En la U. de M. inventaron una máquina que hace ladrillos ecológicos

En la U. de M. inventaron una máquina que hace ladrillos ecológicos

En la U. de M. inventaron una máquina que hace ladrillos ecológicos

El invento desarrollado y patentado por investigadores de la Universidad de Medellín sirve para fabricar ladrillos ecológicos resistentes y más rápido.

Uno de los mayores retos a la hora de fabricar ladrillos ecológicos es lograr que los papeles o plásticos introducidos dentro de las botellas queden plenamente compactados. El proceso suele hacerse empujándolos al interior del recipiente, con ayuda de una vara que alcance la profundidad.

Esa forma de producción artesanal se ha mantenido, a pesar de que el uso de ecoladrillos para construcciones tan complejas como casas o incluso mobiliario urbano se ha popularizado en el mundo. Por esa razón, investigadores de la Universidad de Medellín crearon una máquina que hace más eficiente este proceso: reduce los tiempos de fabricación de los ladrillos y aumenta su resistencia.

La idea surgió hace 3 años, desde el pregrado de Ingeniería en Energía, en el que los docentes Mario Alberto Luna del Risco, Sebastián Villegas Moncada y Carlos Andrés Arredondo conocieron el trabajo de unos estudiantes de Ingeniería Ambiental vinculados con Redeco, el colectivo que difunde la fabricación de ecoladrillos, los recolecta y construye con ellos.

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Se les ocurrió diseñar un aparato que funciona de forma mecánica (que no necesita de una fuente de energía adicional a la humana) y que ingresa a la botella pet y abre 4 brazos que compactan hasta 50 papeles o bolsas plásticas.

Hubo muchos desafíos de ingeniería. Uno de ellos fue cómo hacer que un dispositivo entrara por la boca de una botella y que se abriera dentro de ella, teniendo en cuenta que el ancho puede ser muy variable”, cuenta el docente Carlos Arredondo y señala el ejemplo de las botellas de 600 mililitros frente a las de 3 litros, a esta última le caben más cantidad de papeles, pero tiene igual tamaño de boca que una botella de agua personal.

“Inicialmente hicimos simulaciones desde los software especializados, como el Solid Edge y llegamos a varios prototipos, pero volvíamos a encontrarnos con esa principal dificultad”, añade el investigador. Finalmente llegaron a este desarrollo modular que utiliza cabezas intercambiables por tipo de botella y se acciona manualmente por medio de una palanca.

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En la fase de modelación participó el estudiante de Ingeniería de Telecomunicaciones Santiago Saldarriaga, a quien los investigadores describen como un alumno con habilidades excepcionales para el manejo de software y en la concepción del problema estuvo José Daniel Uribe, quien forma parte de Redeco y ya es egresado de Ingeniería Ambiental. Los primeros prototipos se construyeron con la impresora 3D del Centro de Soluciones Tecnológicas de la universidad y luego mandaron a hacer las piezas en acero inoxidable y polímeros.

“En este momento el aparato es un prototipo funcional que mide aproximadamente 80 centímetros desde la parte superior de la palanca hasta la base de compactación; si queremos ponerlo en un estado más industrializado, tendría otras dimensiones y características”, precisa el profesor Mario Alberto Luna.

Actualmente el grupo está estudiando qué tanto se acortan los tiempos de fabricación del ecoladrillo con el uso de esta máquina, pero hasta ahora han notado que se reducen notoriamente y además quedan más uniformes, lo que les garantiza mayor rigidez y a la vez más resistencia.

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El invento, único en el mundo, recibió patente por parte de la Superintendencia de Industria y Comercio y tuvo una inversión de 22 millones de pesos. Los investigadores auguran un impacto significativo, más que nada en la construcción de vivienda prioritaria.

El docente Mario Alberto Luna dice que al elaborar esta máquina y ponerla a disposición de la ciudadanía, sobre todo de las organizaciones no gubernamentales que favorecen este tipo de construcción, está dando herramientas para que se repotencialice el uso de los ecoladrillos, es decir, “para que se hagan investigaciones más profundas desde la arquitectura, diseños más robustos, que sean también más bonitos y estructuralmente bien concebidos“.

El potencial de esta patente —la tercera que se le otorga a la Universidad de Medellín este año— está representado también en la cantidad de residuos sólidos que se producen en el Valle de Aburrá, que para el 2015, según cifras del Plan de Gestión Integral de Residuos Sólidos (Pgirs) del Área Metropolitana, alcanzó las 3055 toneladas por día, de las cuales solo se reutiliza el 12 % del material reciclable, de un 29 % que tiene potencial de aprovechamiento.

Por Jessica Serna Sierra
jessicas@gente.com.co