Mujer de 69 años fue víctima de agresión sexual en un taxi

Un viaje en taxi que terminó en pesadilla

Mujer de 69 años fue víctima de agresión sexual en un taxi

Una vecina de Belén (Medellín) que fue víctima de abuso sexual en uno de estos vehículos se comunicó con Gente para narrar su historia.

Un taxi de regreso a casa, después de una salida con amigas, se convirtió para Marina Alzate* en un recuerdo de esos que sería mejor olvidar. Fue el martes 10 de julio, sobre las 6:00 de la tarde, cuando esta maestra ya jubilada salió de Unicentro y tomó uno de los vehículos que no estaba en el acopio. Al fin y al cabo, como dijo ella, “uno nunca sale pensando que le va a pasar algo”.

La primera parada la hicieron en la Unidad Deportiva de Belén, donde se quedó la amiga que acompañaba a Marina, luego tomaron rumbo hacia su casa en la Loma de Los Bernal. “De pronto el señor, de unos 50 años, empezó a conversar. Dijo que venía de una terapia con la esposa en la Clínica Las Américas, porque la señora no sentía nada a nivel sexual”.

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El hombre le hizo preguntas rápidamente: “Que si yo tampoco sentía nada, si tenía compañero, si me gustaba que me hicieran esto o aquello, que cómo me excitaba más y cómo tenía orgasmos”.

Luego le preguntó qué pensaba de la situación con su esposa, y Marina atinó a decir que para ella “en asuntos de sexualidad lo que debe primar es el respeto”. Pensó que todo lo que el hombre le decía no era pertinente, pero sentía “un asombro paralizante, como lo que pasa en un robo, que uno cree que no está viviendo eso”.

“Luego me dijo: ‘Si llegas a la casa en este momento y te dan ganas, ¿qué haces?’. Entonces le contesté: ‘Usted lo que quiere saber es si yo me masturbo; no, señor, yo no necesito masturbarme’. Y en cuestión de segundos, yo no sé eso cómo fue, él se quedó conduciendo con la mano izquierda, sacó el brazo derecho y empezó a separarme las piernas”, contó la vecina.

Ella iba vestida con un pantalón clásico y en su narración hizo énfasis en esto, porque luego reflexionó sobre “ese concepto que hay por ahí, muy atropellante y vergonzoso para los seres humanos, de que las mujeres provocamos las cosas”.

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El taxi ya iba a la altura de La Inmaculada y al tocarle la entrepierna el hombre le decía: “Con mucho respeto, con mucho respeto”. Marina ya estaba superando el impacto de la conversación previa, lo cuestionó y cerró las piernas para apartarlo. Llegaron a la unidad, y aunque el vigilante era de confianza, ella no fue capaz de decir nada.

Esa noche no pudo contárselo tampoco a su hijo. Cuando él llegó al apartamento tuvieron una discusión y ella se sintió exacerbada, pero no tocó el tema. Se acostó con la imagen del hombre en su cabeza y también se levantó con ella. “Lo tenía almacenado y solo ayer (12 de julio), cuando volví a caer en cuenta de que tenía un problema con eso, decidí escribir al periódico”, comentó Marina.

“Yo dije: ‘No me puedo quedar con esto, porque al mismo tiempo que me pasó a mí les puede estar ocurriendo a otras personas algo igual o peor. Pienso que como sociedad ni como Estado estamos haciendo nada… estamos en manos de lo que el otro quiera hacer con uno”.

Denunciar es el primer paso
Por el shock Marina no tuvo oportunidad de memorizar las placas, pero está pendiente de revisar las cámaras de seguridad de su unidad para verificar si el vehículo quedó registrado. Como indica Valeria Molina, secretaria de las Mujeres de Medellín, estos datos son el insumo para emprender alguna demanda, y la Alcaldía ofrece asistencia legal y sicológica gratuita a las mujeres que sean víctimas de cualquier violencia (ver recuadro).

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La jefa de despacho explicó que este tipo de casos no son muy comunes entre los que llegan a la Secretaría, porque las mujeres muchas veces normalizan agresiones relacionadas con que las toquen o les digan algo en la calle. “Nosotros tenemos un proyecto que se llama ‘Territorios seguros para las mujeres y las niñas’, con el que queremos combatir el acoso callejero. El año pasado hicimos el piloto en la comuna 3, y fue un proceso muy interesante con educadores, mujeres, comerciantes y transportadores”, aseguró Valeria Molina y precisó que es una iniciativa de Onu Mujeres adaptada a las necesidades que tiene la ciudad.

La funcionaria aclaró también han tenido conversaciones con el gremio para el proyecto de taxis rosa, exclusivos para mujeres: “Pero es un tema de corresponsabilidad y de voluntad también de las empresas de taxistas, que deben estar al tanto de quiénes están manejando sus carros, cómo hacen formación y sensibilización a sus conductores. Es responsabilidad de todos transformar los pensamientos machistas, en los que se cree que el cuerpo de la mujer es un objeto que se puede vulnerar de cualquier forma”.

Por Jessica Serna Sierra
jessicas@gente.com.co