Ágata, la labradora de La Palma que cumple 20 años

Ágata, la labradora de La Palma que cumple 20 años

Ágata, la labradora de La Palma que cumple 20 años

El 10 de julio esta canina del barrio La Palma (Medellín) está de cumpleaños. Conozca cuál es el secreto de su longevidad.

“Si Ágata del Socorro fuera una mujer, sería de esas señoras con voz fuerte, ronca y gruesa, idéntica a la de sus ladridos… Toda una matrona, aunque dulce, amorosa, amigable, extrovertida y aficionada al deporte”.

Cuando llega una visita, esta labradora se pone de pie, volea la cola y pide que la soben. Mientras tanto, no para de jadear ni de reclamar caricias con su hocico. Desborda ternura.

Por su edad, ya no sale mucho a la calle, lo hace 1 vez a la semana (cuando está de ánimo). Paula Castañeda, su dueña, le carga las patas traseras con un arnés para subir las escaleras, no vaya a ser que la displasia de cadera se le complique. Sus necesidades las hace en el patio y se la pasa dormida. Eso sí, nunca ha perdido la alegría.

“Le encanta que le hablen y que le digan: “Tan linda esa negrita”, porque entonces se pincha”, confiesa Juan Pablo Castañeda, el vecino que hace 15 años se la encontró en los alrededores del Aeroparque Juan Pablo II y le puso una traílla para ayudarle a encontrar su familia. Sin embargo, todo esfuerzo fue en vano y le tocó llevársela.

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— “Su papá trajo un perro del demonio”—, le dijo la mamá a Paula, refiriéndose al tamaño y al color azabache del animal.

— “¿Cómo así? Tranquila, espere que ya voy”—, le contestó.

Cuando abrió la puerta, Paula se encontró con la nobleza hecha animal: “¡Qué belleza!”, gritó. La llevaron al veterinario y les aseguró que no llevaba mucho tiempo perdida. “Está sana y tiene alrededor de 5 años”. Entonces se la quedaron.

En la casa de los Castañeda, también vivían Dana y Sasha, otras 2 perras. Sin embargo, a don Juan Pablo le gustaba era salir con su Negra a recorrer los senderos del Cerro Nutibara y de Las 3 Cruces. Con el pasar del tiempo, las caminatas se hicieron menos frecuentes. Envejecieron a la par y al hombre le dio artrosis.

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Asimismo, desde hace una década, Ágata sufre de displasia de cadera. Se mordía la cola por el dolor, el ardor y el desespero. Paula pensó en ponerle la eutanasia, porque la veía muy mal, pero luego de un tratamiento con Glucosamina, controlaron la enfermedad.

Cuando le celebraron los 16 años, pensaron que ya casi se iba a morir, así que le abrieron espacio a Nala y Maximiliano, un par de labradores dorados gigantes que respetan al extremo a su hermana mayor, “si ellos están jugando y la pelota cae al lado de la Negra, ni se le arriman”, detalla esta vecina.

Según Paula el amor y el cuidado con la alimentación es lo que mantiene a Ágata con vida. Aunque tiene los músculos débiles, camina como un robot y sufre de cataratas y diabetes es una perra alentada, sin embargo, su dueña confiesa que todos los días habla con ella: “Mi amor ya es hora, ya has hecho mucho por nosotros”, pero esta labradora coge más fuerzas, “porque no quiere dejarnos, ella siente que puede dar más”.

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Por Dafna Vásquez
dafnav@gente.com.co