"Nunca imaginé ser ordenado por un santo"

“Nunca imaginé ser ordenado por un santo”

El padre Diego Alberto Uribe Castrillón, docente de la Facultad de Teología de la UPB, nos habla sobre su vida religiosa. Conózcalo.

En julio de 1986 el papa Juan Pablo II pisó tierras antioqueñas. En ese entonces Diego Alberto Uribe Castrillón era apenas un seminarista. Lo que no sabía era que el máximo jerarca de la Iglesia católica, hoy santo, sería quien lo ordenaría y le mostraría el camino para llegar al Señor.

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“Su visita fue un motivo de mucha felicidad para la ciudad, dejó esa huella de bendición y misericordia, pues era una persona con una virtud contagiosa, una alegría que llegó al corazón de todos y una fidelidad que se vuelve tan ejemplar, por eso se volvió tan querido y más si uno lo tuvo la fortuna de tenerlo muy cerca”.

Desde que estaba niño el padre Diego, docente de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia Bolivariana (UPB), tenía curiosidad sobre la vida religiosa, sin embargo, más adelante, cuando terminó el bachillerato y se vinculó a la parroquia de Girardota (Antioquia) mediante grupos juveniles, descubrió el sentido de la vocación en una experiencia llena de valores.

“Cuando uno se decide por la vida consagrada, por entregarse a mi Dios, lo hace porque ha recibido la motivación de un hogar cristiano y porque toda vocación es también el fruto del trabajo de otras personas que con su ministerio ejemplar nos han hecho la invitación a esta gracia del sacerdocio. Yo lo hice motivado por pastores buenos que me entusiasmaron y me ayudaron a encontrar el camino del Señor. Además, en esa búsqueda de qué sería lo mejor para la vida uno siempre trata de escoger aquello en lo que pueda juntar el servicio a Dios y a las personas”.

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En 1979, luego de renunciar a la carrera de Arquitectura, el padre ingresó al Seminario Mayor para comenzar su formación, “esta fue una decisión espontánea, llena de alegría, un proceso de formación hermoso”. En sus años de seminario hizo una especialización en Teología Dogmática en Europa. Allá tuvo la oportunidad de conocer al entonces papa, Juan Pablo II, quien más adelante sería el que lo ordenaría.

“La figura del papa es el que nos hace establecer ese contacto con Cristo, es mirar cómo el Señor puso en el camino de quienes nos ordenamos ese día su testimonio de vida. Nunca imaginé ser ordenado por un santo”, cuenta, mientras señala que años después tuvo la oportunidad de compartir con él en una peregrinación en Roma.

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En cuanto al papa Francisco, dice que sabía de él cuando fue arzobispo de Buenos Aires, Argentina. Recuerda sobre su personalidad que es un hombre bueno, sencillo, muy cordial y con actitudes que muestran su gran bondad y cercanía. “Lo más importante ahora es asistir a las celebraciones de su llegada. No sé si va a ser fácil saludarlo directamente, pero ya el hecho de que el sumo pontífice esté en Medellín es una bendición muy grande para todos”.
Por Dafna Vásquez
dafnav@gente.com.co