Lengua del Infierno, el concurso más picante de Medellín

Lengua del Infierno, el concurso más picante de Medellín

Lengua del Infierno, el concurso más picante de Medellín

Alejandro Zapata se coronó como bicampeón de la Lengua del Infierno, el concurso más picante de Medellín.

Caras rojas, ojos lagrimosos y muchos estómagos revueltos se vieron en la Lengua del Infierno, el concurso en el que los fanáticos de la comida picante miden su aguante. El concurso organizado por el restaurante La Jalapeña, en el marco del Festival de Picantes Medellín, llegó a su novena edición.

Lina Ramírez Betancur, que se presenta como la Jalapeña y administradora del restaurante del mismo nombre, cuenta que hace años empezaron y crearon una competencia de alto nivel. Con el paso de las ediciones, el número de asistentes creció tanto, que era difícil continuar dentro de sus instalaciones. Por esto optaron por llevarlo a un espacio más amplio donde el público pudiera ver el concurso de manera gratuita.

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Esto va a picar
Si usted cree que por echarles ají a las empanadas le gusta el pique, de pronto no conoce lo verdaderamente picante. Según Betancur, el ají pajarito —uno de los más picantes de la gastronomía local y usado para acompañar las comidas— no alcanza a registrar en la escala creada en 1912 por Wilbur Scoville para determinar el nivel de picante o pungencia de los ajíes y chiles.

Esta oscila entre 0 y 16 millones de unidades (SHU, del inglés Scoville Heat Units) dependiendo de la concentración de capsaicina, el compuesto que les da su característico picor a los ajíes y también está presente en el orégano, la canela y el cilantro.

La capsaicina pura llega a los 16 millones de SHU, mientras que los pimentones marcan 0, ya que no la contienen. Un jalapeño va de los 5000 a 50.000 SHU, mientras que el habanero puede ir de las 100.000 al millón de SHU. El trinidad escorpión llega a los 2 millones SHU, una concentración similar a la del gas pimienta.

Tales niveles pueden llevar a que cualquier persona se descompense. Es por esto que el concurso dispuso de un paramédico para que estuviera atento a los participantes y, dado el caso, descalificar a quien se estuviera descompensando. Según Jairo Bohórquez, tecnólogo en atención prehospitalaria, fuera de la reacción en los ojos, nariz, lengua y garganta que todos conocemos, el riesgo de una exposición tan elevada al picante puede llevar al surgimiento de parestesias, así como vómito y pérdida del conocimiento.

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Así se compite
Jaed Alejandro Zapata Palacio, ganador de la edición del 2017, fue a defender su título de campeón de la Lengua del Infierno. Este joven, a quien el público llamó Supermán por la camiseta con la que fue al evento, contó que su preparación no cambió en absoluto frente a su dieta tradicional, ya que come a diario picante.

Él se midió con 14 hombres y mujeres que, tras firmar un contrato con los organizadores, tuvieron que exponerse a varios picantes. Primero, y a modo de calentamiento, los concursantes se comieron un jalapeño relleno con polvo de naga jolokia y cayena. Luego debieron comerse un chimbo de perro o pinga de perro, un ají de origen venezolano que en su madurez toma la forma que le da nombre.

En la etapa siguiente, los concursantes tuvieron que comerse 2 tacos con habanero y jalapeño, con un nivel cercano al millón de SHU. El plato fuerte de la velada fue la sopa del infierno, adobada con naga jolokia y Carolina reaper. Este plato de 2 a 3 millones de SHU partió al grupo, eliminando a 7 participantes.

Luego de un vaso de cerveza —uno que hace más receptivas las papilas—, los concursantes debieron comerse un chile rocoto adobado con trinidad escorpión, naga jolokia, Carolina reaper y un aderezo conocido como sangre de diablo. Un bocado cercano a los 5 millones de SHU que sacó de la puja a 3 concursantes.

En el último plato Supermán se encontró con Batman o, mejor, con Víctor Pineda. En un duelo de velocidad, Alejandro se comió 8 habaneros mientras que Pineda hizo lo propio con 5.

Víctor, que se presentaba por primera vez en el concurso, reveló que si bien se considera bueno para el ají y los picantes, sintió que su momento más difícil fue luego de tomar cerveza, al final de la segunda ronda. “Me dolía mucho el estómago, pero quería aguantar; la boca la tengo como si nada, a mí me preocupa es la bajada y la salida también”, dijo entre risas el subcampeón.

Por su parte, Alejandro manifestó su sorpresa por el nivel de este año, ya que la sopa con la que concluyó en el 2017 fue una de las primeras etapas del de este año. “Es la primera vez que siento ganas de vomitar comiendo picantes, primero con los rocotos y luego con los últimos ajíes; pensé que mi cuerpo iba a ceder”, aseguró notablemente satisfecho por haberse impuesto una vez más y quedar con la Lengua del Infierno.


Por Álex Esteban Martínez Henao.
alexm@gente.com.co