Milo y Ly, los viajeros de la Senda Utópica

Milo y Ly, los viajeros de la Senda Utópica

Milo y Ly, los viajeros de la Senda Utópica

Conocer el mundo sin dinero es el plan de estos vecinos aventureros que llevan 9 meses fuera de casa. ¡Conózcalos!

Empacaron en sus mochilas un ukulele, una armónica y una maraca, aunque ninguno de los 2 tenía idea de cómo tocarlos. También llevaron sus cámaras y algunos hilos para hacer manillas y atrapasueños, aunque no sabían nada de artesanías.

Cuando Camilo Osorio y Anllily Gómez salieron de Belén con rumbo a Sudamérica, lo único que sabían era comer. Lo dicen entre risas y como una exageración, pues ella es egresada de Comunicación y Lenguajes Audiovisuales, y él ha sido militar, trabajó en el Metro y fue empresario.

Pero lo que les ha enseñado la ruta ha sido diferente. Han aprendido a vivir con lo necesario, a sorprenderse con la naturaleza, con la diversidad de las culturas, a creer que en el mundo hay personas buenas y que ellos también pueden sembrar algo bueno en cada lugar que visitan.

Milo y Ly se conocieron en una salida de senderismo, ella era líder de un grupo de caminantes por Antioquia, y él llevaba 6 meses planeando un viaje al sur del continente. Tenía pensado abrir un sitio web para narrarles a otras personas sus vivencias y mostrarles las imágenes que capturaba en ellas.

El periplo comenzaría en 15 días, pero cuando conoció a Ly y empezaron a salir, decidió aplazarlo 1 mes y luego otro. Finalmente decidieron emprender camino juntos porque Anllily compartía las mismas ansias de explorar nuevos lugares.

“Fue mejor que una propuesta de matrimonio”, dice Milo, pues desde hace 9 meses conviven 24 horas de los 7 días de la semana. Él comenzó el 31 de octubre del año pasado, y Ly lo alcanzó a finales de noviembre, cuando ya había finalizado la universidad, para salir juntos de Colombia hacia Ecuador.

En ese país pasaron 3 meses y en este momento llevan 5 en Perú. Planean ir de allí a Bolivia, luego a Chile y a Argentina, de ahí pasarán a Uruguay, Paraguay, Brasil, a la Guayana Francesa, Surinam, Guyana y Venezuela, para regresar finalmente a recorrer su tierra natal con ojos de extranjeros.

El recorrido, según sus cálculos, puede tardar aproximadamente 3 años y medio más, pues tratan de estar en cada país tanto tiempo como se los permitan. “Nos quedamos 5 días en cada lugar para conocer bastante de la cultura”, cuenta Camilo, y Ly explica que eso se los ha permitido el hospedaje en casas de gente oriunda de cada ciudad que visitan, a quienes conocen por referencias o por Couchsurfing.

Cuando no consiguen techo dónde alojarse arman su carpa y duermen allí. Con el dinero que consiguen por vender artesanías o postales y cuadros con las fotografías del viaje, que son su especialidad, pagan las entradas a sitios turísticos y la alimentación.

Claro que también, de vez en cuando, quienes los alojan les brindan un plato, como el caldo verde que probaron en Cajamarca (Perú) y en el que descubrieron un sabor que no se asemeja a nada. “No sabes explicar a qué sabe porque nunca en la vida has probado algo así”, cuentan.

El transporte lo solucionan haciendo autostop, e incluso una de las historias más curiosas que tienen hasta ahora les sucedió echando dedo en Manabí, Ecuador. Un hombre se detuvo, los recogió y les dijo que los iba a invitar a probar un plato llamado “encebollado”. En el camino les contó que era prófugo de la justicia y que precisamente en ese momento la Policía lo estaba persiguiendo porque se había dado cuenta de que estaba visitando a su familia. Los llevó al restaurante, pagó todo y se fue.

Pero también han conocido viajeros que los inspiran y los animan a seguir en la ruta. Una de ellas estaba recorriendo el mundo sin mochila, y otro, un chileno que viaja en una moto vespa con su golden retriever, fue hasta Costa Rica y ya va de vuelta a su país.

Para Milo y Ly el viaje ha valido toda la pena precisamente por las amistades que han forjado y por esos momentos que los han dejado sin palabras. Como el día que conocieron la Laguna 69, a 4600 msnm, en Huaraz (Perú). “Ya casi llegábamos, pero había una loma muy inclinada y yo me iba quedando sin aire, cuando llegué y la vi me dieron ganas de llorar… casi me ahogo solo de la emoción”, cuenta Ly y explica que la impresionó constatar que ese color turquesa del agua era una realidad y no retoques digitales que les hacían a las fotografías.

En Ecuador estuvieron en sierra, selva y costa, y en Perú se han dedicado a conocer las maravillas históricas y culturales del país. Visitaron, por ejemplo, la ciudad más antigua del continente que se llama Caral.

Los viajeros dicen que en sus casas los extrañan, pero también se emocionan por verlos felices. Desde Belén Aliadas y Los Alpes sus parientes leen las historias que publican en el sitio web y conocen a la par con ellos, con las imágenes que les envían a sus celulares. Aún les quedan 10 países para continuar recorriendo esa senda que muchos consideran utópica, pero que ellos tomaron como estilo de vida y van con la seguridad de que, como dicen, el que “vive feliz vive libre”.

Jessica Serna Sierra.
jessicas@gente.com.co