¿Por qué murió el gualanday de San Marcos?

¿Por qué murió el gualanday de San Marcos?

¿Por qué murió el gualanday de San Marcos?

Este ejemplar del parque de Andalucía (Envigado), que llama la atención por su tamaño e historia, tendrá que ser talado próximamente.

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Fecha de las fotos: 2015,2016, 2018 y 2019. Cortesía: Mauricio Jaramillo.

Como una noticia lamentable calificó el ingeniero forestal Mauricio Jaramillo la muerte del gualanday ubicado en el parque Andalucía (carrera 43A con calle 32C sur), que fue adecuado por Metroplús dentro de sus obras de plan de manejo ambiental del tramo 2A.

Desde el 2015 este vecino de Envigado ha hecho un seguimiento fotográfico de este ejemplar de jacaranda, por considerarlo de especial singularidad debido a “su forma, su presencia e impacto en el paisaje”.

En sus indagaciones el ingeniero encontró fotos aéreas tomadas en 1969 por don Gabriel Carvajal, que muestran que el árbol estaba localizado en los predios de la antigua finca Andalucía, casa paterna de Miguel Uribe Restrepo.

Para ese año, dijo Jaramillo, el gualanday ya alcanzaba una altura considerable, por lo cual cree que pudo haberse sembrado en 1962 o 1963 (es decir, alcanzó una edad aproximada de 57 años), por la misma época en que fue construida la parroquia de San Marcos. La historia del árbol puede estar relacionada con la conformación de los barrios aledaños como La Magnolia, donde también se encuentra la especie.

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“Son árboles que se caracterizan por tener un porte y una floración morada muy bonita. Este primero fue como un florero solo y se conservó en la mente de los que vivieron en el barrio y de las personas que pasaron por el frente”, comentó Jaramillo, por eso “valía la pena destacarlo y darle protagonismo”.

En una inspección visual don Mauricio señaló que la copa se extiende más allá de la jardinera donde está el gualanday, por eso cree que al hacer el bordillo en la adecuación de 2018 las raíces pudieron ser intervenidas. Además advirtió la poda de 2 ramas que también pudieron afectarlo.

Agustín Gutiérrez, director de Ecosistemas y Biodiversidad de la Secretaría de Medio Ambiente y Desarrollo Agropecuario, confirmó que el árbol presenta evidencia de muerte desde el semestre pasado y aseguró que “no se le hizo ninguna intervención, dado el buen espacio con el que cuenta en la zona”.

El funcionario afirmó que antes de que el ejemplar empezara a mostrar su muerte con indicadores como el follaje seco había sido tratado con acciones “de manejo preventivo”, que “incluye eliminación de epífitas o parásitas que puedan tener un nivel alto, fertilización y control de plagas y enfermedades cuando es evidente”.

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Ese mismo tratamiento, de acuerdo con el director, lo recibe el resto del arbolado público urbano, en el que se encuentran otros árboles especiales o referentes como los que fueron documentados por la Universidad Nacional en el Plan Maestro de Zonas Públicas Verdes del Municipio de Envigado. Algunos como el algarrobo y los cedros ubicados afuera de la Casa Museo Otraparte están contemplados en planes específicos para mejorar sus condiciones.

Ese estudio académico hecho en 2015 analizó cerca de 120 individuos y estableció variables para definir su grado de “patrimonialidad”. Arrojó valores desde 0,80% hasta 1,90 %, y estableció el corte de 1,5 % para postular 20 árboles a un acuerdo de declaratoria. En ese listado no se incluyó el gualanday de San Marcos, que obtuvo una calificación de 1,10 %.

Este ejemplar ya cumplió su ciclo y posiblemente sea una tendencia de todos los gualandayes de edad notable que están mostrando ese comportamiento”, dijo Gutiérrez y añadió que “no se tiene certeza si es un efecto de cambio climático y otros efectos de las zonas urbanas”.

No obstante el ingeniero Mauricio Jaramillo no cree que se haya tratado de una enfermedad “porque a los gualandayes no es común que les esté dando lo que están sufriendo especies como los cascos de vaca, los peros de agua y algunos guayacanes”. En su concepto, aún no hay registros históricos que indiquen cuánto puede durar un gualanday en zona urbana: “Cada especie tiene su reloj biológico y es alterado por las condiciones del ámbito en el que se encuentra. Los de La Magnolia todavía están”.

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Por otro lado, la empresa Metroplús afirmó que el ejemplar no tuvo poda de raíz y que “solo se puso el bordillo, pero esto no afectó el árbol”.

Las presiones del árbol urbano
Para Leonardo Correa, ingeniero forestal de la Universidad Nacional, los riesgos a los que se ven expuestos los árboles en ambientes de ciudad están relacionados con el espacio o uso del suelo, pues cada vez las zonas verdes se utilizan más para construir o para ampliar negocios y adecuar parqueaderos.

Correa explicó que en algunas especies del Valle de Aburrá se han encontrado afectaciones por insectos, como en el caso del guayacán, por un animal conocido como grajo o chinche, que aparece por temporadas. “No existen estudios que digan que llevan a la muerte del árbol, pero sí son incómodos para la personas que habitan en cercanías”.

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De acuerdo con el ingeniero Correa, en las ciudades estas afectaciones suelen tratarse con hongos entomopatógenos (que enferman a la plaga y no son nocivos para las personas), o con productos orgánicos como aceites emulsionados y extractos. “Pero lo mejor sería que aumentáramos la biodiversidad de la ciudad, esto atraería controladores naturales como avispas, arañas, entre otros”.

Como confirmó Agustín Gutiérrez de la Secretaría de Medio Ambiente, la intervención del gualanday de San Marcos es irreversible. Aunque no se va a volcar inmediatamente, “sí se debe talar” para evitar conflictos o algún daño a personas o infraestructura. De acuerdo con el funcionario se hará un remplazo por una especie adecuada que puede ser la misma u otra interesante para el sitio. “Deberá ser un árbol especial, muy singular a futuro”, acotó Gutiérrez.

Por su parte, el ingeniero Mauricio Jaramillo sugirió sacar una pieza significativa del tallo para guardarla en un lugar donde esté protegido (tal vez, a largo plazo, un museo de los árboles de Envigado), en el que la gente pueda apreciar las formas de esta madera y quede guardada la memoria del árbol.

Por Jessica Serna Sierra
jessicas@gente.com.co