El Versalles o el día en que Valeria se enamoró de mí

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El Versalles o el día en que Valeria se enamoró de mí

Los bodegones nacieron en Europa, pero se popularizaron con distintos nombres en muchos países. Son restaurantes con oferta local casera, precios relativamente moderados, meseros veteranos ajenos al protocolo, pero alegres y amables, decoración sencilla detenida en el tiempo y una gastronomía básica cuya única pretensión es la comida rica dirigida a los vecinos del barrio que lo visitan con frecuencia para encontrarse y comer. Cuando vivíamos en Barcelona, mi flaca y yo conocimos muchos, varios con cientos de años de historia casi todos en el barrio Gótico, oscuro y fascinante. Flaca, allí también te amé.

Pero la ciudad que los hizo famosos es Buenos Aires, Argentina, llena de bodegones antiguos que se reconocen por mantenerse abarrotados de jubilados tomando mate o café mientras alegan en voz alta de las gallinas del river y los bosteros boquenses. Sus platos se caracterizan por porciones inmensas, picadas de fiambres (embutidos), maní, aceitunas, lengua en vinagreta, chivito asado, milanesa, pasta casera, matambre arrollado, chinchulines, papas fritas a la provenzal, provoleta, ensaladas frescas de lechuga y tomate, empanadas gigantes de piernas abiertas, chimichurris, paneras de latón, salsa criolla, licuados de frutilla, mucho café, vinos baratos pero ricos, algunos en damajuana y por supuesto toda una gama de alfajores, facturas (pasteles) y dulces de leche mortales para la figura. Aunque son frecuentados por familias, son comunes las mesas atiborradas de obreros, artistas, políticos, tacheros, piqueteros, mujeres elegantes, otras no tanto más atrevidas y voluptuosas; desde las 11 de la mañana al frente se hacen largas filas, ya que generalmente el almuerzo es su fuerte y pocos abren “a la noche”. Mis favoritos son: El Preferido, La Maroma, El Obrero, El Nuevo Castells, Lo de Mary, Albamonte y Miramar. Se oye tango y folklore gaucho. Una tarde nos encontramos a Maradona, Menem, Susana Giménez, Ricardo Darín y la modelo Valeria Maza (uy) charlando, tomando vino y almorzando como cualquier hijo de vecino. Tuve serios problemas con mi flaca por la forma en que me miraba Valeria, que portento, que atropello a la razón. No existían los celulares, de ser así, todavía me estaría haciendo selfies con ella.  Casi me matan ese día. Celos, malditos celos.

Aquí sin duda el más importante representante de este estilo de restaurantes es el Salón Versalles en Junín cerca al parque Bolívar. Yo me imagino que cuando Leonardo Nieto, que grande que sos che, lo abrió en el 61, lo hizo inspirado en los bodegones porteños. Desde que abrió fue el sitio obligado de encuentro de bohemios, académicos, futbolistas, políticos, pipiolas, cocacolos y la gente como yo a la que toda la vida le ha gustado “juninear”.

Hace un par de semanas, me llevé a mis bullosos y a mi flaca a recorrer el centro. Conocimos el tranvía, que nos dejó descrestados por su modernismo y la belleza del recorrido. En medio del paseo me acordé de mis días con pelo cuando adoraba a Jimi Hendrix, odiaba al resto de la humanidad y frecuentaba las tertulias nadaistas en el Versalles. Allí rematamos el paseo; se me escaparon varias lágrimas de tanta emoción y recuerdos hermosos, por la comida tan rica como siempre, los amigos que se fueron, los tangos de Santos Discépolo y por supuesto por la oportunidad perdida por no haberle “echado bola” a Valeria.  Supe que en estos días el consejo de Medellín condecoro al gran Leonardo; cualquier reconocimiento es poco para este ser humano extraordinario, digno representante de la comida y hospitalidad de su país.  Volveremos muchas veces por los postres con los que mis hijos que gozaron como enanos, la comida extraordinaria, el servicio impecable… y por los recuerdos, Vale.