Los amores de la flaca

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Los amores de la flaca

Cada cierto tiempo aparecen en las ciudades, sitios de esos que se vuelven encontraderos obligatorios de gente querida; como se dice hoy, parchaderos de moda. Me acuerdo por allá en los 80s, antes de que me fuera a vivir afuera, de Anclar, Cama Suelta, Piccolo, Julio´s, Cucudrulos, Piccolo, el Café Café, La Taberna Inglesa, Sol y Sombra, Rumos, Casa Verde y otros que hicieron historia, cuando lograr un beso era una proeza y primero nos teníamos que declarar, bailábamos Las Caleñas, no había computadores, celulares, ni tablets, pero pasábamos demasiado rico.

El mundo ha cambiado, lo que sigue igual, es el éxito de unos pocos restaurantes que son bares o bares que son restaurantes, que combinan estos dos conceptos con maestría, ambiente rico, buena música, comida deliciosa, servicio extraordinario y casi siempre, como en este caso, un excelente anfitrión, por lo que no es raro, que a los pocos días de abrir se pongan de moda entre la gente linda. Por eso mi flaca no ve la hora de que llegue el finde, para encontrarse ahí con todas sus amigas, legítimas gallinas en edad de merecer, mientras los hombres aprovechamos para verlas radiantes hablando mal de sus maridos y exmaridos, los zapatos nuevos y próximos viajes, temas infaltables que las apasionan.

Son y Melona en el Mall Indiana abrió con buena estrella de la mano de Alex Román. Un negocio muy bien montado, por lo que no es raro que se mantenga lleno y que con frecuencia usted se encuentre gente como Carlos Vives o J. Balvin. Entre otras cosas, no he podido superar la rabia y los celos que me dieron el día en que mi flaca se encontró de frente con el samario de la bicicleta ya que yo no le vi nada bueno distinto a la belleza de Claudia Helena, su mujer; me pareció más bien gordito y desabrido; francamente no sé qué le vieron todas las que, como la flaca, se tomaron fotos con él; tan vacías.

Y volviendo a lo que verdaderamente nos importa, me encanta el sistema que montó Alex con pantallas, ya que la música no solo se oye, se ve, por lo que tarde que temprano se va calentando el “parche” y la rumba se arma espontáneamente cada noche. Como si fuera poco, el equipo de trabajo con el otro Alex, el mello, el seco, el chef extraordinario y otros igualmente queridos a los que no les sé el nombre, se encargarán de que usted pase una noche memorable. Pero más sorprendente aun, es que además de todo, la comida sea rica, ya que al parecer allí, de eso tan bueno si dan tanto y la rumba se complementa perfecta con los sabores.

La carta muy bien diseñada desde el punto de vista gastronómico arranca con platos perfectos para picar y compartir entre los que no nos pueden faltar el queso frito, la tortilla española, el carpaccio de chorizo, las paticas de chicharrón y los chorifarros de chorizos con arepitas de mote. En cuanto a los fuertes se puede ir muy a la fija con sus magníficos asados, las costillas baby en barbecue, el salmón, y los langostinos a la meuniere, aunque probablemente sus platos más exitosos son los “pulpos de la casa” con una sección aparte en la carta; a la gallega y al ajillo son mis preferidos. Vale la pena dejarle espacio a los postres: torta de almojábanas, creme brûlée, turrón de almendra y helado frito. Detesto mi dietista.

Y si la comida es rica, no me cabe la menor duda de que tienen una de las cartas de vinos, cocteles, cervezas y bebidas mejor estructuradas y más completas de la zona, como el complemento perfecto que debe tener todo bar que se respete.

PD: querida flaca, entiendo tus ganas de ir a Son y Melona, pero la fotico con Vives se te ve horrible y de muy mal gusto como protector de pantalla de tu tablet, celular y computador. Las mujeres son difíciles de entender, teniendo el pan francés en la casa se ilusionan con la mogolla… yo cocino mucho mejor que ese tipo.