El Astor: una leyenda urbana que vino de Suiza

El Astor: una leyenda urbana que vino de Suiza

Hay sitios que con el tiempo se han metido en el corazón de las ciudades. Historias de pasión por los sabores. Leyendas urbanas, hoy íconos del país, en donde se tejieron amores y se acuñaron términos que se quedaron como “juninear”. Lo que empezó como un salón de té por allá en los años 30, se quedó para siempre y cada día está mejor.

Hablar de El Astor para mí es muy fácil ya que pertenezco a una de las muchas generaciones de antioqueños que crecimos enamorados de sus delicias suizas. Me invade la nostalgia al acordarme cuando mi mamá nos llevaba chiquitos a su local de Junín en donde el único problema era escoger entre tantas exquisiteces. También soy uno de los que sigo haciendo fila, tal como hace más de 40 años, en sus puntos de venta de los aeropuertos, ya que los moritos, besos de negra, turrones, arrancamuelas y chocolates, son el detalle perfecto que más goza y agradece la gente de todas partes del mundo.

Los tiempos han cambiado, pero hoy como ayer, sigue siendo el punto de encuentro favorito de mucha gente de todas las edades. Mis enanos lo adoran tanto que si fuera por ellos,  allí comerían todos los días. Mi flaca y yo nos pegamos las escapaditas cada vez que podemos a revivir este amor que como muchos creció entre sapitos, copas de helado y arrancamuelas que me acuerdan de los primeros besitos que le robé. El primer regalo que le di a mi amorcito fueron unos chocolates del Astor y cada aniversario no me los perdona; cuando está brava es lo único que le quita la rabia, gracias a Dios; por algo dicen que el chocolate es el sabor del amor.

Esta repostería ya legendaria ha institucionalizado muchos productos que tratan de imitar por todo el país como los mazapanes de almendras, iguales a los originales toledanos, las tortas de chocolate como la sacher y la japonesa, los dulces de frutas, los turrones y moritos. Hoy además tienen una carta llena de alternativas ricas para almorzar y tardear, panadería artesanal, sánduches, milhojas, galletas, postres, helados y malteadas que alegran nuestros paladares y corazones.

Siguen en su local de Junín y en los dos aeropuertos, además en la avenida del poblado, el mall de San Lucas y Los Molinos, pero también puede pedir a domicilio en el 560 08 60. Hoy como ayer sigo pensando: si te llevan un regalo del Astor es porque te quieren decir algo. Sin duda son un motivo de gran orgullo para Medellín. Andrea, llevas en alto el nombre de tu familia y tu país.