Vecinos crearon una huerta al lado de Las Vegas

Vecinos crearon una huerta al lado de Las Vegas

Vecinos crearon una huerta al lado de Las Vegas

Desde hace 2 años vecinos de la avenida Las Vegas en Envigado cultivan en una zona verde aledaña a la quebrada. Usted puede unirse y cosechar con ellos.

El árbol de papaya se quedó sin espacio en su balcón, por eso Laura Rubio y Esteban Alzate decidieron trasplantarlo en una zona verde cercana a su casa, en la calle 18 sur con avenida Las Vegas. Al ver que sobrevivía llevaron un aguacate y más tarde se motivaron a conformar la huerta comunitaria que hoy recibe el nombre de Nodo Zúñiga, donde cosechan desde limoncillo hasta fríjoles, ahuyama y plátano.

La idea surgió en agosto de 2016 con el propósito de acercar a las personas a los alimentos y las plantas, para que conozcan de dónde vienen y así puedan valorar el proceso de cultivo. Porque, como dice Laura, “es difícil lograr comerse algo que uno ha plantado”, tiene que haber compromiso para poder ver los frutos.

En 2 años varias personas se han unido a la iniciativa de estos esposos biólogos, las más constantes han sido Claudia Vallejo y Alejandra Flórez, que por amor al medio ambiente y al barrio se encuentran cada domingo (a las 8:30 a. m. o a las 4:00 p. m., dependiendo del clima) para arreglar las plantas, echarles agua cuando lo necesitan o sembrar otras especies.

“Era muy importante para nosotros tener un lugar donde pudiéramos tratar de acercar a la comunidad, porque a veces no nos conocemos como vecinos, y que pudiéramos trabajar juntos para mantener un espacio”, apunta Laura Rubio y aunque confiesa que esa no ha sido tarea sencilla, dice que es un objetivo vigente y a partir de esta idea relativamente simple se han motivado, por ejemplo, para asistir a reuniones sobre asuntos que atañen al barrio.

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De otro lado, desde que aumentó la variedad de plantas en esta zona aledaña a la quebrada Zúñiga han comenzado a ver lagartijas, arañas, libélulas, mariposas —sembraron una Asclepia, hospedera de la monarca— y aves.

Cuenta Esteban Alzate que inclusive hay un halcón que se pasea por el sector para comerse los grillos. Ese es otro de los objetivos del proyecto, mostrarles a los vecinos la relación entre las plantas y la fauna.

Las especies que conforman la Huerta Comunitaria Nodo Zúñiga llegaron por diferentes caminos. Algunas plántulas las compraron y otras han sido donaciones de amigos, lo que sí han procurado los precursores del proyecto es que los árboles que se siembren allí sean nativos e intercalar plantas que se beneficien unas a otras.

Por ejemplo, hay un prontoalivio que a simple vista puede verse como maleza, pero su altura ha ayudado a que otras especies más débiles con las que comparte cama, como la yerbabuena y el cidrón, no reciban directamente los rayos del sol en época de sequía.

En pacas producen su abono
Hace 1 año y medio estos vecinos implementaron la idea de la paca digestora asesorados por Guillermo Silva, promotor de la técnica en la ciudad. En una caja de madera que mide 1 metro de ancho por 1 de alto, sin base ni techo, forman una especie de cama con hojarasca y residuos de poda, allí depositan los desechos orgánicos (de cocina y el popó de las mascotas) y lo cubren nuevamente con material vegetal.

El secreto para que funcione correctamente es que luego ejercen presión para compactar el cubo (lo pisan con los pies o con ayuda de un palo) y así liberan el oxígeno al interior. De acuerdo con Laura, esto ayuda a que los organismos vayan consumiendo esa materia orgánica y produciendo alcoholes y vinagres que al mismo tiempo evitan los malos olores y la propagación de plagas.

Los residuos vegetales los llevan desde la urbanización de Esteban y Laura, pero buscan contar con el apoyo del Municipio para que les aporte algunos desechos de las podas en sitios públicos. Hasta el momento han procesado 16 pacas y en una de ellas sembraron una ahuyama que “parecía salvaje”: dio tantos frutos, que alcanzó para los que se la robaron y para los que la sembraron.

“No solamente estaban deliciosas, sino que uno tiene la confianza de que la usa toda, la cáscara, las semillas”, dice Caludia Vallejo, porque, a diferencia de la del supermercado, se sabe que aquí no han utilizado fertilizantes ni fumigantes químicos.

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“Desde que la uso ya en mi casa todos los residuos llegan aquí, jamás tiro a la basura una cáscara de nada”, comenta Claudia y explica que los empaca en un recipiente del tamaño de un tarro de pintura y cada semana los lleva a la paca.

La recomendación para las personas que deseen unirse a la idea es que depositen los residuos orgánicos en el centro de la paca y que lleven a cabo el procedimiento completo (cubrirlos y compactar). Además, pueden llevar el popó de sus mascotas, envuelto en periódico.

“La idea es que entre todos cuidemos esto y que la gente pueda venir a sembrar. Entre más ayuda tengamos, más bonita va a estar, más podemos producir y más van a poder llevar a sus casas”, indica Laura.

El plan para este año, además de mantener la huerta, es continuar la tarea de marcar los nombres de las especies, como lo vienen haciendo hace 2 meses; continuar con el proyecto de los jardines para mariposas y conformar una paca para residuos de cocina y otra para desechos de mascotas.

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Por Jessica Serna Sierra
jessicas@gente.com.co