¿De dónde vienen los nombres de La Ayurá y Envigado?

¿De dónde viene el nombre de la quebrada La Ayurá?

¿De dónde vienen los nombres de La Ayurá y Envigado?

¿De dónde vienen los nombres de La Ayurá y Envigado? Un vecino estudioso del origen de las palabras le cuenta algunos de sus hallazgos.

Detrás de los nombres hay una cantidad de fenómenos históricos, culturales y sociales que permiten entender la identidad de los lugares y sus pobladores. Ese interés llevó a José Ignacio Henao Salazar, vecino de Vallejuelos, a estudiar las toponimias de Envigado en su doctorado en Filología, de la Universidad de Lérida, España.

Él es licenciado en Español y Literatura, y magíster en Sociología de la Educación, de la Universidad de Antioquia. Aunque no concluyó sus estudios de doctorado porque, entre otras cosas, le robaron el disco duro donde tenía sus avances de investigación, aún tiene en la mente varios de sus hallazgos.

Una de sus indagaciones se centró en el nombre de La Ayurá y quedó registrada en un artículo de la revista Íkala sobre su proyecto de tesis “Toponimia de Envigado y de los lugares en la obra de Fernando González”. Lo primero que llamó su atención fue que Manuel Uribe Ángel dijera que los indígenas denominaban Perico Ligero esta quebrada, como era el nombre del oso perezoso abundante en la zona.

Sin embargo, José Ignacio halló una relación más cercana con el origen chibcha o quechua de la palabra, que habría llegado a la región con los anaconas (indígenas traídos por los españoles). En su texto menciona, por ejemplo, que la mayoría de los conquistadores que llegaron al Valle de Aburrá venían de Perú y en quechua existe la palabra yura, que designa cualquier vegetal, sea árbol, arbusto o yerba; también existe yuraj o yurag, que significa ‘blanco’, lo cual podría indicar que el nombre sería el de Quebrada Blanca.

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Asimismo, menciona que en un artículo sobre los topónimos indígenas de la provincia de Puntarenas, en Costa Rica, escrito por Flor Garita Hernández, aparece la quebrada Yurá: “De la raíz ‘yular’: ‘atol’, ‘refrescante’, ‘fermento’, ‘chicha’: ‘quebrada refrescante’. Según la autora, es un topónimo en lengua bribri de la familia chibcha.

“Más o menos entre 1820 y 1830 pasa a ser Ayurá, por un fenómeno que se llama prótesis: las personas decían “la yurá” y arrastraban la a”, dice Henao Salazar.

Otro nombre que llamó la atención del investigador fue el de la quebrada Cien Pesos. Había leído que Envigado fue uno de los sitios de Colombia donde hubo un palenque. “Fui a averiguar en la zona limítrofe con Sabaneta y vi que hay población afrodescendiente. Uno de ellos, Antonio Mazo, me contó que un tío de él tenía una finca en las cabeceras donde nacía la quebrada y abajo vivía una familia Correa, que no tenía agua. El tío les vendió el derecho a usar la quebrada por 100 pesos”.

En el origen de la palabra ‘Envigado’ encontró que viene de las vigas, porque de aquí sacaron los árboles para construir las casas de Medellín (sobre todo el comino) y las caña bravas para hacer los techos. “De hecho Envigado se escribió con m y b (‘Embigado’) más o menos hasta 1820, porque la palabra viga en latín original es con b (biga) y era la madera de los carros de los romanos”.

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También encontró que la quebrada Apolo debe su nombre a una cancha de polo que tenían en esta zona los hijos de Emilio Urrea, un ministro de Desarrollo. Y por otro lado, halló topónimos más transparentes como los de las quebradas La Mina y La Minita que, según sus indagaciones, se relacionan con las exploraciones que llevaron a cabo familias como los De la Calle, que buscaron oro (con poco éxito) en la Loma del Barro y Las Palmas.

El estudio de este vecino también se guió por la obra de Fernando González, pues le llamó la atención la forma en que el maestro describía los lugares. En sus textos el filósofo hablaba, por ejemplo, del tiempo que pasaba viendo correr el agua en la vereda Pantanillo.

Y aunque aquí tenemos la idea de que esa palabra tiene que ver con el pantano como lodo, un líder del sector le comentó a José Ignacio que se debía a una planta llamada pantano, de flor bonita y hoja flexible. Luego se enteró de que también es usada para envolver carne y cree que puede ser un topónimo muy antiguo, porque nosotros no usamos el diminutivo “illo” sino el “ito”.

Aunque José Ignacio Henao no planea terminar su investigación, sigue siendo un curioso de las palabras y cuenta que le preocupa la falta de estudios locales en este campo, pues se necesita un equipo interdisciplinario para llegar a conclusiones precisas.

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Por Jessica Serna Sierra
jessicas@gente.com.co