La carismática vigilante de la Registraduría de Envigado

La carismática vigilante de la Registraduría de Envigado

La carismática vigilante de la Registraduría de Envigado

Quienes inscribieron recientemente su cédula en Envigado la pudieron conocer. Custodiando la Registraduría se robó el corazón de más de uno. ¡Una linda persona del centro de Envigado!

Si algo bueno dejó el reciente proceso de inscripción de cédulas en la Registraduría Especial del municipio, fue el hecho de haber conocido a Yolanda Marín Vélez, la dura del uniforme, la de la entrada de este lugar. Esa mujer que terminó robándole una sonrisa y el cariño a más de un envigadeño. No lo estoy asegurando tal cual, me lo dijo en la fila doña Rosaura Mejía, que pasó su documento de Medellín a nuestra ciudad. Aunque yo sí doy fe de su amabilidad y buena actitud.

De vigilar en Colpensiones pasó a la Registraduría de Itagüí y de allí, a la de Envigado. Pero antes de portar un arma se especializaba como operaria de confecciones y en las labores de su hogar —del que es cabeza—, al lado de sus 3 hijos de 17, 31 y 33 años. Tal vez sea de ahí que viene tanta entrega y amor. Amor no solo a su oficio, sino a sus compañeros, a la gente que visita a diario la Registraduría, a todo tipo de gente… ¡y que lo diga ella!

“Uno ve de casi todo. Aparte del que acabó de entrar (refiriéndose a un joven que la trató mal por no haberle colaborado de la manera exacta en que él se lo exigió), vino otra señora supergrosera que me dijo: ‘¿Se le olvida dónde es que está trabajando usted?’. Y yo me pregunto qué tiene Envigado que no tenga otro municipio u otro barrio, no veo la diferencia. Y así, varios… pero también hay personas muy queridas que agradecen todo, que me muestran cariño y que hasta me han traído cositas para comer, ¡qué pena!” (se ríe).

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Yolanda asegura que para su trabajo, aparte de aprobar los cursos requeridos de vigilancia, se necesita calidad humana, buenas relaciones y paciencia. Para llegar al turno de las 6 a. m. debe salir de su casa (en Aranjuez, Medellín) a las 4:30 a. m., y desde muy temprano hasta el final de la jornada (6 p. m.) pone su mejor cara: “Me encanta mi trabajo; a pesar del riesgo, no me asusto, porque lo hago con amor, le pongo todo. Lo que pueda aportar lo hago. Usted siempre me va a ver así, con ganas”.

Es como una hormiguita
Desde afuera, parado junto a doña Rosaura, también la veía Saúl Palacios. Su energía lo tenía aterrado, y es que Yolanda es de las personas que no paran un segundo: sube y baja escalas todo el tiempo, sale y ordena la fila y todo el mundo le pregunta algo: “Que la contraseña, la cédula, el duplicado. Todo se lo preguntan a ella, no la dejan respirar y ella es como una hormiguita trabajadora. Uno no entiende el nivel de tolerancia que tiene; así su trabajo lo exija, esta señora se pasa. Muchas personas le hablan al mismo tiempo, ¡por Dios!”.

Eso sí, en medio de su alegría, nos dio un jalón de orejas a todos. La congestión en la sede especial durante los últimos días fue elevada, aunque “todo muy controlado”, según Yolanda: “Como siempre, se dejó para última hora la diligencia; como buenos colombianos, todo para el final. Extendimos el horario hasta la noche y las filas, iguales, y esto sin contar con quienes las hacen donde no es, porque acá ha llegado gente de otras ciudades”. Menos mal que dieron con esta guía, si no, más de uno de los interesados en inscribir su cédula no lo hubiera logrado, y otros cuantos hubieran salido de este trámite sin una sonrisa dibujada.

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Por Luisa Fernanda Angel G.
luisaan@gente.com.co