La primera familia que se fue debido a Bernavento

La primera familia que se fue debido a Bernavento

La primera familia que se fue debido a Bernavento

La casa de Lilian Bridge y Álvaro Gómez, una de las primeras en la Loma de Los Bernal, podría ser demolida para el derribamiento del edificio Bernavento.

Esta es la casa de la familia Gómez Bridge.

El viernes 4 de mayo, en una reunión a puerta cerrada en la urbanización Lomas del Viento, Jaime Enrique Gómez, subdirector del Dagrd, anunció que el 23 de junio es la fecha para el derribamiento del edificio Bernavento, evacuado desde el 2016 por fallas estructurales.

Asimismo, dio a conocer el cronograma y anunció que se está adelantando un avalúo de la casa del señor Álvaro Gómez Bernal, contigua al edificio Bernavento, porque también tendrían que demolerla para ganar espacio y ejecutar el derribamiento.

Álvaro y su esposa, Lilian Bridge, no fueron evacuados la noche del 12 de abril, como los residentes de Hábitat y Bernalejas, ellos se fueron desde hace 2 años, cuando salieron a la luz las primeras noticias sobre las fallas en Bernavento.

Contexto de la noticia: ¿Y entonces quién pagará el derribamiento de Bernavento?

En diálogo con Gente, Bridge contó que se enteró de la situación porque un día su empleada le contó que la casa había salido en televisión, pues “el edificio del lado estaba rajado”. Se asustó, salió a mirar Bernavento y dijo: “Yo no soy capaz de vivir aquí”. Recogió algunas cosas y se fue para un apartamento que tiene en El Poblado, adonde su esposo, que es más apegado a la casa, llegó días más tarde.

En esa casa de 300 metros, 3 habitaciones, garaje para 2 carros y jardín inmenso en la Loma de Los Bernal, Álvaro y Lilian dejaron los recuerdos de 40 años. Allá vieron crecer a sus 2 hijos y también su barrio, ese que ellos también fundaron.

Para esa época el sector ni siquiera se llamaba así, la familia le decía —y todavía algunos lo hacen— Morro Plancho o Altavista. Llegaron a vivir primero en la casa de sus suegros, Gustavo Gómez y Margot Bernal, mientras podían construir su casa.

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Luego pudieron establecerse, al igual que otros hermanos y primos que a la vez iban adecuando las vías para llegar hasta sus viviendas. Dice Lilian que el crecimiento del barrio empezó despacio, y de un momento a otro la familia comenzó a vender hasta que se vio rodeada de torres de apartamentos.

La pareja llegó a recibir ofertas por su vivienda, pero Álvaro decía que “los constructores no compran la casa, sino el lote”, y como ellos todavía la disfrutaban, por eso no salieron de ella hasta abril de 2016, días antes de la evacuación de los propietarios de Bernavento. Por esos días, relata Lilian, el colegio Nuestra Señora cerró sus puertas, pues debido al riesgo “se fue quedando sin gente”. Los Gómez Bridge trataron de vender su lote junto al de esa institución, pero el negocio no se dio.

Siguieron visitando su casa todos los días, para darle vuelta y ponerle comida a su perro Coco, al que decidieron dejar disfrutando de las delicias del jardín, porque ya estaba muy anciano y un poco ciego. Allí vivió “muy consentido” hasta finales del año pasado.

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En el balcón de su apartamento en El Poblado, Lilian ha ido sembrando algunas hortalizas, pero no niega que extraña los árboles de mango, plátano, limón y corozo que tenía en su casa. En un rincón, cerca del comedor, tiene la máquina de coser en la que trabajaba en su casona de Belén con las puertas abiertas.

Allá regresaron para sacar sus otras pertenencias después de la evacuación de las familias de Hábitat y Bernavento, cuando el Dagrd les informó que tenían 8 días para desalojar. Lilian confiesa que por el susto dejaba su bolso en la puerta, por si en algún momento debía salir corriendo. Alcanzó a llevar varias de sus cosas a una bodega, pero llegó un momento en que no fue capaz de más.

Sobre el reciente anuncio del Dagrd, ella comenta que todavía no se ha cerrado el trato de la compra del predio, pero ya ella y su esposo están un poco resignados. “Es como cuando pasa un accidente, uno no está preparado. Muy triste y todo, pero cuando le toca a uno, le toca”.

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Por Redacción Gente
gente@gente.com.co