Así se vivió la Noche Afro en Envigado

Así se vivió la Noche Afro de Envigado

Así se vivió la Noche Afro en Envigado

Entre música, sabores y, sobre todo, saberes la población afrodescendiente de Envigado disfrutó una noche que invitó a la integración.

La venta de chontaduro, arrechón y limonada de coco fue solo una excusa para María Elena Romaña. Con o sin opción de negocio, la lideresa chocoana que llegó hace 22 años a nuestra ciudad no se iba a perder la fiesta. Rodeada de amigos, clientes, familiares, conocidos y con música y baile de fondo, la representante de la población afrodescendiente en el Consejo Municipal de Cultura de Envigado se gozó la Noche Afro.

Como parte de la Semana de la Afrocolombianidad, el encuentro se celebró en el parque principal y fue una perfecta excusa para que los curiosos se acercaran y conocieran “nuestra cultura y la respeten, para que las personas comprendan que somos alegres, extrovertidos, no escandalosos. Una oportunidad para que se cambie la mirada o el hecho de tergiversar”, dijo la vecina del barrio La Magnolia.

Sin el ánimo de alegar, todo lo contrario, Mariaé, una mujer de sonrisa permanente, se refirió al hecho de que todavía, en pleno 2018, nuestras acciones y principalmente nuestras palabras segmenten las poblaciones: “Lo que pasa es que no hemos conocido mucho de las culturas de los demás y no sabemos cómo dirigirnos. Hay quienes piensan que si se dirigen a una persona afrodescendiente y le dice “negrita” lo está suavizando, pero en realidad la palabra es negra, esa es nuestra raza, no hiere susceptibilidades. Esperamos respeto hacia nuestras creencias, danzas, nuestra raza como tal. Somos personas con mucha preparación”, afirmó la odontóloga que interrumpió temporalmente su trabajo para dedicarse de lleno y desde hace 2 años al campo político, pues lo ve como “la mejor forma de hacer que en Envigado la gente empiece a respetar a sus afros en lugar de negarlos”.

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Justo al lado de su puesto estaba el de Winny Soler Valoyes, una enamorada de su Quibdó (que dejó hace 3 años para venir a estudiar instrumentación quirúrgica) que estaba en la fiesta preparada por la Secretaría de Equidad de Género de Envigado no solamente adornando cabezas con turbantes, sino reconociendo su importancia como símbolo de protección y supervivencia. Al menos así fue como nos lo compartió.

“Más allá de saber la técnica, el estilo o el mejor color, está el entender su importancia. Es un objeto de protección, más que decoración, puesto que cubre del sol que lastima el pelo. Pero también tiene historia: nuestras mujeres trazaban rutas de libertad con el trenzado y en el pelo guardaban hasta oro, pero en los turbantes guardaban semillas y frutos al escapar para sobrevivir. Antes su connotación era negativa, se les exigía tapar el pelo por ser sinónimo de deseo (se creía que provocaban a sus amos); el pelo era considerado un fetiche, era hipersexualizado. Hoy es reivindicatorio, con esto hacemos resistencia, y el turbante es uno de sus símbolos”.

Al referirse a la situación de su población, consideró que, en términos generales en el Valle de Aburrá se vive un proceso segmentario: “Estamos dividiendo la comunidad y, para mí, el fin de la inclusión es la equidad, la diversidad dentro de la diversidad. Mi color de piel no establece jerarquías con mis pares o con la gente que me rodea. Me aterra que la gente no acuda a espacios como este (la Noche afro) por asuntos de raza. Somos seres humanos no determinados por el color, debemos saber compartir”.

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Entre las mujeres a las que les puso turbante estaba Marta Mosquera, residente de San Rafael que llegó a Envigado hace 41 años y para quien la población afro no está segmentada. Llegó a la ciudad a los 6 años y “nunca me he sentido discriminada, percibo buena atención tanto de la comunidad como de la Administración municipal, siempre me ha ido bien”.

En este momento no ejerce en su profesión de sicóloga, pues junto con su hermana, Virginia, lidera la Asociación Afroenvigadeña, con “planes para sacar a la población afro del encierro en que ha estado y empezar a motivarla a la participación (…). Los afro somos muy unidos, pero no nos hemos visibilizado. En eso falta”.

Mientras avanza en proyectos de reconocimiento, la lideresa no abandona las costumbres de su Chocó y cada 8 días se reúne con su familia en la plancha de la casa de su mamá, donde preparan la típica sopa con queso o el arroz con longaniza “al calor de unas copitas de vino”, y eso sin sumar lo que no puede faltar al otro día: los pataconcitos y el pandeyuquita, sagrados al desayuno”.

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Por Luisa Fernanda Angel
luisaan@gente.com.co