Pasaje Los Mejías, un callejón privado de San José (Envigado).

En Envigado hay un barrio dentro de otro

Privada, y no por eso hostil. En San José, en medio de la calle 40 sur, una ‘islita’ que mide una cuadra de largo y poco menos de otra de ancho se da el lujo de estar cercada y de llevar un nombre ajeno al del barrio que la alberga. Sus habitantes lo reconocen y saben que forman parte de él, pero la verdad es que ellos viven en el Pasaje Los Mejías.

La dirección para todos es igual: misma calle ya nombrada, con nomenclatura 30-39, solo que cada casa tiene su número interior. Ahí hay ambiente de vecindario, de esos todos se conocen y cada vecino asume, por voluntad propia, una tarea que vaya en pro de los del lugar.

Aunque se recorre en pocos pasos no dan ganas de salir pronto, no al menos sin saber qué recoge ese espacio. ¿Por qué hay un callejón encerrado y con nombre como de pertenencia familiar, será que solo unos cuantos parientes de apellido Mejía viven allí, podrá uno recorrerlo sin problema?

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Quien vaya por el frente seguramente ni hará el esfuerzo de averiguar; si bien la reja del nombre y el callejón que le siguen no dejan ver de qué se trata, tampoco permiten el paso peatonal ni generan intriga, solo se trata de una entrada. Pero al ir por detrás, por la 41 sur (como me pasó a mí) no es fácil ignorar unas altas y largas escalas. Son su segundo acceso. Uno las sube y ya arriba, un poco agitado, descubre que es un barrio dentro de un barrio; es esa ‘isla’ de calle estrecha, pero por donde pueden circular cuidadosamente motos y jugar los niños a sus anchas, en la que, así mida poco, se han ubicado resaltos para mayor seguridad, y en la que las materas con flores decoran paredones de colores.

Don Manuel Acosta llegó a este sitio hace 43 años, su familia es una de las fundadoras de la nueva ‘camada’ en la que no, ya no vive ningún Mejía: “Pasaba por acá y lo reconocía como privado, de puertas de madera ya caídas, por dentro eran todas casitas antiguas. Siempre fue un pasaje, un caminito aparte, las escrituras figuraban como de un solo dueño: la familia Mejía; era su lugar de residencia y con los años se fueron yendo, fueron repartiendo y vendiendo sus casas. Eso fue hace unos 50 años”.

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Pavimentado y con servicios
Recordó que “al llegar el callejón era empedrado y las casas, de adobe y tapia. El barrio en general (hablando de San José) no era todavía bonito, y el municipio arregló todo esto acá adentro; desde hace más de 20 años nos ayudan con reformas. Antes la entrada del pasaje era un camino como para bestias, luego logramos que se pavimentara, pues no podía cementarse”.

Los Mejía por supuesto habían contado por varios años con servicios básicos, menos gas, pero en su época el alcantarillado corría por las casas; de los solares salían los desagües hacia la quebrada La Mina, algunas viviendas recibían de otras y así se iba acumulando y evacuando. Ahora ese sistema dejó de ser de tubos de barro y, junto con el de acueducto, corre por debajo del pasaje; cada casa sacó su tubería al frente para hacer conexión con el mismo. Además, fue instalada la red de gas natural.

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Doña Adela Bedoya y doña Rocío Arenas son otras vecinas felices, no cambian por nada su particular vividero. Fueron líderes en las primeras reuniones para organizarse y son de las que sacan pecho cuando se les pregunta por un diciembre en el callejón. “Se hacen asados, hay ambiente de familia. Desde un comienzo nos reunimos mucho y han surgido ideas como la del zócalo, las materas que decoran los pasillos, los 4 recipientes de recolección de desechos. Hace años, cuando se tumbaron las puertas viejas, hicimos sancochadas y vendimos empanadas para comprar las nuevas”, mencionó doña Rocío.

Su vecina del frente destacó el respeto y la sana convivencia; en el pasaje nadie hace ruidos ni fiestas bullosas. Según doña Adela, “muchos son de dormir temprano, aunque sí nos reunimos de vez en cuando en plan tranquilo, hemos hecho bingos, por ejemplo. ¡Ah!, y las novenas del Niño Jesús las hacemos entre todos”.

¿Pero entonces sí es privado?

Hablando de Navidad, Juan Carlos Cano destacó que en 2 ocasiones han ganado premios por la mejor cuadra y por el pesebre más bonito. Ese mes de fiestas todos salen a decorar e instalar luces y arbolitos a lo largo del pasadizo.

Y es que allá se respira eso, familiaridad. Pero así seamos bienvenidos no hay que hacer a un lado el hecho de que sí es privado. Los nuevos dueños (los que fueron comprando a los Mejía) lograron demostrarlo de manera legal, presentaron escrituras de las propiedades y por eso la esencia del callejón se mantiene. Hasta la de las puertas que, aunque siguen imponiendo respeto y marcan distancia, también se abren para la hospitalidad y el buen trato, tan propios de la gente de este ‘barrio dentro del barrio’.
Por Luisa Fernanda Angel G.
luisaan@gente.com.co