“El Barrio Mesa es el paraíso de Envigado”

Historia del barrio Mesa de Envigado.

“El Barrio Mesa es el paraíso de Envigado”

La historia de uno de los barrios más tradicionales del municipio, contada por quienes jugaron en sus mangas, pescaron en su quebrada y vivieron de cerca el paso de casonas separadas a manzanas.

Para conocer y compartir la historia de nuestros barrios no acudimos a libros —así atesoren datos únicos, ignorados por muchos—, y tampoco al admirable conocimiento de un historiador.

En lo personal, elijo caminar, recorrer, encontrar ‘al que es’ (ese habitante de siempre, personaje que por décadas ha guardado en la memoria los mejores y no tan buenos momentos en el lugar que lo vio crecer) y sentarme a conversar. Eso me pasó con Edwin Bustamante en Barrio Mesa; él con su cámara, atento a esos detalles que hablen por sí solos del sector, y yo, intentando acertar ese personaje. Hasta que dimos con ‘los que eran’, estaban sentados en el bar Cristo Rey… y qué momento nos dieron.

Carlos Mario Correa, Mario Hernando de Jesús Uribe, Johny, John Jairo Uribe, (apodado Perico), William Uribe y Jesús Alberto Tirado, entre unos 6 más que se turnaban llegando y yéndose, son amigos de toda la vida, estudiaron juntos en la antigua escuela Carlos J. Echavarría, patrocinada por Coltejer y su filial en esta zona: Rosellón, empresa y pieza clave en la información que nos regalaron sentados en un bar.

“Se le atribuye todo el impulso”
Para Carlos Mario, a pesar de que Barrio Mesa tiene cerca de 100 años (basándose en el hecho de que el abuelo de un amigo construyó su propia casa hace 90), le debe su conformación y desarrollo a la llegada de los trabajadores de Coltejer; a ellos los patrones los apoyaban con recursos económicos para que levantaran sus viviendas.

“Casi todo el barrio trabajaba allá. El 80 % de los trabajadores de Mesa era de Coltejer (entre Rosellón, la Corporación Educativa para el Desarrollo, Cedeco, y Planta de Acabados). A la empresa se le atribuye todo el impulso no solo de sus empleados, sino de esto por acá”.

De hecho, supimos que hay una manzana conocida como ‘el barrio de los empleados’. Allí nació Carlos y es la que queda al frente del actual Cefit (donde antes operaba la Cooperativa Rosellón): entre las calles 39 y 40 sur y las carreras 34 y 34 A: “Ahí comenzó el desarrollo urbano como tal de Mesa, porque hasta ese entonces eran casas antiguas, mangas y vías empedradas”, insistió.

Esas mangas y calles empedradas fueron el ‘patio de recreo’ de un combo de amigos muy grande, teniendo en cuenta que solo entre él y sus hermanos sumaban 13 niños (5 mujeres y 8 hombres). Se la pasaban agarrando mangos, naranjas, mandarinas y pomas de cada árbol que podían y también se iba con su hermana María Elena a ordeñar las vacas del vecino Pacho Díaz (hasta el día que lo vio y le dio una buena tunda).

El otro parche era ver televisión en blanco y negro, pero tocaba pagarle al que tuviera televisor en casa, y si no era eso, pegaban para la quebrada La Mina a pescar y asar corronchos, aunque lo mejor casi siempre era jugar fútbol. La primera cancha (aparte de la que les montó Coltejer en la escuela) que adaptaron fue la de la manga de El Consuelo, luego en la JJ (actual hospital MUA) y la más sofisticada fue la de Grulla (hoy, Éxito de Envigado).

Eran muchos los recuerdos que iban llegando a la mesa en la que estábamos en Cristo Rey. Y sobre ese nombre nos mostraron fotos viejas de cuando fue ubicada la estatua de Cristo Rey en la vía principal del barrio: la calle 38A sur. Eso fue el 25 de octubre de 1931 y en una placa hoy todavía se puede leer: “La juventud católica del pueblo envigadeño a Cristo Rey, como homenaje de gratitud y amor”.

Mencionaron también un hecho que marcó a Mario Uribe (quien nació en la casa donde también lo hicieron su abuelo y su papá), puesto que su abuelo estaba en Rosellón cuando ocurrió: el día (uno de 1939) en que una fracción de una montaña se vino abajo afectando a la compañía y a algunas edificaciones ubicadas más arriba de la zona de la que habló Correa.


También la salud y el mercado

Preguntamos por el lugar al que iban a surtir sus cocinas y mesas, y entre risas nos dijeron que también Coltejer tenía que ver. Las familias de todos se vieron beneficiadas con el comisariato (almacén o tienda, pero de carácter cooperativo) de Coltejer y allá tenían hasta carnicería.

Asimismo, si necesitaban ir al médico, mejor este venía a ellos. Los visitaba en sus casas y la medicina que les recetaba la adquirían por medio de la cooperativa de Rosellón. Es que en serio fue eso, una pieza clave; si hasta le daba a cada niño aguinaldo en diciembre, festejo especial en el día de la niñez y la mediamañana en la escuela.

A la hora de vestirse, por ejemplo, no había tanta preocupación. Las mamás tenían a la mano bolsas y bolsas de tela y ropa de la empresa, y no era sino desbaratar las prendas para volverlas a confeccionar a la medida.

Viven en el paraíso
Entre esas mismas fotos antiguas que nos dejaron ver, y que hoy están colgadas en las paredes del bar que los recibe cada tarde, señalaron las primeras vías que pasaron de ser de piedra a carreteras delimitadas, pero sin pavimentar. Y recordaron algunos de los barrios que los rodeaban cuando el de ellos estaba tomando cara y cuerpo: Guáimaro, el centro, Los Naranjos, San Mateo y Obrero (este obtuvo el nombre por ser el barrio creado para los obreros encargados de las calles y otras obras aledañas a la empresa).

Y a propósito de nombres, preguntamos por el del lugar al que tanto quieren, del que nunca se fueron y en el que nacieron también sus hijos. Algunos crecieron convencidos de que fue en honor a un señor de apellido Mesa (y hasta nuestro encuentro lo creían así, a pesar de no saber el porqué de ese homenaje ni el verdadero quién). Pero la mayoría coincidió en que fue por ser planicie, un ‘llanito’, una mesa.
En ese llano siempre han tenido todo al alcance. En la niñez y juventud de estos amigos surgieron en Barrio Mesa fábricas de bocadillos (a cargo de los Tamayo), de arepas y de costales, además de haber tiendas por todos lados, de las tradicionales, esas de pueblo que vendían lo que fuera.

Mencionaron a los Tamayo y de una saltaron a la charla los demás apellidos que le dieron vida al sector, las primeras familias y las que les dejaron esta herencia: los Uribe, los Molina, los Pineda y los Correa (“hay más ‘correas’ en el barrio que en los almacenes”, fue el chiste de William Uribe).

Las bromas y anécdotas iban y venían, pero al final una sola idea nos dejaron clara, y para que los entendiéramos la repitieron una y otra vez: “Vivimos en el mejor barrio del municipio. Si Envigado es un paraíso, Mesa es el paraíso de Envigado”.

Por Luisa Fernanda Angel G.
luisaan@gente.com.co