Las damas fuertes de la seguridad en Envigado

Las damas fuertes de la seguridad en Envigado

Las damas fuertes de la seguridad en Envigado

De los 4 policías del Gaula de Envigado 3 son mujeres. Tienen el terreno ganado por su buen trato y confianza, pero si toca usar la fuerza, no lo dudan ni un segundo.

La opinión de Albes Gaona sobre un grupo particular de mujeres que ejercen autoridad cobra más valor cuando uno tiene la oportunidad de conocerlas. Él, ciudadano de a pie, no sabe exactamente quiénes son, pero escuchar un par de minutos sobre su labor fue suficiente para poner a la sensibilidad por encima de la fuerza física. Ellas, jóvenes y uniformadas que, aunque no dejan de soñar con formar algún día un hogar, decidieron entregar todo a una de las especialidades más tesas de la institución a la que representan: el Gaula de la Policía.Las damas fuertes de la seguridad en Envigado

Que de los 4 integrantes que conforman esta unidad en nuestro municipio 3 sean mujeres le confirma a Gaona su posición; le habla del “otro aspecto de la mujer que es importantísimo: el lado emocional, ese que está por encima del físico. La sensibilidad que el hombre no tiene y que poco sabe manejar, pero que resulta necesaria para trabajar con delincuentes. Creo yo que les ayuda, por ejemplo, a conocer algunas de las razones por las cuales cometen los crímenes que cometen”.

Y es que la mayoría de personas podríamos pensar en hombres al entender que “la Dirección Antisecuestro y Antiextorsión de la Policía Nacional (Gaula) tiene como misión desarrollar acciones efectivas para prevenir, investigar, contrarrestar y reducir (esos 2 delitos)”, tal como la describe la institución, pero podemos olvidar que a veces se requiere más tacto y menos mano dura.

La que sí lo tiene claro es la teniente Edna Morantes, jefe de Prevención del Gaula de Envigado. Una santandereana que llegó a nuestra ciudad hace 10 meses para ser parte de este grupo, pero que con la Policía ya completa 9 años y medio. Ella y las patrulleras Katerine Gómez y Diana Rojas son las 3 —de 4— mencionadas al comienzo (sin contar con otra mujer que las apoya desde el área de investigación).

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Entrenan a la par
Morantes reconoce la labor de todos sus colegas, pero considera que “a veces las mujeres hacemos mejor el trabajo que los hombres, teniendo en cuenta que nos formamos y entrenamos igual. Lo que pasa es que las mujeres somos vistas como personas de confianza. Si hay una situación difícil, uno trata de no entrar a la fuerza, y si es que no se puede y buscan ser agresivos con uno, ahí sí se emplea en su totalidad”.

Para hacernos una idea de que no todo es delicadeza y buen trato, esta última situación la ilustra con un posible caso de allanamiento y explica que “se avisa al llegar, el que cometió el delito no va a abrir la puerta y pues uno acude a hacerlo empleando la fuerza. Se trata primero de hablar, en la mayoría de casos se ven cogidos y reaccionan, pero uno debe estar preparado. A uno le enseñan técnicas de defensa y también sobre los puntos vitales, que, en determinado caso, se deben aplicar”.

Es por eso que se preparan a la par; la rutina en la escuela es igual para hombres y mujeres, madrugan a la misma hora (4 a. m.), hacen los mismos ejercicios, cursan las mismas clases, consumen la misma comida, tienen los mismos castigos y a la misma hora van a la cama. Sin embargo, y para su felicidad, no siempre es necesario actuar de manera brusca, y hasta “hemos logrado abrir puertas y espacios en los que para la Policía no es fácil acceder. Desde el Gaula hemos tenido mucha aceptación y más facilidad, por ser mujeres. Por ejemplo, en el barrio La Mina nos miraban mal y nos tiraban frases de alerta por estar allí. Todo cambió, pasaron a contarnos las situaciones y ya hay coordinación y acuerdos”.

Al ser de la unidad de Prevención, su trabajo en ese barrio y en todos los de Envigado —en especial los que reportan problemáticas— se basa principalmente en visitas, campañas, conferencias a los gremios, encuentros cara a cara y jornadas de control y vigilancia en parques y colegios (esta tarea es de mucha importancia para el grupo), entre otras actividades para las que cuentan con acompañamiento y apoyo de todo tipo del Municipio.Las damas fuertes de la seguridad en Envigado

Ser mamás, un deseo ‘de lejitos’
Menos tiempo que la teniente lleva portando su uniforme la patrullera Katerine Gómez: 5 años en la Policía y 3 con el Gaula, pero en esta especialidad ha pasado por todas incluyendo el gran susto de que casi la descubrieran mientras trabajaba como agente encubierta: “Me hice pasar por alguien que pagaría una extorsión, los estaba grabando. Nunca me dejé intimidar, me estaban probando, pero no me dejé llevar. Por dentro, miedo, y por fuera tenía cara de tranquilidad, negando siempre aquello por lo que me acusaban”.

Gómez está segura de su fortaleza. Afirma que como mujer sabe llegar más, sobre todo a un hombre. Su estrategia, desde la parte operativa y de inteligencia, así sea también parte del equipo de Prevención, ha sido esta, pues ha comprobado que “un hombre cae más fácil, ya que su debilidad es la mujer”.

Sin embargo, después de que una frase como esta sale a flote su lado más sensible también se deja ver, y comparte que lo más emocionante de su trabajo es darles tranquilidad a las personas, ver la alegría de estas al evitar el pago de una extorsión; hay quienes, según la patrullera, no pueden creer que no tienen que sacar de la plata de su mercado para este fin, “y ni hablar de la felicidad que les genera la captura de los delincuentes tanto a las víctimas como a sus familias”.

Esta última palabra es asunto sensible para las 2 mujeres. Saben que en torno a sus vidas personales, sobre todo a las familiares, gira el sacrificio. A diferencia de Morantes, Gómez es medellinense y tiene a los suyos cerca, aunque no es suficiente para sentirlos así. Son solteras, pero no descartan la posibilidad de ser mamás, a pesar de que “será difícil, pero creemos y queremos que en algún momento sucederá”, sentencia la teniente.

Por ahora, mientras siguen entregando cada esfuerzo a su cargo y siguen planeando ese deseo no abandonado con los hombres con los que formarían hogares, siguen tolerando (hasta cierto punto y mientras no haya irrespeto) a aquellos incapaces de resistirse a su belleza y que no dudan en soltarles frases de cajón como “¡arrésteme!”, “lléveme a mí” o “yo me dejo capturar”. Y es que hasta esto lo saben lidiar con sutileza y suavidad.

Luisa Fernanda Angel G.
luisaan@gente.com.co