En Envigado también hay silleteros

En Envigado también hay silleteros

Desde las veredas de Envigado también bajan silletas que participan en el desfile. Allí se cultivan flores y se arman estructuras desde hace años, pero pocos conocen estos encantadores lugares.

Una vida de colores y fragancias. Casi 62 años completa don Aristides Ríos rodeado de flores. A punto de cumplir 71, recuerda que es así desde los 9. Un día de 1954 bajó por primera vez desde Santa Elena hasta la plaza Cisneros a vender los ramos que con su familia recolectó y armó. Los llevaba como se hacía en la época, en una silleta. Lo hizo a diario y por años, solo que cuando tenía 12 —en 1957— la historia cambió. No solo para él, también para Medellín. (Ya vamos para allá…)

En una silleta también bajó a su esposa hasta la carretera a Medellín. En esa oportunidad desde Envigado, en la vereda Pantanillo, donde se instaló desde que se casó y donde se quedó. Amelia, a quien cargaba en su espalda, descalzo y por trocha, iba con una amenaza de aborto. Ese armazón de madera de aquella emergencia lo acompaña desde comienzos de los 70 y lo exhibe con orgullo cuando uno lo visita en su finca, El Chagualo.

A ella llegamos por el destino, del que es bonito y que regala sorpresas, el que nos dejó conocer que en el municipio tenemos fincas silleteras y desfilan en la Feria de las Flores de Medellín. Son solo 3 (las tradicionales, puesto que ya se ha ido uniendo una que otra). De ese trío solo 2 reciben visitantes y entre ellas, la de don Aristides.

Bueno, ¿y qué fue lo que pasó con este amable señor en 1957? Mientras armaba una silleta con flores de su casa, nos contó que un día de dicho año al administrador de Cisneros, Efraín Botero Bernal, le pareció muy estética la imagen de los vendedores de flores, parados por unos 5 minutos, esperando que les abrieran la puerta de la plaza, y se le ocurrió que las comercializaran por las calles de la zona y luego, por qué no, que desfilaran con sus sillas cargadas también por el sector.

Entre esos campesinos estaba aquel niño Aristides, que fue parte del primer desfile y que este año completa igual número de ediciones que van en la ciudad: 59. En estas casi 6 décadas ha cargado la misma silleta, la de la categoría tradicional, la de los pioneros. Y hasta ahora no se ha llevado el primer lugar, asunto que no lo ha afectado en lo más mínimo, ni siquiera la única vez que estuvo a punto de ganar, pero la falta de traje típico le quitó el gallardete.

En época de feria o no, Ríos, Amelia, sus 3 hijos y sus 2 hijas siempre están al pie de las flores, son parte fundamental del sustento de la familia y de la felicidad de este agricultor todero. Unas 20 especies se siembran en la finca, algunas de las que él recuerda, pues no las ha querido marcar, así las disfruta más, nos mencionó: dalias, hortensias, chispas, triptomas, estatis, claveles, agapantos y siemprevivas blanca y rosada.

En época de desfile cosechan también el follaje para colorear y rellenar con estilo la estructura que va alzar. Para esto recogen mostaza y en, muy pocas ocasiones, pino y eucalipto, pero no el de monedita. Para su ejemplar tradicional la recolección empezó el jueves, eligió flores de sus jardines y de algunos vecinos y las fue poniendo en agua.

Este campesino acogedor, dicharachero y lleno de vida ama ser silletero con todo él. “No lo quiero dejar, siento mucha gratitud, mi mayor triunfo es pertenecer a esta hermosa cultura. Que mi Dios me dé vida para disfrutar esto que hago con tanto amor, todo mi amor”, nos dijo.

René heredó la absoluta felicidad

La Florida y Villa Laura son las otras 2 fincas silleteras de las veredas envigadeñas. La primera cultiva, recolecta, arma y carga, pero no recibe visitantes en fiestas. La segunda sí y es la de otro Ríos: René, ¡gran personaje también!

Villa Laura está en Perico y de entrada uno se topa con el jardín de su mamá. En él se observan a primera vista gérberas, dalias, margaritas y astromelias, pero son más. Y en el resto de sembrados René dedica sus cuidados a dalias, botones de oro, hortensias, agapantos azul y blanco y cartuchos, entre varias especies más.

Allá trabaja con su esposa, su mamá y un hermano silletero (Flavio León Ríos). Desde Medellín, su hijo, Luis Felipe, con 22 años sigue los pasos de ambos y ya suma 3 desfiles. René, en cambio, empezó cuando tenía 15, pero algo tienen en común padre e hijo: la vergüenza que les generó la primera caminada en feria. Algo que, por supuesto, no duró y que fue reemplazada por orgullo, por pecho y frente en alto.

El papá de René, don Marco Tulio, del grupo pionero como don Aristides, un día decidió cederle su contrato. El muchacho armó en compañía del experto una silleta tradicional y al llegar al desfile la subió a un camión de gaseosas que participaba también en la vía y caminó detrás de él.

Pero la pena no fue permanente. Esa vena familiar e innegable brotó del todo y lo ha hecho durante los últimos 36 años, esos en los que René casi que ha ido contando los días en cada uno esperando el momento de desfilar. Del total, 2 veces cargó la tradicional, los demás 34 años los ha dedicado a armar y llevar a cuestas silletas emblemáticas. Este año la dedicará a un par de atributos paisas: hacha, machete, carriel y alpargatas acompañarán la frase “Símbolos de una raza pujante y berraca”.

Mientras su hermano y su hijo montarán este fin de semana las sillas que exhibirán entre las tradicionales y las monumentales, René viene preparando desde hace 15 días su diseño. Las flores que lucirán serán, entre otras, dalias, estatis moradas, pinochos amarillos y verdes, viraviras, astromelias y gladiolos como follaje. Calculó este campesino que solo entre pinochos se le irán 170 paquetes, cada uno con unas 50 flores.

Ningún detalle puede quedar por fuera. Mientras le entrega todo a su estructura, no puede olvidar que el domingo (porque además es el delegado de Perico) los recogen a las 4 a. m. René no ve la hora de que llegue precisamente esa. Ya se ve desfilando por poco más de una hora y media, mostrando su emblemática obra, redonda, de 2 metros y 70 kilos, y luciendo el sombrero, camisa blanca y de manga larga, pantalón azul oscuro, alpargatas, tapapinche, cubierta sin machete, carriel original y ruana que conforman el atuendo oficial, el mismo que don Aristides jamás volvió a dejar en casa.

Luisa Fernanda Angel
luisaan@gente.com.co