Los perros también pueden ser buenos vecinos

Los perros también pueden ser buenos vecinos

Los perros también pueden ser buenos vecinos

Hay normas y pautas de cuidado para que las mascotas no causen problemas de convivencia en su urbanización.

Desde el comité de convivencia de su unidad residencial Nelson Herrera ha visto con preocupación que la tenencia de mascotas ha traído discordias entre los vecinos. Hay quienes dejan sus perros en los balcones hasta que el aseo les coge ventaja; en otros apartamentos se escuchan los ladridos y ya ha habido mordeduras a otros residentes.

Se trata de un conflicto habitual en la comuna y en la ciudad, sobre todo si se tiene en cuenta que hasta 2014 ya había 354.893 perros en los hogares de Medellín, según la encuesta de Calidad de Vida.

Alfonso Álvarez, director ejecutivo de Asurbe, explicó que hay normas externas e internas que tienen impacto en este asunto. En las primeras está el Código de Policía, que contempla en su capítulo III la convivencia de las personas con los animales.

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Allí se sanciona dejar caminar a los animales sin las debidas medidas de seguridad, omitir la recogida de los excrementos, los paseos de razas potencialmente peligrosas (son 13 y están definidas también en la ley) sin bozal o traílla, el tolerar o inducir un ataque a otra persona e incluso el permitir que las mascotas esparzan bolsas de basura en el espacio público y zonas comunes.

Pero, como dice Álvarez, las leyes son en doble vía, también existe la 1764 de 2016, que define los animales como seres sintientes y sanciona el maltrato. En ella se establecen 5 libertades que permiten identificar cuando hay una vulneración a sus derechos: si sienten hambre o sed, si sufren injustificadamente malestar físico o dolor, si les provocan enfermedades por negligencia o descuido, si son sometidos a condiciones de miedo o estrés o si no pueden manifestar su comportamiento natural.

Asimismo, cada propiedad horizontal puede establecer en su reglamento interno y manual de convivencia sus propios preceptos. “Existen herramientas normativas más que suficientes, pero este se convirtió en un conflicto típico y crónico que muchas veces magnificamos y que parte tanto del dueño de la mascota como de las personas que no las aceptan”, comentó Álvarez.

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El director de Asurbe sugirió que las administraciones de las copropiedades podrían empezar por tener una base de datos de las mascotas del conjunto, en la que se estipule su raza y las vacunas, para minimizar los riesgos. También destacó que ante el creciente volumen de mascotas, percibe un aumento en la cultura sobre su tenencia, por eso recomendó detectar específicamente dónde está la problemática, para, de manera más personalizada, buscar un cambio en las personas que no están siendo responsables.

El comportamiento de los perros en urbanizaciones depende de las rutinas que van generando cuando los dueños los sacan una o varias veces al día. Lo más importante, según el magíster en Etología, Andrés Mauricio Valencia, “es que siempre lo hagan de manera adecuada para no afectar la convivencia”, y esto implica llevarlos con la traílla hasta la zona de mascotas, esperar a que haga sus necesidades y ahí soltarlo para jugar con él.

Para los que requieren bozal, el zootecnista también recomendó un proceso de “positivización”, con el fin de que el perro no sienta que es un castigo y no trate de quitárselo. Esto puede lograrse, por ejemplo, poniendo algo de comida en el protector.

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Sobre los ladridos, explicó, hay vocalizaciones excesivas que pueden deberse a trastornos de hiperapego o ansiedad por separación, en estos casos “se debe hacer una sensibilización, como un simulacro de tocar el timbre y que no llegue nadie, y cada vez que no ladre, darle un premio”. O, esperar a que estén completamente calmados para saludarlos al llegar a la casa.

Para Valencia, la convivencia con mascotas en estos ambientes es posible, pero debe haber respeto y tolerancia e incentivarla con sesiones educativas, tanto “para el que tiene perros y no los sabe manejar como para el que no los soporta”.

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Por Jessica Serna Sierra
jessicas@gente.com.co