Llevan a los hospitales la magia de la Navidad

Llevan a los hospitales la magia de la Navidad

Llevan a los hospitales la magia de la Navidad

Aunque no tienen una fundación, un grupo de vecinos visita a los enfermos para llevarles regalos y un popurrí de villancicos.

Las cuerdas de los violines regalaban villancicos, mientras que un chico de 14 años, que según los médicos no pasaba de esa semana, sonreía. De repente a su habitación entró con tapabocas el personaje de barba blanca, traje rojo y carcajada particular. “Jo, jo, jo, jo. Feliz Navidad”. Como pudo lo miró fijamente, sacó fuerzas y le dijo: “Ya me puedo morir tranquilo, ya cumplí el sueño de conocer a Papá Noel”.

Cuando don Guillermo recuerda lo vivido en los hospitales rompe en llanto. Intenta hablar pero la voz se le quiebra y entonces Juliana, su hija, interrumpe los sollozos: “Desde muy chiquita mi papá me llevaba debajo de los puentes para conversar con los habitantes de calle y darles comida. Siempre hemos tenido ese corazón de ayudar a los demás“.

Lo mucho o lo poco que tienen, lo comparten con los menos favorecidos, pero no se trata solo de dar cosas materiales, por eso a ella, que es administradora de empresas y siempre ha trabajado en el sector de la salud, se le ocurrió llevarle a los enfermos y a sus cuidadores la magia de la Navidad.

Le propuso a su papá que se pusiera el traje con el que él, de pequeña, le alegraba la Nochebuena, mientras que ella hacía las veces de ayudante de Santa y entregaba los regalos. Él no dudó en dar el sí por una razón muy sencilla, “transmitirle el bien a la gente, a esas personas que llevan más de 2 meses postradas en una cama sin ni siquiera querer hablar”.

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Desde 2016 lo hacen y a esa labor se sumó Daniel Elejalde, un primo de Juliana de 11 años de edad que toca el violín y está convencido de que “todo el mundo debería sacar tiempo de su vida para ayudar a los otros, nadie se imagina lo bonito que es ver como a niños muy malitos una sonrisa les cambia todo”.

A veces, antes de entrar a las habitaciones, las enfermeras les preguntan a los pacientes si quieren recibir a Papá Noel. La mayoría dice que sí y a los que dan un no como respuesta Juliana los convence.

“Las emociones que esto genera en la gente son increíbles, tanto, que nos dejan entrar a las unidades de cuidados intensivos. La única condición que nos ponen es no llorar. Ahí no importan las bacterias, sino las sonrisas. Los monitores de las personas (de todas las edades) suben, bajan, los que hace meses no hablan o no comen se animan, los que no se mueven siguen el ritmo de la música con los dedos y otros cantan”.

Los regalos que entregan son donaciones y su valor por unidad no sobrepasa los $ 2500. Entre hospitales, clínicas y fundaciones benefician a más 1000 personas. Este año la vista de Papá Noel, los 2 violinistas, la cantante y las ayudantes de Santa se hará el 24 de diciembre, mientras que los fines de semana, por primera vez, irán a ancianatos.

El parecido a Papá Noel de don Guillermo, es innegable. La barba, los cachetes y la contextura no hacen parte del disfraz. Además, todo lo que este vecino hace, lo hace con mucho amor y con la convicción de que su nieta Antonella, le siga los pasos. Por eso lo único que va a pedir esta Navidad es que este año, como el anterior, le sobren donaciones, para en la noche repartirlos en algún barrio de estrato bajo y demostrarle a esos niños que Santa Claus sí existe.

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Por Dafna Vásquez
dafnav@gente.com.co