El Poblado, todo un barrio para los niños

El Poblado, todo un barrio para los niños.

El Poblado, todo un barrio para los niños

Todas las mañanas de los sábados y domingos, el caos vial y el ritmo frenético de la comuna 14 se suspenden. Los padres de familia, que de lunes a viernes madrugan a correr para trabajar y alistar a sus niños para el colegio, se toman un recreo con los más pequeños.

En él, los espacios reservados para los adultos abren sus puertas para darles cabida a los primeros pasos en una academia de baile, los intentos iniciales por interpretar un personaje de teatro, las notas musicales en una flauta dulce, las brazadas en una piscina o las patadas básicas a un balón. El Poblado se convierte en un barrio para los niños.

Hicimos un recorrido por los planes y lugares ideados para los niños y adolescentes de nuestro barrio. Conózcalos.

En deportes
Trabajo en equipo, autocontrol, disciplina y dedicación son algunos de los valores que se crean y fortalecen con el deporte. Por esto, los padres que quieran afianzar estas cualidades en sus hijos pueden optar por la actividad física en distintos escenarios barriales, con oferta especializadas en menores de edad, como la Academia de Natación Mónica Ospina, Brazada en San Lucas, que ofrecen cursos para niños de lunes a domingo.

Pero estar en una piscina aprendiendo los rudimentos básicos de la natación es solo una de las actividades deportivas que pueden desarrollar los niños en nuestro barrio. El Índer, por ejemplo, ofrece clases para los niños a través de las Escuelas deportivas populares, que cada 3 meses abren sus inscripciones.

Esto sin mencionar la oferta del Country Club y el Club Campestre, donde se ofrecen clases de golf, natación, artes marciales, tenis, squash o ecuestre a socios y no asociados. Justamente en los deportes ecuestres, los niños pueden fortalecer su relación con la naturaleza y adquirir nuevas habilidades mediante clases de estimulación temprana o cursos de equitación en academias ubicadas a las afueras del área urbana como la de Asdesilla, Equus, La Granja.

Música y danza
El próximo Juanes o Mozart podría estar en su hogar. Para ello, puede estimular a los niños en algunas de las instituciones más reconocidas de la ciudad, como lo son el Colegio de Música, la Escuela de música de El Poblado (perteneciente a la Red de Escuelas de Música), la Escuela Yamaha Musical o Staff Music Academy o Solorock, entre otras.

En ellas los niños pueden pasar por cursos de estimulación, iniciación y formación musical, así como técnica vocal, lectura y ensamble.
En danza, la oferta es tan amplia como los géneros para bailar. Desde el hip-hop, pasando por la danza árabe, el flamenco, los ritmos tropicales hasta el ballet clásico y contemporáneo se pueden aprender en las sedes de la Academia María Isabel Ángel, Claudia Cadena, Fianna, El Candombe, Jazzdance o el Ballet Folklórico de Antioquia.

Más que unos pasos, los pequeños pueden mejorar sus destrezas sociales, aptitudes físicas y autoestima.

Para fomentar la lectura, un buen lugar es la biblioteca de la Uva Ilusión Verde, donde los bebés, niños y jóvenes se acercan a la literatura en cualquiera de sus géneros y formatos.

Ni hablar de la caricatura, escultura, pintura y manualidades, disponibles para los niños en la mayoría de las galerías y museos de nuestro barrio. ¿Queda alguna duda de que este es el poblado de los niños?

Por Álex Esteban Martínez Henao
alexm@gente.com.co


ANÁLISIS
Vivimos en una cultura adultocéntrica

Isabel Cristina Montoya, sicóloga especialista en Intervención Sicosocial.

La infraestructura por sí sola no garantiza el cumplimiento de los derechos de la niñez, pero sí es un punto de partida para comenzar a pensar otras soluciones. El hecho de que existan los espacios que menciona el Plan de Desarrollo Local no asegura que los niños puedan disfrutar abiertamente de ellos, ya que la mayoría están habitados por adultos y son priorizados para el desarrollo de sus actividades. Estamos en una cultura adultocéntrica, es decir, todo gira alrededor del pensamiento de los adultos, no solo por la infraestructura, sino también por la forma de pensar y actuar de los adultos y la forma en que ellos esperan que los niños tengan su comportamiento. Queremos que se queden quietos, que piensen antes de actuar, que no se ensucien… Estamos en una cultura en la que están siendo invisibilizados. Por eso, para crear otras realidades para los niños, en las que las ciudades sean más amigables con ellos, es importante hacer un llamado a las familias, para que hagan un acompañamiento más sensible a la niñez; al Estado, para que intensifique y refuerce los programas de intervención, para que atienda directamente problemáticas estructurales y de fondo, como el conflicto armado, la injusticia y la inequidad, y a la ciudadanía, para que denuncie los casos de vulneración, como el maltrato y el abuso sexual. De lo contrario, el riesgo que se corre es seguir repitiendo la historia, que los niños vulnerados se vuelvan adultos vulneradores y continúen intensificando esas problemáticas que se identifican en contra de la niñez.