¿Quién dijo que los hombres no saben tejer?

Quién dijo que los hombres no saben tejer

¿Quién dijo que los hombres no saben tejer?

Un grupo de vecinos de diferentes barrios de Medellín se reúne cada 8 días para tomar tinto, conversar y hacer bordado, macramé o croché. ¿Que los hombres no saben ni pegar un botón? Eso es mentira. En el Costurero de La Casa ellos son los que tejen.

El 18 de agosto de 2016, cuando Leonardo Benítez y Carlos Mario Campuzano crearon este colectivo, llegó por casualidad Aarón Zea, un joven que hasta entonces solo había dado un par de puntadas en el colegio, pero a quien la idea de pertenecer a un espacio que culturalmente se ha pensado femenino lo cautivó.

Empezaron ellos 3 y hoy son cerca de 35 hombres, los que todos los lunes, de 3 de la tarde a 7 de la noche, se reúnen en un mesa larga del Claustro Comfama para tomar café, conversar y hacer malla, macramé, bordado o croché. Ellos nunca paran, ni siquiera los festivos, esos días se encuentran en el taller de Leonardo, ubicado en El Poblado.

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Aunque cada uno tiene sus proyectos y razones para estar ahí, todos hacen las veces de maestros. Por ejemplo, está don Álvaro, que después de jubilado aprendió a tejer; José, que no deja de sorprenderlos con su rapidez; Alejo, un historiador experto en hacer manillas, o Emanuel, un niño de 9 años que después de conocerlos nunca quiso irse.

En un principio a la mayoría de hombres le da pena acercarse al costurero y cuando se atreven lo hacen tímidamente. Sin embargo, el ambiente es acogedor, a los que no saben nada, los demás les regalan aguja e hilos y les enseñan la puntada básica para que se animen a participar.

En el grupo no se admiten mujeres, y según Leonardo, “no es que sea por discriminación, sino porque queremos que este sea un espacio de socialización entre pares para construir identidad y cuestionar y desmontar el ‘deber ser’ establecido. Queremos que se entienda que los oficios no tienen género”.

30 años dedicado al tejido
Urrao, Antioquia, 1985. Por ese afán de tener una mochila hecha por sus propias manos, Leonardo Benítez le pidió a su abuela que le enseñara a tejer. Al principio ella se negó, pero después de tanta insistencia, lo dejó sentarse a un lado para que observara la técnica. Sin embargo, no le admitía preguntas, solo tenía derecho a mirar.

Luego de un par de semanas, él mismo, con 15 años de edad, compró agujas y lana y, en la intimidad de su habitación, hizo la mochila que lo acompañó el resto del bachillerato.

Esa actividad se convirtió en su espacio de relajación y comenzó a dedicarle más horas del día, “en mi casa todos sabían que tejía, pero eso era algo de lo que no se hablaba. No me aplaudían ni me reprochaban, aunque era obvio que para ellos no estaba bien”.

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Cuando empezó sus estudios de Pedagogía, se le dio la oportunidad de dictar un taller de tejido y prefirió desertar de la universidad, “porque desde que coges una aguja, ella nunca te abandona y en mi caso se convirtió en una bola de nieve”.

Durante 14 años estuvo vinculado a una academia de manualidades y otros 5 trabajó como maestro Waldorf en un colegio de La Estrella. Gracias a esa última experiencia fue que se le ocurrió crear El Costurero de La Casa, “porque allá había varios niños que tejían, lo hacían muy bien y no tenían ningún prejuicio”.

La vida de Leonardo gira en torno a las puntas. De martes a sábado se dedica a Oveja Gris Taller Creativo, un emprendimiento en el que les enseña a distintas personas, casi siempre señoras y jovencitas, a tejer. Pero sin duda, los lunes es su día favorito, le parece increíble ver en un mismo espacio a un montón de hombres apasionados por un arte del que alguna vez se pensó que era únicamente para mujeres.

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Por Dafna Vásquez
dafnav@gente.com.co