Conozca uno de los edificios más antiguos de Laureles

Conozca uno de los edificios más antiguos de Laureles

Conozca uno de los edificios más antiguos de Laureles

El edificio Laureles, el segundo más antiguo del lado occidental del río Medellín, conserva intacta su belleza arquitectónica. Conózcalo.

Unos dicen que puede ser un convento, otros, que un hogar de ancianos, lo han confundido con un colegio y con un hospital, y hay quienes se han atrevido a afirmar que fue un manicomio. Lo cierto es que para todo aquel que pasa por la circular 4 con la transversal 74 es imposible dejar de notar las altas vidrieras y la generosa escalinata del edificio Laureles, que en realidad está compuesto por 3 torres de apartamentos, cada una de 3 pisos, con un sótano de parqueo y una terraza para uso común.

Y es que la construcción, que goza el honroso título de ser la segunda propiedad horizontal que se construyó en esta zona de la ciudad, aunque muchos crean que fue la primera, conserva intactos los elementos arquitectónicos de influencia europea y característicos de la década de los 50 que lo hacen especial.

“Wow” fue la primera expresión que lanzó Felipe Tabares, de 44 años, cuando hace 10 años pasó frente al edificio y en una ventana vio un letrero en el que se leía “se vende”. No pasó mucho tiempo hasta que Felipe cerró el negocio y se convirtió en propietario de uno de los apartamentos.

“Fue una total identificación con el espacio y yo creo que la mayoría de quienes vivimos aquí sentimos identificación con el diseño arquitectónico, el tipo de espacio, el tipo de materiales”, explicó el vecino y agregó que “para mí fue como emular las propiedades que yo conocía, que son patrimonio histórico y de conservación, de Teusaquillo y La Soledad, en Bogotá”.

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El copropietario también indicó que en el transcurso de los 10 años que ha vivido en el edificio ha cambiado la percepción de sus habitantes sobre la importancia de la preservación arquitectónica, pues, aunque en otras épocas no faltaba el entusiasta por derribarlo y construir una nueva infraestructura, “en este momento son más los defensores de cuidar el edificio, muy orgullosos de estar acá y de que haya cada vez más interesados en conservarlo y restaurar lo que se va dañando con el paso del tiempo”.

Para Felipe Tabares, este cambio ha ocurrido porque también “se ha dado un cambio generacional. Cuando yo llegué, era la persona más joven en el edificio, pero en este momento hay 8 o 9 niños, de 5 años en adelante. Entonces ya hay juegos, hay pelotas, hay gritos de niños jugando, daños de vidrios quebrados con un balón, todo dentro de lo que normalmente pasa en un sitio en el que hay vida”, por eso “las personas nuevas que han llegado están preocupadas por cuidar el edificio, porque valoran lo que representa no solo para cada propietario, sino para el barrio, la ciudad y el país”.

Y es que aunque el edificio Laureles aún no ha sido declarado como bien de interés cultural para la ciudad, sí está registrado como edificio Emilita, su nombre original, en la Licbic, es decir, la Lista de Candidatos a Bien de Interés Cultural, que aparece en el Plan de Ordenamiento Territorial y que está conformada por los bienes que ya han sido valorados por la Secretaría de Cultura por su significado para la ciudad.

Apuesta que marcó una época
Pueden pasar varios años antes de que el edificio sea declarado como patrimonio arquitectónico de la ciudad, pero su valor es innegable. Por lo menos así lo considera la doctora en Teoría e Historia de la Arquitectura, Ximena Covaleda, quien admite que sin duda “es uno de los edificios que más me gustan de Medellín”.

La académica destaca que el Laureles “tiene una composición muy bella en su fachada y algo muy importante es que en el edificio se pueden encontrar hasta 4 tipologías distintas de vivienda e interiormente está definido por pasarelas, entonces en cada piso hay una serie de corredores alrededor del patio, lo que garantiza que las viviendas tengan una muy buena ventilación cruzada. Y por donde entra el aire entra la luz, entonces va articulado a una buena iluminación. Técnicamente es un acierto bioclimático“.

Covaleda enfatizó en que “todos los edificios que se hacían en esa época se hacían en el centro y eran de 4 o 5 pisos, todo el mundo vivía en el centro, pero cuando ya se traza Laureles después de 1940, esta es la primera apuesta de un complejo habitacional en este lado del río”.

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El encargado de construirlo fue el arquitecto Guillermo Atehortúa, sin embargo, en los textos disponibles no hay indicios que permitan saber quién fue su primer dueño o quién lo financió.

“El edificio crea toda la esquina, se convierte en un referente y por su época de construcción es muy importante, porque es cuando la arquitectura deja de interesarse en las grandes casas que se construían antes, sino que esta era toda una zona nueva para urbanizar, entonces es una arquitectura mucho más moderna para ese momento“.

La experta coincide en que el mejor porvenir para el edificio está en su preservación, pero admite que los costos de mantener una infraestructura de semejante antigüedad y con esas características particulares son elevados.

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“Es muy importante conservarlo y no solo este, sino los otros edificios y casas antiguas que quedan en una zona de cambio tan vertiginoso como Laureles. Y también las casas de esa época que quedan en San Joaquín y Conquistadores”, dijo, pero agregó que “los mantenimientos son muy complejos. Por ejemplo, la fachada del edificio es en piedra bogotana, una piedra que aparentemente está en buen estado, pero que no se puede dejar manchar porque el procedimiento de desmanchado es muy costoso. Y el Estado no tiene presupuesto para conservación patrimonial”.

Es por eso que Covaleda considera que lo mejor que le puede pasar al edificio es “que no sea declarado como bien patrimonial, para que se le pueda dar un uso distinto al residencial y pueda apadrinarlo un privado con los recursos suficientes para mantenerlo en buen estado, como ha ocurrido con algunas propiedades en el centro, que se han convertido en sedes de empresas”.

Por Sergio Andrés Correa
sergioco@gente.com.co