El elefante gris de la avenida Bolivariana

El elefante gris de la avenida Bolivariana

El elefante gris de la avenida Bolivariana

Que está abandonado, que no tiene licencias, que está en proceso de extinción de dominio o que su dueño enfrenta líos legales. Esas son algunas de las hipótesis que alguna vez han planteado los vecinos de nuestra comuna sobre una mole gris que parece estancada en el tiempo y que está ubicada en el cruce entre la carrera 65 y la avenida Bolivariana.

Se trata de un edificio que ha permanecido en obra negra desde el 2011 y que, además de impactar por sus once pisos de altura, también lo hace por la lentitud con la que se han adelantado las obras. De hecho, esas demoras en su construcción han generado molestias y preocupaciones en los vecinos de los barrios Conquistadores y San Joaquín.

Con fecha del 12 de julio del 2016 y del 21 de agosto del mismo año se encuentran relacionadas dos denuncias anónimas en el portal seguridadenlinea.com, en las que se asocia la edificación con problemas de seguridad en el sector. “Es un edificio en construcción que está abandonado y en horas de la mañana se ven saliendo habitantes de calle”, señaló uno de los denunciantes, mientras el otro indicó que se trata de “un edificio abandonado en el que duermen en la noche habitantes de calle y drogadictos, y en horas de la mañana se ve un señor en la puerta cobrándoles”.

Ante las quejas, el subsecretario operativo de Seguridad de Medellín, Andrés Felipe Preciado, solicitó al entonces comandante del Distrito 04 de la Policía Metropolitana, Juan Carlos Castro, y a la subsecretaria de Grupos Poblaciones, María Paulina Suárez, que tomaran acciones en el caso. Finalmente, el 11 de octubre de 2016, la Administración municipal dio respuesta definitiva a las denuncias, indicando que se realizaron 2 visitas operativas al lugar y que “se pudo constatar que esta construcción permanece sola (sin trabajadores desde hace mucho tiempo) y no se ha visto ingreso de personas en situación calle”.

Julián Bedoya trabaja hace tres años en un local ubicado sobre la carrera 65, en el que comercializa accesorios para motociclistas. Él, desde que llegó por primera vez al sector, se percató de la obra detenida: “Desde que yo llegué, eso está en ese mismo tono. Poco a poco le han estado invirtiendo, cada cuatro o tres meses vienen unos pocos trabajadores, medio montan paredes, medio las estucan. Avances pequeñitos, como por tiempo”. Pero más allá de posibles consecuencias de seguridad, Julián consideró las implicaciones estéticas que la obra ha traído para la comunidad, pues en sus palabras “eso sí hace notar el sector como raro. Es un punto de referencia. A muchos amigos que vienen aquí uno les dice: ‘Vea, donde hay un edificio a media construcción, ahí trabajo yo’”.

Por su parte, William Bedoya, quien es habitante del barrio hace cerca de cinco años, consideró que “le están trabajando de a poquito, pero eso no ha traído nada de inseguridad ni perjuicio para la comunidad. Todos los días trabajan ahí cuatro o cinco personas, lo que pasa es que seguro falta presupuesto o algo para poder terminar eso rápido”.

Sin embargo, la Alcaldía de Medellín confirmó que la obra sí ha traído efectos no deseados para los habitantes aledaños y que “fue revisada por la Subsecretaría de Control Urbanístico, porque comenzó un problema de aguas subterráneas que estaba afectando a los vecinos”. La Administración municipal indicó que con la intervención de la Inspección de Policía 11B y de EPM se dio solución a la situación.

Frente al verdadero motivo por el que la construcción se ha dilatado hasta la actualidad, el secretario de Gestión y Control Terrritorial, José Nicolás Duque, señaló que el propietario “cumplió con lo requerido hasta que se quedó sin presupuesto para continuar la obra. Tenía licencia de construcción hasta el 17 de marzo de 2017, otorgada en la Curaduría Segunda con resolución C-007 del 7 de enero de 2011 y fue revalidada en la Curaduría Cuarta con resolución C4-0149 del 17 de marzo de 2016. La continuación de la obra depende del constructor y y a la hora de reanudar dicho proyecto, tendrá que requerir nuevamente y cumplir los requisitos legales”.

Gente intentó contactar a José Raúl Salazar, propietario del inmueble en construcción, pero no fue posible.


El constructor tiene que respetar el código civil
Análisis de Juan M. Bedoya, especialista en Derecho
Este tipo de edificaciones sin terminar pueden generar afectaciones en la seguridad y convivencia de la comunidad, y el nuevo Código de Policía cuenta con las orientaciones necesarias para que la autoridad actúe y detenga la perturbación de la tranquilidad.

En cuanto al peligro que representa tener un edificio que está sin terminar, en Colombia existe el Código Civil, que contiene una norma que regula los edificios que amenazan ruina, que están sin terminar o que no tienen reparación a la vista. En este caso en particular, los vecinos del edificio podrían iniciar un proceso posesorio y es la solicitud que puede hacer cualquier ciudadano que se ve afectado por un edificio de estas características, a un juez de la república a través de un abogado, para que tome las medidas que sean necesarias para garantizar que la estructura no cause perjuicios adicionales.

Incluso se puede solicitar que el juez tenga en cuenta un dictamen pericial del estado del edificio o realizar una inspección ocular para comprobar el estado del mismo. Lo que puede ocurrir es que el juez dicte una sentencia en la que obligue al propietario a terminar la construcción o demolerla.

El curador que autorizó la construcción es el encargado de otorgar un tiempo máximo para que se realice la obra. Si la licencia es renovada, como en este caso, se puede solicitar la cancelación de la misma, porque el propietario está abusando de un derecho que se le otorgó.


Sergio Andrés Correa
sergioco@gente.com.co