Conozca la obra del pintor León Molina

Conozca la obra del pintor León Molina

Conozca la obra del pintor León Molina

El vecino de Miravalle fallecido hace 3 años dejó un legado artístico tan valioso para su familia como para Medellín. Esta es parte de su historia.

Los catálogos de pinturas que Josefina Pérez estuvo moviendo días después de la muerte de su esposo, en julio de 2014, aún continúan intactos. Están junto a las radiografías que le entregaron en la clínica, que tampoco ha vuelto a mirar. “Es que asimilar que en 5 días se fue no ha sido fácil“, dice ella, mientras señala la pintura de una mujer que descansa su cabeza sobre una mesa, con un ramo de flores al hombro.

Las mujeres trabajando y la faena del campo eran algunas de las inspiraciones de don Luis León Molina Varela, un pintor empírico que a punta de pasión por el arte y sensibilidad llevó sus obras hasta Nueva York, la Casa de Nariño, en Bogotá, e incluso hasta Australia y Canadá.

En sus cuadros firmaba con su segundo nombre y apellido, aunque a Josefina le gustaba llamarlo Luis y él se refería a ella como “reina” o “muñeca”. Llevaban 51 años de casados y tenía que ser que estuviera muy bravo para no despedirse con un beso cuando salía de la casa.

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Cuenta Josefina que León Molina siempre tuvo una inquietud por el arte, de hecho desde la escuela los compañeros le pagaban para que les hiciera los dibujos. A sus 16 años, cuando trabajaba en lubricación de maquinaria en Vicuña, la empresa le patrocinó 3 meses de estudios en Bellas Artes y al término de ese tiempo decidió retirarse.

Trabajó 26 años en empresas. Pasó por Tejidos Leticia y terminó en Fabricato, a los 42 años. Pero fue en Vicuña donde conoció a Josefina Pérez, la mujer oriunda de Támesis con la que más tarde tendría a sus 3 hijos (Luis Jairo, Guillermo León y María Elena) y 7 nietos.

Su esposa lo describe como un genio y aunque admite que su temperamento era cambiante, nunca dejó de ser romántico ni de buen gusto, y, lo más importante, siempre estuvo pendiente de su familia. Alguna vez Teresita Peña, quien fue directora del Museo de Antioquia, donde también hay obras del maestro Molina, le dijo a Josefina que ser la esposa de un artista es de mujeres bíblicas, de santas, y es que, como ella misma dice, “hay que tener demasiada paciencia o tal vez más amor”.

En la sala de su casa se encuentra la primera acuarela que pintó don León, fechada el 15 de diciembre de 1966. Josefina cuenta con orgullo que semejante perfección la logró sobre un cartón, de noche y sin saber cómo, “era un genio”. Desde que salió de Fabricato el maestro estableció su taller en casa, allí y en sus salidas a campo pintó imágenes que ganaron reconocimiento en la ciudad y la región.

Algunas de ellas quedaron plasmadas en el calendario de Coltabaco de 1993, donde figuró al lado de la artista Mariela Ochoa, y otras ganaron relevancia a nivel internacional, como su obra Cumbres (1986), que fue la imagen una estampilla de la Unicef. Entre sus reconocimientos figuran además las placas de la Gobernación de Antioquia que ganó durante 3 años seguidos y la Órden al Mérito Don Juan del Corral, que le otorgó el Concejo de Medellín en 2006.

El buen gusto no era solo para el arte. León Molina tenía una colección de 2500 longplays donde figuraban tangos, boleros, marchas, música popular, clásica y jazz. La noche en que se accidentó llevaba algunos de ellos en sus manos, mientras bajaba las escalas de un local en el centro. Se había tomado unos traguitos, como era de costumbre, se agachó a recogerlos y perdió el equilibrio.

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“Se fracturó la cabeza, pasó 5 días en coma inducido y luego le dio un infarto cerebral, pero no se dio cuenta de nada. Él quería morir así, no sintió nada”, dice doña Josefina y recuerda que soñó con él 2 meses después de su muerte, ella le pedía un beso y él se lo daba, pero no lograba ver su rostro.

A la última novena del “ito”, como lo llamaban sus nietos, llegaron unas 65 personas y es que como dice el texto que le escribió uno de ellos, don León era una persona humilde, responsable y trabajadora, que siempre puso a su familia por encima de la vida bohemia y el gusto por el guaro, el arte y la buena música.

Las paredes del hogar de los Molina Pérez, adonde tantos clientes fueron a seleccionar las obras del maestro León, hoy siguen siendo una especie de galería que da cuenta de su talento. Mientras tanto doña Josefina pide a Dios que le dé vida para que, un día no muy lejano, pueda recopilar la obra de su esposo y hacer una exposición retrospectiva.

Por Jessica Serna Sierra
jessicas@gente.com.co