Añoranzas: paisajes de ayer y de hoy, en la Casa de la Cultura de Envigado

Añoranzas paisajes de ayer y de hoy, en la Casa de la Cultura de Envigado

Añoranzas: paisajes de ayer y de hoy, en la Casa de la Cultura de Envigado

Conozca al vecino que está detrás de la nueva muestra de la Casa de la Cultura de Envigado. Sus obras evocan recuerdos.

En una pequeña libreta el maestro Álvaro Lotero Velásquez esboza un paisaje. Los movimientos de su lápiz dan forma a las ramas de árboles altos y frondosos, de esos que remiten a la belleza y a la tranquilidad del campo.

El artista no está en su taller, está en la galería de la Casa de la Cultura Manuel Uribe Restrepo, donde lo rodean 30 cuadros de diferentes tamaños, técnicas y temáticas que forman parte de su exposición Añoranzas, inaugurada el 1.° de agosto.

En una de sus obras muestra una casa de tapia con puerta y balcón café, que estaba ubicada cerca de la escuela Fernando González. En otra, plasma el inconfundible portón azul de Casablanca y en una más ilustra la imponente parroquia Santa Gertrudis, en medio de un parque principal bastante distinto al que vemos hoy.

Algunas imágenes parten de fotografías que el maestro tomó años atrás, simplemente porque le gustaban y quería tener una memoria “por si el día de mañana tumbaban esto y hacían un edificio”. Su muestra también contempla paisajes de Santa Fe de Antioquia, Rionegro y otros que salen de su imaginación.

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Hay unos cuadros que Lotero define como sus “cariños”, porque siente que desde que los expone ya llevan el letrero de “vendido”. Entre ellos está la imagen de un perro que mira al suelo esperando que aparezca la sombra de su amo bajo la puerta y se titula Ansiedad.

“El estado del alma”
Lotero Velásquez creció en el Barrio Mesa y desde los 15 años mostró su gusto por el dibujo. Comenzó a trabajar con lápices, colores y témperas, hasta que tomó clases con los acuarelistas Horacio Ochoa y Francisco Madrid, y en la época de 1968 se especializó en esta técnica.

A sus maestros los define como personas que no eran egoístas con su conocimiento y comenta con modestia que “lo poco” que sabe lo aprendió de ellos.

Entre 1975 y 1976 Álvaro, que había trabajado como ingeniero industrial en Coltejer, decidió dedicarse de lleno a la pintura. “Ya no quería hacer nada más, sino lo que me gustaba”, recuerda el ahora vecino de El Portal. Por eso también le invirtió tiempo al béisbol, que era otra de sus pasiones y, después, por problemas en las rodillas, migró al golf, que practica hoy en día.

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Como todo autodidacta, aprendió de los errores y de la comprensión de sus maestros que cuando veían algún error lo guiaban para enmendarlo o le sugerían voltear la hoja y volver a comenzar.

En aquellos años participó en las exposiciones del grupo de artistas de Envigado, en las que cada integrante aportaba 2 o 3 obras para mostrarlas en el salón Débora Arango, de la Casa de la Cultura. Como tesoros guarda las fotos de algunos amigos con los que aprendió, algunos que ya no están y otros con los que comparte aún en el grupo Luz y Sombra, en el que se reúnen hoy los creadores envigadeños.

Álvaro no tiene un momento específico del día para trabajar en sus obras. Cuenta que puede inspirarse en las mañanas, apenas se levanta, o en esos momentos de desvelo en los que toma su cuaderno, prende su radio en las emisoras Radio Bolivariana o Cámara de Comercio y deja que las ideas lleguen a su cuaderno, para después llevarlas a lienzos.

Su temática favorita, en definitiva, son los paisajes y, aunque tiene como constante pintarles más cielo que horizonte, cada uno transmite algo distinto. Todo depende del estado de ánimo, o como dice un amigo de Álvaro, “del estado del alma”.

El artista estará en la Casa de la Cultura hasta finales de agosto. Allí podrá encontrarlo de 8 a.m. a 12 m. y de 2 a 6 p. m., con lápiz en mano, para hablar de sus Añoranzas y disfrutarlas todavía más.

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Por Jessica Serna Sierra
jessocas@gente.com.co