Vuelven a fallar los controles de los garajes

Vuelven a fallar los controles de los garajes

Vuelven a fallar los controles de los garajes

Tal como el año pasado, habitantes de varios barrios de Medellín reportan fallas en las puertas automáticas de parqueaderos y las atribuyen a inhibidores de frecuencias.


Está ocurriendo otra vez. Luego de que en septiembre pasado, por las mismas fechas en que el papa Francisco visitó Medellín, vecinos de diferentes barrios de la comuna 11 reportaran fallas en la señal de los controles remotos para abrir y cerrar las puertas automáticas de los parqueaderos de edificios y unidades residenciales, la situación viene presentándose de nuevo desde el martes 27 de marzo.

Ni acudiendo a los técnicos que hacen mantenimiento a las puertas, ni cambiando los controles remotos, ni reportando la situación a las autoridades han podido los vecinos encontrar solución. La señal, que debe transmitirse por una frecuencia electromagnética, no funciona y las puertas deben accionarse manualmente, lo que para los afectados representa además un riesgo de seguridad, pues tanto vehículos como edificios quedan expuestos, sobre todo en la noche y la madrugada.

Esther Chavarro administra el edificio Pamplona en el barrio San Joaquín y tanto en septiembre como ahora ha tenido que recibir las constantes quejas de los residentes. Para tratar de encontrar una explicación, contactó a las autoridades, pero “ni me dijeron nada, yo intuía que debía ser por lo del papa, porque nadie nos daba una respuesta. Somos la comunidad afectada y no sabemos quién, cuándo, dónde, por qué ni hasta cuándo. Están interviniendo con nuestra vida privada, pero no nos dan ninguna información”.

Contexto de la noticia: ¿Hay inhibidores de señal en Medellín?

Esa misma sensación de impotencia la comparte Lucía Victoria Hernández, residente del edificio Pamplona hace 5 años, que reportó el problema tanto a la Alcaldía de Medellín como a la Policía, pero encontró que “una respuesta muy común de las autoridades es que les cambiemos la pila a los controles. Pero es que ese no es el problema porque ya se han hecho los ensayos y no ha funcionado”.

Tanto para ella como para la administradora es imposible que se trate de una falla mecánica de las puertas, porque cada 3 meses se les hace mantenimiento preventivo. Lo que ambas temen es que esta situación sea causa de algo más: “Qué tal que esos mismos bloqueadores de señal estén siendo utilizados por alguien para cometer un delito o algún daño”, manifestó Esther Chavarro.

Igualmente preocupada está María Elena Álvarez, que administra otros 3 edificios residenciales: “Aquí todo el mundo se me queja y yo misma estoy perjudicada. Me toca meter la mano por la reja y, mientras ella está en movimiento, sacar rápido la mano y volver a entrar al carro”.

Lea también: Cuando el antejardín se vuelve negocio

Por su parte, Fabiola López, administradora de otro edificio en el barrio Conquistadores, también buscó respuestas, pero “llamé a la Policía y me dijeron que eso le competía a la Alcaldía, llamé a la Alcaldía y me dijeron que volviera a llamar después, y uno se cansa de tanta cosa”.

Aunque el año pasado la Secretaría de Seguridad de Medellín negó la instalación de inhibidores señal en la ciudad, esta semana, al consultarles nuevamente, afirmaron desde ese despacho que “(en septiembre) se utilizó un inhibidor para drones traído desde Israel, pero se lo llevaron desde ese momento y ya se había aclarado el tema”.

Asimismo, la Policía Nacional aseveró que esa institución “no tiene inhibidores instalados o cuenta con esta clase de dispositivos para el servicio propio de vigilancia”.

Le sugerimos: Así dañaron el urbanismo táctico de La Consolata

Lo cierto es que aunque el uso de este tipo de aparatos que generan interferencia con las señales electromagnéticas está restringido, su venta no está prohibida en el país, por lo que cualquiera puede adquirirlos por precios que van desde $ 260.000 en adelante. Y no es posible rastrearlos, lo que hace aún más complejo su control y deja a los vecinos de Laureles en el limbo.

Por Sergio Andrés Correa
sergioco@gente.com.co