Un rinconcito brasileño en Belén

Un rinconcito brasileño en Belén

Un rinconcito brasileño en Belén

En el Instituto de Língua Portuguesa una vecina colombo-brasileña nos acerca a las historias del Gigante Suramericano con enseñanza del idioma y con gastronomía y cultura.

A simple vista parece un plato conocido: con arroz blanco, carne de cerdo y fríjoles. Pero después de un bocado es fácil darse cuenta de que los sabores de la feijoada son distintos. El origen de esta preparación típica del Brasil tiene 2 historias, según Claudia Lobo Arango, vecina de Belén y coordinadora académica del Instituto de Língua Portuguesa.

La primera dice que es una comida heredada de los colonizadores portugueses y la segunda, que viene de los esclavos, cuando estos mezclaban los fríjoles negros (caraotas) con las partes del cerdo que los amos desechaban, como las orejas o las patas.

Cuenta el relato popular que un día uno de los dueños de la casa sintió el olor y le pareció tan rico, que le pidió a la esclava que preparara ese plato para él y su familia. Más tarde la feijoada, que también se acompaña con harina de yuca (farofa) y un trozo de naranja, para ayudar a la digestión, pasó a ser el plato nacional.

En Brasil esta preparación se come tradicionalmente los miércoles y los sábados, y en la casa de la familia Lobo Arango, en Belén, por lo menos una vez al mes. Claudia cuenta que sus padres, Jhony y Ruth, se conocieron en el barrio Fátima, cuando su abuelo vino un tiempo a la ciudad por trabajo. Fueron novios durante 6 meses y luego se casaron.

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Tuvieron a Claudia y cuando ella era una bebé de 2 meses se radicaron en el país de la samba, donde luego nacieron sus 2 hermanas. Por 17 años vivieron en Campinas, una ciudad del estado de São Paulo, donde las costumbres brasileñas, y también las paisas, por la influencia de la madre, se arraigaron en la familia. Tanto así, que se mantienen aun después de la muerte del padre.

Fue hace 8 años, cuando ya la familia había vuelto a Belén, Claudia convocó a un grupo de profesores de portugués que daban clases individualmente, para fundar el Instituto de Língua Portuguesa. “Siempre quisimos, no solo enseña el idioma a través de los cursos regulares, sino ofrecer la parte cultural, que el estudiante pudiera vivirlo por medio del cine, la danza, la música y la gastronomía”, dice Claudia.

En la su primera sede, ubicada en Rosales, empezaron a proponer actividades culturales para sus estudiantes y también para las personas de la comunidad que quisieran conocer más de Brasil. Comenzaron con un carnaval amenizado con una batucada (música de percusión afrobrasileña), samba en vivo y caipirinhas, al que los asistentes fueron disfrazados de personajes como Ronaldinho y Pelé.

Al año siguiente se mudaron a una casona ubicada en la calle 32D con carrera 69, donde el espacio es tan grande, que alcanza para 9 salones y una sala dedicada a la escritora Cecília Meireles, donde en un comedor familiar disfrutamos de una rica feijoada hecha con costilla de cerdo, salchicha (linguiça, en portugués) y tocino, en compañía de algunos alumnos.

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Jhon Vanegas, director del Instituto de Língua Portuguesa, explica que una de las razones que motiva actividades como esta feijoada es invitar a los estudiantes a que, además de las reglas gramaticales del idioma portugués, conozcan los contextos socioligüísticos.

“También porque en Medellín hay admiración por Brasil, a la gente le gusta la música y el fútbol”. Por eso muchos de estos eventos son abiertos a personas de otras escuelas e incluso a los vecinos. En el 2016, el instituto celebró la semana de Brasil en Medellín con programación cultural, artística y académica, en alianza con el Parque Biblioteca de Belén, la embajada de Brasil en Colombia y otras entidades.

Cada año en esta casa de Belén se celebra la festa junina, cuando ocurre el solsticio de invierno, y también la independencia de Brasil, el 7 de septiembre. Asimismo, cada 2 meses convocan a la proyección de una película brasileña, y todos los viernes, entre 12 m. y 2 p.m., a un club de conversación en portugués. Conozca Brasil, no queda lejos de Belén, está en una esquina del barrio Malibú.

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Por Jessica Serna Sierra
jessicas@gente.com.co