“Dormir se nos volvió un tormento”: vecinos del mall de la 70

Dormir se nos volvió un tormento vecinos del mall de la 70

“Dormir se nos volvió un tormento”: vecinos del mall de la 70

Esto dice una vecina de la urbanización mixta Rosales del Parque, donde el conflicto por el ruido en los locales terminó en acción popular.

Algunas noches el ruido ha sido tan fuerte, que María Gutiérrez* se ha visto en la obligación de tender sábanas en la cocina de su casa, para dormir un poco más lejos del bullicio. Tiene 76 años y dice que desde hace 5 perdió la tranquilidad porque el ruido no deja que ella ni su esposo puedan descansar.

La situación se presenta en la urbanización mixta Rosales del Parque, ubicada en la carrera 70 con calle 27, donde hay 156 apartamentos y 30 locales. Jorge Jaramillo, administrador del conjunto, explicó que algunos establecimientos transgreden las normas en cuanto a los niveles de ruido, el uso del espacio público y los olores. Y aunque han solicitado el apoyo de las autoridades, los problemas persisten.

Una habitante de la torre 6 comentó que llegó a vivir a esta urbanización desde que la construyeron, hace 26 años, y la eligió por su excelente ubicación, pero desde que pusieron estos negocios ella y su esposo “viven preocupados y muy aburridos”.

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“Somos muchas las personas perjudicadas, porque esto merma el valor comercial de los apartamentos. Se está yendo mucha gente y estamos viendo que se demoran mucho en arrendar”, agregó la vecina.

Después de las 2:00 de la madrugada, hora hasta la que está permitido el funcionamiento de los locales de expendio y consumo de licor en este mall, los residentes de Rosales del Parque cuentan que sienten el ruido de los clientes que se quedan afuera de los establecimientos hablando, cantando o consumiendo bebidas.

De hecho, dicen que la estructura de la unidad se ha prestado para que lleguen otras personas a consumir marihuana y que los techos que instalaron los bares Valuc y Narrangansset, con permiso de la Curaduría Tercera, han servido de refugio para algunos habitantes de calle.

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Jorge Jaramillo aseguró que los estatutos de esta propiedad horizontal (reformados en 2003) estipulan que estos establecimientos “no podrán ser destinados a usos contrarios a la ley y las buenas costumbres o para actividades que, de alguna manera, puedan disminuir el valor comercial de los apartamentos o que atenten contra la tranquilidad o sosiego de los demás ocupantes de la unidad (…)”.

En 2015 la Secretaría de Salud hizo una primera medición de ruido en la torre 6, que está ubicada arriba de Valuc, en la que se registró un nivel de ruido intradomicilioario de 64,9 decibeles; y otra más en 2017, que marcó valores de 53 decibeles arriba de este local y de Narrangansset. Cabe recordar que el máximo permitido para el sector residencial, por la Resolución 8321 de 1983, es de 45 decibeles.

Jorge Jaramillo explicó que Valuc fue identificado como el principal infractor de la norma, por eso asegura que se reunió con el arrendatario y con el propietario, pero ante el incumplimiento de los compromisos les impusieron una multa sobre el 20 % de la administración.

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“Les dejaron de cobrar porque no estaban pagando, pusieron un derecho de petición, y ya empezar un cobro ejecutivo por sanciones es muy difícil”, señaló el administrador. Por ese motivo emprendieron una acción popular frente a este y otros establecimientos cuyo fallo se emitió el pasado 31 de mayo (ver recuadro).

En un comunicado la Subsecretaría de Gobierno Local y Convivencia informó que la inspección 16 A, a cargo de la zona, ha impuesto multas a partir de las mediciones de ruido a Valuc y Narrangansset. Sin embargo, confirmó que estos locales reúnen los requisitos por el permiso de la Curaduría Tercera para la adecuación de los techos y la instalación de mesas y sillas.

La inspectora Gloria Cecilia Zapata explicó que las urbanizaciones están sometidas al régimen de propiedad horizontal y en este sentido hay una responsabilidad de control que debe asumir la copropiedad. “Este corredor donde está ubicado el mall, según el Pot, es turístico, por eso permite establecimientos de alto impacto, es decir, de venta y consumo de licor”.

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Jorge Jaramillo señaló que este no es un asunto solo de la copropiedad y por eso ha solicitado más apoyo de esa entidad, porque el problema trasciende a unidades vecinas como La Candelaria, donde también han emitido quejas.

Asimismo, la inspectora dijo que hay un oficio en la Policía para que de manera permanente la autoridad esté en el lugar, pero los vecinos cuestionaron que, apenas llegan los uniformados, los locales bajan el volumen y luego lo suben de nuevo. El periódico Gente contactó a la Estación de Policía de Belén hace casi 2 semanas para hablar del tema, pero al cierre de esta edición no tuvo respuesta.

Por su parte, Guillermo Ortiz, actual dueño de Narrangansset, dijo que interpuso una apelación a la multa impuesta por la inspección. “A nosotros nos echan el agua sucia, pero tenemos unos bafles que se escuchan más adentro del local que afuera”, expresó y agregó que incluso hay clientes que se van porque no escuchan la música.

Gente trató de contactar al administrador de Valuc, pero la persona a cargo del local dijo que se encuentra de viaje y por falta de tiempo no pudo responder las preguntas enviadas.

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Por otro lado, Sonia Tamayo, propietaria de Rancho y Licores B y N, otro de los establecimientos mencionado en la sentencia, indicó que ellos iniciaron otra acción judicial para defender su derecho al trabajo, que “debe primar por estar en un corredor turístico”, y aclaró que su negocio está en regla y no ha sido sancionado en los 4 años que lleva administrándolo. Asimismo aseguró que en ningún momento ha recibido citaciones de la corpopiedad para hablar del ruido.

Por Jessica Serna Sierra
jessicas@gente.com.co