En la mímica la cara blanca es lo de menos

En la mímica la cara blanca es lo de menos

En la mímica la cara blanca es lo de menos

Conozca cómo el maestro Luis Correa, fundador del Teatro Barra del Silencio, llegó a las artes escénicas.

Ver a don Luis en escena es romper con todos estereotipos que se tienen de un mimo:
— ¿Y la pintura blanca? —, le pregunta cualquiera.
No siempre el payaso es la nariz roja —, responde.

Pues cada obra tiene sus características y sus condiciones. “No hay que estar maquillado para hacer mímica”, dice. Su trabajo simplemente es contar historias sin necesidad de hablar, para eso tiene las manos, los gestos, los ademanes y los movimientos corporales.

Claro que en un principio Luis Alberto Correa se pintaba la cara. De hecho, hizo cerca de 3500 funciones en Sudamérica con una obra en la que se maquillaba en público.

“Incluso cuando empecé lo hacía con el rostro todo negro y la boca blanca, muy similar al maquillaje de Al Jolson en The Jazz Singer, la primera película sonora. Además, utilizaba un overol y una cachucha, justamente en esa búsqueda del obrero… Hasta que fui siendo más convencional“.

A esa exploración lo condujeron las artes plásticas, porque antes de ser mimo don Luis (como es su nombre artístico) ya era escultor: “Durante mi proceso escultórico me he negado a caer en el estilo para volverse en formulita y conseguir plata… Por eso vivo en una búsqueda constante, y en el caso de la mímica, siempre estoy investigando diferentes lenguajes y formas de acercarme al público”.

Ese reto se lo puso desde la primera vez que vio en vivo al mimo y actor francés Marcel Marceau. Este vecino tenía 12 años de edad y con sus ahorros fue a disfrutar del espectáculo.

No había duda de que lo suyo eran las artes. Apenas se graduó del bachillerato montó un taller de escultura, hizo teatro, realizó un curso de pantomima con Julian Gabriel (pupilo de Marcel Marceau) y empezó su carrera de Arquitectura. En 1974 debutó como mimo y 8 años después fundó, con unos amigos del grupo de Mimos UPB, la corporación cultural Barra del Silencio.

Sin embargo, en el 84, se fue con la mamá de su hija a recorrer Sudamérica haciendo pantomima. Cuando regresaron, en el 86, el grupo de teatro no verbal estaba dividido, así que don Luis se fue de gira con El sombrero mágico por varias ciudades del país.

Comenzando el siglo trató de consolidar un grupo y consiguió una sede propia. Al Teatro Barra del Silencio llegaron obras de títeres y pantomima, como El traje nuevo del emperador, La bella y la bestia, Divertimentos, Uff… sin aliento, Parpadeos, De película, entre otras.

Pero en esa búsqueda constante, este vecino, que tuvo un accidente durante una presentación y ahora se le dificulta caminar, se interesó en el sainete (una pieza dramática jocosa de carácter costumbrista y popular) y desde la dirección y la escritura se empeñó en mostrar “una propuesta artística de participación comunitaria que reafirme la identidad, de acuerdo con la expresión de cada comunidad”. Eso sí, aunque ya no esté en la tablas, don Luis, siempre será un mimo.

Por Dafna Vásquez
dafnav@gente.com.co

Fecha

Agosto 2, 2019

Categoría

Artistas, Gente, Laureles

Tags

arte, artes escenicas, Cultura, laureles, Medellín, mimo, teatro, teatro barra del silencio