La Fanfarria llega a los 45 años

La Fanfarria llega a los 45 años.

La Fanfarria llega a los 45 años

1972. En ese año, en el garaje de la casa de Jorge Luis Pérez, en Laureles, inició todo este sueño llamado La Fanfarria. Con solo 21 años Jorge Luis abandonó su carrera de Economía y se dedicó, con un grupo de amigos que años después se irían del país para realizar otros proyectos, a materializar un amor que inició con un taller de títeres.

Y quien diga que el amor a primera vista no existe díganselo a este hombre, porque fue en esa clase de títeres donde inició la historia de amor entre él y La Fanfarria, a quien define como su vida. Hoy ese joven tiene 66 años y es el director de uno de los teatros más antiguos de la ciudad. “Nos juntamos varios amigos del barrio que nos gustaba el arte y la literatura, pero que estudiábamos carreras que no tenían nada que ver con esta idea. Yo estudiaba Economía en la Universidad de Medellín y los títeres me robaron“, expresa Jorge Luis Pérez.

En los primeros 15 años estuvieron entre el garaje de su casa y un espacio que acondicionaron después en Villa Hermosa. Estos últimos 30 en el lugar que los vio consolidarse, la referencia del teatro y, fundamentalmente, de los títeres en esta ciudad, la casa de color amarillo de la carrera 84 N.° 42C -54.

La magia de los títeres
Pero como la mayoría de los inicios, acá nada fue fácil, al menos así lo narra su director. Cabe resaltar que en ningún momento hay una mirada de tristeza, al contrario, cada palabra sobre este sitio sale llena de amor y pasión. “Sobrevivimos la primera década gracias a la familia, por ahí hasta los 80 no recibíamos nada, porque la mayoría de presentaciones eran gratuitas y ya casi con 8 años así nos dijimos que teníamos que vivir del arte y aunque se vendían algunas funciones, seguían siendo escasas las posibilidades de presentaciones. Esto fue puro amor al arte“.

Jorge Luis solo recuerda un teatro de todos los que tenemos en la escena local que sobreviva, El Pequeño Teatro, nacido en 1975. Es por ello que estos titiriteros fueron el primero en este oficio en ganarse un lugar en la ciudad. “En esa época no había nada de teatro local, lo que se presentaba era de otras partes y para adultos, por eso siempre nos llamó la atención la infancia, para darles un espacio propio que pudieran disfrutar”.

Allí surge la idea de que los títeres serían el acompañante perfecto para los pequeños, además esa misma inocencia y la capacidad de evocación que tenemos a esa edad fue la que les permitió ser más poéticos, más mágicos en las obras para que la fantasía y la imaginación pudieran tomarse el espectáculo.

La Fanfarria y sus 3 difíciles épocas
En Colombia solo desde hace unos 20 años se apoya el teatro y se realizan un serie de incentivos culturales que hacen que unos se fortalezcan y otros nuevos proyectos surjan; no obstante, no se puede olvidar que antes era, como dice el dicho: “sobreviva quien pueda”.
25 años estuvieron solos, la mitad de ese tiempo con presentaciones gratuitas ya que las personas no consideraban esta labor como algo a lo que había que retribuírsele. Teatros no existían o algún tipo de escenario parecidos para sus presentaciones, los colegios, universidades y sindicatos se convirtieron en su única manera de difusión y siendo esto ya difícil, tuvieron que afrontar 3 obstáculos que por poco no los dejarían celebrar este nuevo año.

“La primera de todo fue al inicio por la falta de financiación, nos tocó hacer todo el teatro a nosotros mismos, con nuestras propias manos hacer el entarimado, todo. No tuvimos dinero por casi 10 años”, comenta don Jorge Luis. La segunda fue esa época que seguramente nos seguirá acompañando por muchas generaciones más: el terror de la mafia y el narcotráfico, porque según recuerda el fundador de este espacio, la ciudad en la noche era desierta, no asistían los grupos, venía muy poca gente, pues nadie salía y todo era un ambiente de zozobra.

El tercero sí es de este nuevo siglo, cuando por hacer la ampliación de la calle donde están ubicados se generaron una serie de huecos que impidieron por más de dos meses que los niños o papás llegaran. Más de 60 días con vacío total.

Lo que ha dejado estos 45 años
El espanto de la vereda de El Chumbimbo y El reino de la sombras fueron las primeras obras que se presentaron aquí y aún siguen llenando las 136 butacas de esta sala. Cada año se presentan más de 40 grupos y las funciones van alrededor de 130 a 150, pero nunca, como expresan tanto su director y fundador, como sus dos manos derechas: Ana María Ochoa y Ernesto Aguilar, se debe disminuir el llamado al público, pues es una lucha constante.

“Esto es mi vida, todo ha sido acá, mi casa, mi apego, mi pasión, los amores, todo. El dinero no hace más digna la vida, sino el manejarse bien colectivamente, dar amor, ser responsable con lo que se hace, con la sociedad, con la ciudad, con el país y, más aún, la responsabilidad de hacer trabajos infantiles”, concluye Jorge Luis Pérez.

Por Yéssica Petro Escobar
yessicap@gente.com.co