”, recuerda, y continúa diciendo que esa vez tuvo que regresarse por la crisis económica.

Luego del divorcio, Henry planeó un viaje a Suiza, donde aspiraba a estudiar, pero “fue algo que no se dio”. Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que encontrara un plan B, porque por invitación de una amiga ilustradora llegó a Medellín para convertirse en uno de los fundadores de El Lápiz Azul, un taller de oficios con énfasis en ilustración en el que, desde hace 3 años, comparte el conocimiento que ha coleccionado en este campo por más de 20 años. “También es un espacio en el que hago proyectos para diversas publicaciones o para mí mismo. Este año quiero publicar cosas en las que he trabajado por 8 años, espero que la gente las pueda conocer”.

Por Laura Villamil.

Fecha

Enero 15, 2016

Categoría

Artistas, Gente

Tags

Argentina, diseñador, ilustrador, laureles