La vecina más longeva de Envigado llegó a sus 108

La vecina más longeva de envigado llegó a sus 108

La vecina más longeva de Envigado llegó a sus 108

Familiares, allegados y vecinos de doña Teresa Moncada, la habitante más longeva de Envigado, se reunieron este miércoles en su casa en el barrio San José para celebrar su cumpleaños número 108.

Esta vez en la conmemoración de su natalicio doña Teresa recibió un regalo especial: El Concejo de Envigado la declaró envigadeña de ejemplo y matrona del municipio.

La homenajeada nos contó hace un tiempo que los años los espanta con las manos y que para morir la deben coger con garrote. Asegura que los años no le llegan, porque ella les hace el quite.

Patricia, su nieta (1 entre 39), recuerda que en 2015, cuando la salud de doña Teresa les jugó por segunda vez una mala pasada (las únicas 2 veces), llamaron a un sacerdote para que le aplicara los santos óleos. Ella se le acercó al oído y le dijo: “Abuelita, váyase tranquila, todos estamos bien”. Y en una de esas abrió los ojos, volteó y le dijo: “Nooo, quién dijo… yo no me voy todavía”, dejando entender que ese ‘verla muy mal’ era solo efecto de los medicamentos que la tenían dopada.

Angélica, otra nieta (hija de Fabiola, la mayor de los 13 hijos de doña Teresa —9 mujeres y 4 hombres—), cuenta que cuando muere alguien cercano a la familia y le dan la noticia, lo primero que pregunta es la edad; le dicen 80 y pico o 90 y pico, y con todo el descaro y la gracia la señora responde: “¡Ah, ya era hora!”.

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Ante la pregunta ‘clichesuda’ sobre cuál es su secreto ella nos contestó con un conciso mandamiento: “No trasnoche, no fume, levántese muy temprano, no tome trago, tampoco café, nada oscuro… a mí no me gusta nada de eso”. Lo de nada oscuro iba en serio, no recibe ni torta negra ni un trozo de carne que se haya quemado tan solo un poco.

Eso sí, doña Teresa, como buena levantada en el campo, no perdona un plato de fríjoles con chicharrón. Tampoco se niega a una mecateada en la tarde.

Volviendo a lo del campo, nació el 27 de marzo de 1911 en Jericó, donde también se casó y crió a 9 de sus hijos. Allá trabajó siempre en una tienda, hasta que una madrugada la casa y el negocio se quemó y tuvo que venirse con su familia a Medellín.

Primero llegó a Itagüí, donde sus hijos mayores trabajaron en fábricas y ella montó una tienda. Solo dejó el negocio cuando su esposo, don Bernardo Ruiz, se enfermó y murío. De eso ya han pasado más de 25 años, tenía poco más de 80 años y era también de Jericó, donde se la luchó como arriero. Nos contó la señora Moncada que se conocieron en la escuela, estudiaban en el mismo salón… un amor de toda la vida.

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Se acabó la tienda, los hijos crecieron, los nietos seguían llegando al mundo, así como los bisnietos y tataranietos (los primeros suman 45 y los otros ya van en 8), y poco a poco se fue quedando sola.

Un número significativo de la familia se fue acomodando en nuestro municipio, ese que doña Teresa (desde el vecino Itagüí) vio crecer. Cuando menos pensó, el rastrojero sin vías, que se volvía un pantanero con la lluvia y al que ella iba en bus de escalera, se convirtió en la ciudad en la que vive hoy y en la que tanto se amaña. Es más, Envigado la ha acogido en 3 ocasiones: hace muchos años se instaló por los lados de la Escuela Fernando González y las otras 2 en San José, sobre la misma cuadra en la que nos acogió, la de la carrera 33 con calle 40 sur (donde sus nietas Angélica y Gladis viven desde hace 27 años).

Lo cierto es que para este roble de señora no asimila haber llegado tan lejos. Nos lo dicen las anécdotas de sus familiares y lo confirmamos con ella cuando le preguntamos por su edad. Esa sonrisa pícara y ese “no sé, tengo muchos, qué importa cuántos” nos dejaron claro que podrán llegar los que sea, los que ella quiera, los que la vida misma quiera y nada cambiará. Su vida, tan tranquila, no se mide en años.

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*Nota publicada originalmente la edición impresa de Gente Envigado en 2016 y actualizada en 2019.
Por Luisa Fernanda Angel
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