En La Magnolia el pasado se revive con arte

En La Magnolia el pasado se revive con arte

En La Magnolia el pasado se revive con arte

Con prácticas ancestrales un rincón envigadeño invita a alejarse del estrés. Conozca a sus creadores… ¡deje volar la imaginación!

Todos tenemos un potencial. Yimara Rayen Praihuan y Juan David Holguín lo encontraron —entre muchos otros elementos— en la arcilla, la materia prima con la que dan forma a las más auténticas piezas de cerámica y a la que eligieron como una de sus principales formas de expresión.

La vida misma y un permanente espíritu de exploración los trajo a Envigado y en un rincón de La Magnolia abren a diario un espacio a quienes deciden hacer una pausa para frenar el agotamiento de la rutina.

Todos tenemos un potencial, asegura Yimara. Y para ser parte de su espacio no es necesario tener bases en el arte o las manualidades, no hace falta haber creado o moldeado antes. Su fuerte y el de su compañero de vida son las técnicas alfareras ancestrales, no las académicas rigurosas. Por esa razón su rincón es un lugar apto para iniciar, reforzar o perfeccionar. Para liberar y hacer terapia. Para encontrarse.

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El encuentro que ellos decidieron, por ejemplo, fue con su origen. Juan David, envigadeño del barrio El Dorado y artista de formación que terminó enamorado de la escultura, en especial de las representaciones de culturas originarias, entendió que la academia no le entregaría todos los conocimientos de pueblos que deseaba y emprendió un viaje en 2012.

Fue a Argentina y 2 años después, en la ciudad de La Plata, conoció a otra estudiante de escultura de quien terminaría enamorándose. Yimara Rayen, originaria de Chile, quiso resignificar las costumbres y técnicas manuales del pueblo de sus raíces, ese que aún ocupa el sur del país, el pueblo Mapuche. Lo logró por un largo período, luego se enfocó en otras culturas cercanas y ya, unida a Holguín, la siguiente sería la colombiana.

Su hija, Eluney, tenía 5 meses cuando llegaron a Envigado, donde la familia de Juan. Eso fue hace 4 meses y, como debería ser siempre, todo fue fluyendo en su viaje de aprendizajes al punto en que al mes de su arribo habían abierto al público su espacio de enseñanza y experiencias. Lo llamaron Tierra Verde.

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La primera cultura nuestra en explorar fue la de San Agustín. Los ha inspirado a ellos y a los asistentes de este rincón envigadeño para dibujar, pintar, bordar, ilustrar y, sobre todo, amasar y moldear. Las facultades terapéuticas no se hacen esperar y basta con que alguien —con o sin experiencia— tome un pedazo de barro, de arcilla (de tierra viva), y se conecte con él. Según Yimara, los conocimientos precolombinos que comparten permiten una entrega total a la pieza que se está creando, y con técnicas como el bruñido se conservan sabias formas de impermeabilizar, tal como era a la antigua, con el poder de las piedras.

Para esta pareja, el trabajo con métodos originarios casi que detiene el tiempo de quien decide darle un lugar y lo aparta del estrés. Lo único que se requiere es la materia, la mano creadora y las ganas; por la expresión final no hay que preocuparse, es libre y, de hecho, más de una persona ha encontrado en sus obras su propio ser ancestral (o al que así considera).

Y si el interés no se enmarca en una pausa o liberación, sino en el mejoramiento de una base creativa, también es el lugar. Juan David es un eterno convencido del potencial artístico de Envigado y le apuesta al fortalecimiento de una red local; muchos de sus profesores de carrera son hoy sus colegas y tutores, y entre todos siguen aportando. Además, Tierra Verde abre también sus puertas a artistas que deseen dictar clases y a aquellos que se animen a lucir sus creaciones en paredes o estanterías. El espacio es para todos: para el arte, el descanso y la comunidad.

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Por Luisa Fernanda Angel
luisaan@gente.com.co