El amigo de todos los muertos en Envigado

El amigo de todos los muertos en Envigado

El amigo de todos los muertos en Envigado

En el Cementerio Central de Envigado existe un hombre que asegura tener el trabajo más digno por el que ha pasado en toda su vida.

Si no fuera por las lápidas, diríamos que el Cementerio Central de Envigado es un parque para descansar… pero acá se descansa de otra forma. Los jardines repletos de flores, la uniformidad de color blanco y un imponente monumento de Jesús Resucitado no deja que la psicosis invada la mente de primerazo. Sin embargo, el tema de la muerte continúa inquietando a los más supersticiosos y el sentimiento de respeto hacia los difuntos se transforma en un leve temor.

Luis Fernando Herrera, encargado del mantenimiento del cementerio, pasa todo el día en este lugar, según él, en compañía de quienes ahora descansan en paz.

“El mejor trabajo del mundo”
Mantener las lápidas limpias, los jardines en buen estado y ayudar a las familias a enterrar a sus muertos son algunas de las funciones de este empleado que hace 3 años labora en este cementerio. Luis Fernando, un tipo carismático y con la energía intacta para mantener en orden su lugar de trabajo, asegura que le tiene que agradecer a la vida por haberlo puesto en este oficio. “Me encanta el tema de los muertos. Este cementerio tiene un encanto especial… para mí es un lugar de retiro espiritual. Encuentro la paz que afuera no hay”.

Y cómo es la vida. En ese afuera del que habla Luis Fernando, las personas comentan lo terrorífico que puede ser la visita a cualquier cementerio del mundo. “A diferencia de nosotros, los muertos ya disfrutan de la paz eterna. Eso me parece espectacular porque es el regalo que todos esperamos cuando nos llegue la hora”.

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Y mientras pasa su horario de trabajo, este empleado asegura que siente una conexión con los difuntos que reposan en este cementerio. “Yo soy creyente… y creo en la resurrección de los muertos. Mi conexión con ellos es especial. Yo entro, les rezo, les converso y voy sintiendo esa tranquilidad tan bella”.

Existe una razón particular por la que Luis Fernando no les tiene miedo a los espíritus y fantasmas. “Lo que pasa es que cuando uno tiene el cementerio tan bien presentado, los espíritus se asustan y se van (risas)”.

Aun con ese humor fino el duelo de las personas que llegan al lugar para darles el último adiós a sus seres queridos es un tema que conmueve profundamente a este empleado. “Recuerdo cuando una familia enterraba a un chico de 15 años que se mató en una bicicleta. Eso fue muy conmovedor para mí. Digamos que así el lugar inspire tranquilidad, pues siempre existirán historias tristes de esas familias que con dolor despiden a su gente”.

Dos piernas se observaban entre las columnas de un pasillo y uno de los jardines. Se apreciaba claramente que una persona estaba sentada en el suelo, seguramente acompañando por un buen rato al ser querido que reposa en una de esas bóvedas.

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“Nosotros hemos realizado actividades en la noche, pero realmente no se han experimentado sucesos paranormales. Eso responde a que este tipo de lugares son camposantos y no tiene por qué haber ese tipo de sucesos”, explica Jhon Fredy Arango Bolívar, arquitecto y especialista en Desarrollo y Urbanismo, perteneciente a la parroquia Santa Gertrudis.

Quisimos estar un momento solos, recorriendo las criptas y algunos de los callejones del cementerio. Con el debido respeto que merecen los difuntos, caminamos a un costado de sus tumbas; las bóvedas más viejas conservan las lápidas personalizadas, algunas decoradas con escudos de diferentes equipos de fútbol o con algún amuleto que su familia quiso ubicar allí.

Parecía que mencionaban nuestros nombres, pero tal vez eran esos ecos de quienes trabajan en este lugar, el mismo que en cada uno de sus muros guarda una historia de misterio y duelo que solo los muertos nos podrían relatar algún día.

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Por Daniel González Jaramillo
danielg@gente.com.co