En Envigado hay una clínica de orquídeas

En Envigado hay una clínica de orquídeas

En Envigado hay una clínica de orquídeas

Este vecino tiene una clínica especializada en plantas. Su misión es hacerlas florecer apenas ingresan a cuidados intensivos.

A diferencia de otros hospitales, el de Darío no es lúgubre, no. Al contrario, está lleno de color. Sus 3 perros y 2 gatos son los que custodian la entrada. La orden estricta es que a cuidados intensivos solo puede entrar el personal autorizado. Sus pacientes, dice, son silenciosas, pero agradecidas, con cualquier muestra de cariño y dedicación les da por florecer.

La Clínica de Orquídeas la fundó Darío Uribe hace 1 año y medio, luego de que varias clientas fueran a visitarlo con el corazón roto porque sus matas no pelechaban. A pesar de la insistencia que este hombre tiene con los cuidados de las plantas, la mayoría regresaba a sus manos a punto de morir.

Fue entonces cuando en la parte trasera del Vivero Primavera Verde, en Envigado, encontró el espacio perfecto para sanarlas. Convirtió un par de mesones en camillas y a su esposa e hijos en enfermeros con una especialidad clara: las catleyas y las Phalaenopsis.

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Lo primero que hacen cuando las internan es ponerle una cita con la fecha de hospitalización y el nombre del dueño, por si desea llevarse la misma, pues también tienen la opción de sustituirla.

Después entran a observación para que Darío, el médico de cabecera, detecte el mal. “Primero mi esposa, Luz Mery Castaño, y yo miramos el sustrato para ver si está muy mojado o no, si encontramos exceso de agua, le damos un tiempo para empezar a abonarlas y hacerles el mantenimiento”.

La mayoría de orquídeas, asegura Darío, llega con bacterias, por el ambiente demasiado húmedo y la mala ventilación. Los hongos y las enfermedades virales son comunes, además invaden la planta en pocas semanas hasta destruirla completamente.

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Todos los días, desde por la mañana hasta el mediodía, doña Luz Mery les hace seguimiento. Las toma una a una y las revisa con detenimiento. “Están preciosas hoy”, es su saludo; les habla, las mima, les quita las hojas que están secas, poda las flores y, si la raíz tiene hongos, le echa “un poquito de canela alrededor para que le de vitalidad, pero si ya está podrida, es mejor jalarla con la uña, no arrancarla ni cortarla para que quede ese pequeño hilito blanco por donde la planta se pueda alimentar y así se recupere más rápido”, dice.

Darío es el encargado de aplicarles las medicinas: pantosan, humus líquido, fungicida, florecencia, hormonas y vitaminas. El proceso de fertilización, que debe hacerse por lo menos cada 3 semanas, es fundamental, pues, aunque la luz, el agua y el dióxido de carbono son esenciales, ellas necesitan sales minerales (nitrógeno, fósforo y potasio) para sobrevivir.

Otro aspecto importante es la poda. Las Phalaenopsis, por ejemplo, florecen 3 veces al año y pueden durar así hasta 4 meses. Sin embargo, luego de que la flor se seque, hay que tomar unas tijeras desinfectadas (esto es primordial) y cortar la varita floral por encima de uno de los esquejes. En ocasiones es necesario, una vez se haya realizado el corte, aplicar un herbicida, para evitar enfermedades.

En la Clínica de Orquídeas hay cerca de 150 plantas. La hospitalización, para garantizar que esté 100% sana, demora mínimo 3 meses, aunque hay casos en los que ni siquiera un año es suficiente. Para ellos es muy doloroso que, a pesar de tantos esfuerzos, sus pacientes mueran, pero esa tristeza se compensa cuando “a la que llegó con la raíz totalmente podrida, las hojas marchitas e invadida de hongos le brota su primera flor. Es como salir de un coma. Hay esperanza”.

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Por Dafna Vásquez
dafnav@gente.com.co