Un año sin el Titán del rock

Un año sin el Titán del rock

Un año sin el Titán del rock

A 1 año de su fallecimiento recordamos al cantante que luchó con determinación por posicionar este género en el país. Esta es la historia del Titán que nació y se crió en Belén.

Una habitación de una casona en el barrio Belén fue el escenario donde se forjó el espíritu musical del Titán del rock. Cuando era un joven, Elkin Ramírez se encerraba allí para tratar de sintonizar una emisora que transmitiera ese género musical que tanto llamaba su atención. Ese mismo espacio, hoy, 1 año después de su muerte, alberga los recuerdos más valiosos de su carrera artística.

En las paredes se encuentran los afiches de Kraken, la banda que fue como su segundo hijo, su discografía y pinturas que revelan una faceta poco conocida de su sensibilidad. Sobre las estanterías permanecen los premios y reconocimientos que recibió y allí también están los trajes que usó para los conciertos, incluido el que utilizó en la presentación de Kraken Filarmónico, uno de sus logros más grandes.

La música que le cambió la vida
Elkin nació el 26 de octubre de 1962, en una familia tradicional de Belén, la de Daniel Ramírez y Oliva Zapata, una pareja melómana que tenía en su haber una amplia colección de discos. “Su vida era muy normal, lo llevaban a misa, al colegio… en una de esas salidas escuchó que en una terraza estaba sonando Led Zeppelin“, cuenta Andrés, su hijo. Para ese momento no tenía idea del rock, pero supo que el sonido le había gustado; “eso marcó un antes y un después en su historia”.

Don Daniel, que trabajaba con textiles, comenzó a viajar y le enviaba casetes a Elkin desde Venezuela. Él se sentaba en una piedra que había en la esquina de la cuadra para escucharlos, mientras sus amigos del barrio jugaban fútbol. Empezó a afinar su gusto musical y a formarse de manera autodidacta leyendo libros y escuchando desde un patio las clases de técnica vocal que dictaba un profesor de la ciudad que no lo admitió por llevar el cabello largo.

Decidió que quería ser cantante y cuando a Elkin se le metía algo en la cabeza, por ahí se iba hasta que lo conseguía. Pasó por agrupaciones como Kripzy y Ferrotrack, cuando fue vocalista de esta última, la primera alineación de Kraken (Hugo Restrepo, Jorge Atehortúa, Jaime Tobón y Gonzalo Vásquez) lo invitó a ser su cantante.

Él les propuso que afinaran detalles de técnica y repertorio para poder acompañarlos, y el 18 junio de 1984 nació Kraken. El nombre se lo puso Elkin, que era un seguidor de la mitología y hacía un tiempo había visto una película en la que se le quedó grabada la imagen del séptimo titán de la mitología griega, que salía del agua imponente y fuerte.

Los casetes que grababan durante sus ensayos comenzaron a moverse entre el círculo de seguidores del rock que empezaba a formarse en Medellín. Su primer concierto lo hicieron en el teatro Lux, de Manrique, el mismo barrio donde Elkin había conocido a Amparo Gutiérrez, quien había dado a luz a su hijo en marzo del mismo año en que se conformó su agrupación.

“La banda fue cogiendo una fama muy local. Después se animaron y buscaron la posibilidad de grabar un EP profesional del primer sencillo, Todo hombre es una historia. Firmaron con Codiscos y fue casi un éxito automático. Se volvió una revolución, inmediatamente la gente dijo: ‘El rock en español en Colombia nació’“.

Esa primera alineación de Kraken duró 10 años y se convirtió en referente para otras bandas del género que comenzaban a surgir en el país. Explica Andrés que Elkin promovía la cultura en el rock y trabajó por desmentir el estigma de que esta era una música de locos marihuaneros, además por unir a los subgéneros que tenían ciertas rivalidades.

Entre 1994 y 2002 se formaron otras alineaciones que no lograron quedarse, pero por la misma época Elkin llevó a cabo 2 proyectos que mezclaban canciones importantes de la banda con puestas en escena que incluían danza, video y actuación. Una se llamó La obra y la otra, La leyenda. El éxito de estas funciones lo inspiró para proponer Kraken Filarmónico, pero en Medellín no recibió apoyo.

Por eso decidió irse a Bogotá y allí estableció la agrupación que está hasta el día de hoy. “Mi papá tuvo que luchar muchísimo para mantener la banda a flote”, dice Andrés. Y es que para él Kraken era su vida. Ricardo Wolff, conocido como Tato, actual guitarrista de la banda, lo considera el único músico del país que ha logrado vivir del rock. Y aunque el comienzo fue difícil —tuvo que dormir las 2 primeras noches en un parque—, se dio cuenta de que en la capital lo esperaban con brazos abiertos.

Empezaron a salir conciertos y en 2005, 3 años después de haberse radicado allí, llevó a cabo Kraken Filarmónico, con la orquesta de Bogotá. Se presentaron en el León de Greiff y al día siguiente, en el festival Rock al Parque. Más tarde hicieron el lanzamiento del CD y en 2014 presentaron su show en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán.

‘Muere el hombre, nace la leyenda’
La enfermedad de Elkin apareció en 2015, cuando antes del concierto de cierre de la gira Kraken 30 años sufrió un desmayo. En vacaciones vino a Medellín para una revisión médica y le diagnosticaron un tumor en el cerebro.

Luego de una intervención quirúrgica el tumor desapareció, pero Elkin perdió la movilidad de las extremidades y con la radioterapia se le empezó a caer el cabello. En ese estado terminó de trabajar el disco de Kraken 6 y en una finca en el Carmen de Viboral, adonde llegó a grabar la voz de la canción que faltaba, sintió la fuerza para grabar nuevamente el disco entero.

En agosto de 2016 sufrió una recaída y el médico dijo que el tumor había vuelto a crecer y más grande. Esta vez empezó a perder el habla y fue uno de los golpes más duros de la enfermedad. Cuenta Andrés que aun así Elkin sonrió hasta el último día y ya se comunicaba solo con 3 palabras: sí, no y totalmente.

El 27 de enero de 2017 tuvo una crisis, no paraba de convulsionar y su familia lo llevó a la Clínica Las Américas. “El 28 lo vi y ahí sí se me cayó el carriel, lo admití, porque hasta ese momento tenía una negación… Me despedí de él, lloré mucho. Al otro día, a las 8 de la mañana, más o menos, nos llamaron a decir que se había muerto. Pero murió el hombre y nació la leyenda“, añade Andrés.

En su enfermedad y después del fallecimiento la familia de Elkin comenzó a recibir mensajes de admiración y fortaleza. “A mí no me sorprendió el cariño de los fans, porque lo viví, sobre todo en Bogotá. Me sorprendió que se notara la huella incluso en la gente que no es roquera. Ahí es cuando uno dice que trascendió”, menciona el hijo, quien también fue director artístico de Kraken.

Para los integrantes de la banda, según dice Tato Wolff, es un hecho que no pueden dejar que el legado de Elkin muera con él, sino que es algo que deben preservar. “Ha sido un reto muy grande sentir el vacío del jefe, uno ve la gente llorando y uno no se aguanta tampoco”, dice el guitarrista que conoció a Elkin en la Villa de Aburrá.

Wolff lo vio por primera vez en un concierto en el año 1999 y le sorprendió que siendo cantante estaba ayudando a cargar parlantes y equipos porque la presentación estaba retrasada. “A pesar de todas las dificultades que se presentaban, lo primero que decía es ‘vamos a sacarlo adelante’”, cuenta Tato. Para él, “el legado de Kraken en la música es inmenso”, pues “muchos acogieron el sueño de ser roqueros después de haber visto la pasión que Elkin ponía en sus interpretaciones”.

Aunque el Titán había mencionado alguna vez que quería que sus cenizas estuvieran en un árbol, en una montaña perdida, cuenta Andrés que decidió separar la figura del padre de la del artista, y las llevó al cementerio San Pedro, donde se encuentran personajes de la talla de Jorge Isaacs y María Cano, “por ser un lugar donde se cuida la memoria”. “A la tumba no le faltan flores. Quiero que otros que quieran ser roqueros pasen por ahí y sepan que pueden escribir su propia historia”, dice Andrés.

Por Jessica Serna Sierra
jessicas@gente.com.co