Las quebradas subterráneas que pasan por Laureles

Las quebradas subterráneas que pasan por Laureles

Las quebradas subterráneas que pasan por Laureles

A 3 metros de la superficie de algunas calles y casas de la comuna 11 (Laureles Estadio) de Medellín pasan 2 quebradas que en décadas pasadas las autoridades decidieron cubrir. Conozca su historia.

Pasa el cursor por los puntos para ver cómo es la quebrada.

Pocos son los que al pasar por la avenida Nutibara, la Bolivariana o la circular primera saben que bajo sus pies corre La Matea, quebrada que desde la mitad del siglo XX empezó a ser cubierta y que recorre todo nuestro barrio.

José María Bravo, ingeniero que lleva más de 60 años viviendo en Laureles, cuenta que conoció La Matea y “cuando estaba abierta no era tan importante como la Iguaná, que cada rato se llevaba las cosas, era una quebrada común y corriente que cuando se crecía a veces inundaba las zonas vecinas, pero no recuerdo muy bien cuál fue la estructura que se utilizó en su cubrimiento”.

Ximena Covaleda, excoordinadora del Centro de Estudios Urbanos y Ambientales de Eafit, afirma que en los planos históricos de Medellín de 1932 aún aparece La Matea en el mapa. La arquitecta explica que en esa década se inicia el trazado del barrio Laureles y comienza a poblarse esta zona de la ciudad. “En un plano de 1937 aparece proyectado el campus de la UPB y La Matea ya no está, la quebrada desaparece cuando se hace la urbanización de la universidad“.

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Cubrimiento que se corrobora en fotografías de la década de los cuarenta, en las que efectivamente el afluente “desaparece”. La Matea, según Covaleda, “no se cubre para hacer una vía (como sucedió con La Santa Elena, que pasa por debajo de la avenida La Playa), sino porque se necesitaba el terreno. En sus alrededores se construye Laureles“.

El proceso de cubrimiento de la quebrada se hizo por etapas, comenzando por su desembocadura en La Picacha. En un aviso de prensa, publicado por el Departamento de Valorización en 1956, esta entidad informa que la intervención conformó un paquete de 21 obras que transformaron a Medellín de “pueblo grande a ciudad moderna”. Para ese entonces la quebrada estaba debajo de las calles hasta la carrera 81, aunque el Plan Regulador (hoja de ruta de planeación de la ciudad) aconsejó, al año siguiente, extender la cobertura 1,5 kilómetros al occidente.

¿Por dónde pasa?
La Matea nace en la vereda San Pablo, en el corregimiento de Altavista, como “un cauce angosto y superficial, con lecho de poca pedregosidad y aguas cristalinas donde se observa vida acuática”, según una evaluación realizada por Planeación a los retiros de las quebradas del municipio.

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Aguas abajo, el afluente llega a la zona urbana en el conjunto Laureles Campestre, donde se concentra en un lago artificial. Luego es cubierto, recibe el rebose de un tanque de EPM, y “a partir de la carrera 88 con calle 34 sus aguas se contaminan, conformando así un colector de todas las aguas servidas de los barrios asentados en sus márgenes”, según un estudio de cuencas hidrográficas de la Alcaldía.

La quebrada continúa por las calles de nuestro barrio (ver infografía), recorriendo en total 4,7 kilómetros. Óscar Cárdenas, ingeniero geólogo de la Secretaría de Medio Ambiente, cuenta que “La Matea tiene un aliviadero, que es otro ramal que se construye cuando se considera que el caudal se puede crecer mucho y la estructura, aguas abajo, es insuficiente, por eso tiene 2 desembocaduras en La Picacha”.

Para el funcionario, este tipo de intervenciones tiene múltiples impactos, uno de ellos es la dificultad del mantenimiento, que de por sí es complicado por la densidad de nacimientos de agua que tiene la ciudad. La Secretaría de Medio Ambiente cuenta con una cuadrilla de 10 trabajadores para mantener limpias las 4217 quebradas de Medellín.

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“Cuando una quebrada está cubierta, en muchos casos ni siquiera cabe un trabajador y menos maquinaria. Además, no es posible ver los problemas que puede presentar la estructura, por ejemplo, que se llene de sedimentos que obstruyan su cauce, lo que ocasiona desbordamientos. La idea es nunca taparlas”, comenta Cárdenas.

De hecho, los únicos referentes que algunos vecinos tienen de la quebrada son cuando la cobertura era insuficiente en época invernal y las casas de la circular primera se inundaban. Esta situación se solucionó a finales de los ochenta, cuando se cambió la antigua cobertura, una bóveda de adobe pegada con sangre de toro, por un box culvert de mayor capacidad.

El biólogo José Rincón explica que “en una quebrada cubierta no hay aves ni peces ni cangrejos ni insectos, mejor dicho, ya no hay vida, si mucho habrá microbios o bacterias anaeróbicas y eso porque al afluente le caen aguas lluvias y de las casas”.

La investigadora Covaleda tampoco considera esta intervención con una buena opción porque, además de la fauna y flora afectada, “estos afluentes sirven como punto de encuentro, son un espacio natural barrial importante”.

Rincón concluye que “no tiene sentido sepultar afluentes para después desenterrarlos, porque ¿qué es una ciudad sin agua? Nada“.

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*Esta nota fue publicada en la edición impresa del 23/09/16 de Gente Laureles.
Fotos: cortesía Secretaría de Medio Ambiente de Medellín y Jaime Pérez
Por Santiago Castro Villada
santiagocv@gente.com.co