La mujer que tejió el rostro del papa Francisco

La mujer que tejió el rostro del papa Francisco

El anuncio de la visita del papa Francisco llevó a que Martha Lía Hernández Gaviria, una vecina de San Lucas, tomara con ansias la aguja y el hilo y empezara a tejer.

Esa habilidad que le enseñaron las carmelitas en su infancia es la que le permite contar hoy con un retrato tejido del rostro de su santidad, y ella está dispuesta a entregarle durante su estancia en Medellín.

La pasión tras la tragedia
Martha vive con su hermana Nelly en un edificio de San Lucas. Allí recuerda, tejiendo con sonrisas sus palabras, que se volcó al tejido de medio punto o tapicería luego de que un médico le operara un aneurisma en el cerebro.

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Una vez empezó su proceso de recuperación, decidió tejerle un cuadro (Las espigadoras, de Jean-François Millet) como obsequio al médico que le hizo la cirugía. Y nunca se lo regaló.

Luego de ese reto se vino una La última cena, el mural que entre 1495 y 1497 pintó Leonardo da Vinci en Santa Maria delle Grazie. Con la misma sonrisa con la que cuenta todas sus anécdotas acepta que esa obra colgada en una de las paredes de su habitación no la complace. Y es que, comparadas con sus trabajos más recientes, estas réplicas parecen unas imágenes levemente pixeladas.

Pero las caras siempre han sido su fascinación. Fue en una exposición en el Museo El Castillo en la que se encontró con una joven —quien desde entonces se convirtió en su proveedora— y le pidió que le convirtiera una foto en una guía para tejer.

Una de sus sobrinas fue la prueba para que Martha se tomara confianza con los retratos. “Después lo fui perfeccionando y le llevé a esta muchacha fotos, fotos y fotos hasta que llegué adonde estoy hoy”, dice.

Nelly, su hermana, explica que esta proveedora la convierte una imagen convencional en una parrilla, un mapa con coordenadas en las que cada punto de color es un código al que le corresponde un color específico que Martha interpreta con sus manos para convertir en un rostro lo que no es más que un jeroglífico de color.

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Las caras de la fama y la fe
Su apartamento es su galería. A la entrada se encuentra el retrato de la mamá de Martha y Nelly, quien falleció hace 5 años. Más adelante, en la sala, un retrato de su nieta; en el estudio, el rostro de una silletera que fue publicado hace más de 5 años en un periódico de circulación nacional.

Por sus manos han pasado el expresidente Álvaro Uribe, a quien tuvo la oportunidad de regalarle su retrato. También, el presidente Juan Manuel Santos y el desaparecido padre Gustavo Vélez Vásquez, más conocido como Calixto.

Entre los homenajeados por las puntadas de Martha también se cuentan los reyes de España cuando eran los príncipes de Asturias, a quienes tuvo el honor de hacerles llegar una de sus obras. Con orgullo exhibe en el corazón de su galería personal la carta del 30 de junio de 2009 que reza: “Sus altezas reales los príncipes de Asturias me encargan de acusar recibo y transmitirle su agradecimiento por el cuadro a mano por usted, que tan amablemente les entregó en Medellín, con motivo de su reciente viaje a Colombia”.

La santidad en las manos
Las mañanas de Martha comienzan a las 5:30 a. m. con una caminata desde su casa hasta El Tesoro y se regresa. Luego, prepara unas arepas, tal y como le enseñó su mamá, para el desayuno y el almuerzo. Luego de almorzar se sienta a convertir su acertijo en blanco y negro en una imagen multicolor.

Con esa rutina religiosa ha creado el rostro del papa Juan Pablo II, una de las pocas obras que ha podido vender. Después tejió y donó al obispo de la Diócesis de Santa Rosa de Osos un retrato del papa emérito Benedicto XVI.

Aunque se define como “católica, apostólica y paisa”, no es precisamente la más religiosa, pero deja claro que asiste con juicio a misa cada 8 días en la parroquia San Juan Apóstol.

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Un regalo que no podrá entregar
A pesar del trabajo y la inversión que le implicó a Martha la confección del rostro del santo padre, no podrá dárselo durante su próxima visita.

Su rostro alegre se opaca cuando cuenta que ha tenido que luchar contra la burocracia de este y el otro mundo para poderle entregar al papa Francisco su retrato.

En la Alcaldía de Medellín la funcionaria que muy amablemente atendió su llamado nunca le devolvió la llamada. Tras insistir unas cuantas veces, le dieron el número de otro funcionario que tampoco manifestó interés por recibírsela.

En la Iglesia, donde también tocó las puertas para entregar un regalo, le dijeron con todo el escepticismo que mejor se remitiera a Bogotá.

Martha, quien pasó tardes enteras con la esperanza de poder regalarle al papa una recreación única de su rostro, se resignó a que no podrá entregarlo. El día de la misa campal (ver análisis y destacados) estará en su hogar viendo por televisión a su santidad, quizá con el mismo gesto tranquilo y acogedor con el que ella lo pintó con sus hilos.
Por Álex Esteban Martínez
alexm@gente.com.co