Comadrejas se pasean entre Belén y Laureles

Comadrejas se pasean entre Laureles y Belén

Comadrejas se pasean entre Belén y Laureles

Una silueta extraña se movió rápidamente por el patio. No se trataba de la pequeña yorkie, fiel mascota de la familia, sino de una figura más esbelta y alargada que llamó la atención de Martha Lucía Castaño, habitante del barrio La Castellana desde hace más de 30 años.

Haga clic en la lupa para ampliar la infografía. Información: Juan David Sánchez, biólogo.

La vecina le siguió la pista. La figura se trepó a la gruta de una virgen ubicada en una de las esquinas del patio y desde allí se impulsó al techo. Con curiosidad Martha Lucía subió al segundo piso de la casa, donde desde una ventana pudo reconocer a su curioso visitante: una comadreja andina que estaba merodeando por el vecindario desde hacía ya varias semanas.

La comadreja se apareció hace por ahí unos 2 meses inicialmente y la vio la empleada doméstica, pero no identificó qué animal era. Ella pensó que de pronto podía ser una chucha, una rata, y nosotros estábamos en la finca, vinimos ese lunes y no vimos nada”, indicó la residente de La Castellana.

A través de la ventana Martha Lucía logró tomar fotos de la comadreja, que posteriormente su familia compartiría en redes sociales para saber más sobre el mamífero. “Luego se perdió mucho rato y después la vimos pasar por el muro medianero que da hacia la casa de atrás, y esa fue la última vez que la vimos”.

Pero La Castellana no ha sido el único sector en el que se ha avistado esta especie. Edwin Chaurrá, habitante del barrio Las Mercedes, en Belén, cuenta que ha observado algunas comadrejas cerca de su casa, ubicada en la calle 32B con carrera 84. De hecho, un día, a eso de las 4 p.m. pudo ver cómo un grupo de niños perseguía una de ellas creyendo que era una rata, pero se les alcanzó a escapar.

Chaurrá cuenta que antes había una arboleda que comunicaba el colegio Pedro Justo Berrío con la Universidad Adventista —la misma zona boscosa que linda con la urbanización Altos del Castillo— que subía por el barrio Las Violetas hasta llegar a Aguasfrías. Antes de que se urbanizara una parte del predio, comenta el vecino, allí había pinos, pomas y guayabas que atraían ardillas, comadrejas, zarigüeyas y hasta gavilanes.

Y aunque la expansión urbana es una realidad, las comadrejas no solo se mueven en las áreas boscosas. Carlos Delgado, docente de la Universidad CES y director de Aburrá Natural, señala que la tendencia cuando especies como esta aparecen en áreas urbanizadas, es decir que “hay algunas afectaciones de los bosques, que la urbanización está creciendo y esos animalitos no deberían estar aquí”.

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Sin embargo, agrega el investigador, en ocasiones hay procesos de ciertos organismos que ajustan su vida a estos espacios. “Los registros de esta especie datan de hace 3 años y son cada vez más numerosos y en distintas partes del Valle de Aburrá, e incluso en algunas muy urbanizadas como el Estadio y Santa Lucía, donde las zonas verdes son reducidas o el bosque más cercano está a kilómetros de distancia (…). Aquellos que hemos visto tienen una condición bastante saludable, son ágiles y despiertos”.

Juan David Sánchez, biólogo con experiencia en investigación en zonas periurbanas y docente de la misma universidad, explica que la comadreja es la especie carnívora más pequeña de la región e incluso de Colombia.

Su nombre científico es Mustela frenata, y la idea de si ha aumentado su población en la ciudad, para Sánchez, es algo que aún no se puede verificar, pues cabe la posibilidad de que solo hasta ahora la gente las esté empezando a registrar. Lo que sí se sabe es que “no es muy común avistarlas, porque muchas veces las confunden con ardillas, porque se mueven rápido y son de un tamaño parecido”, explica.

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La clave para diferenciarlas está en que las comadrejas no caminan con la cola hacia arriba, sino sobre el plano del cuerpo y con la cola estirada. Claro que también suelen levantar la cabeza en algunas ocasiones. Son principalmente nocturnas, aunque últimamente se han visto activas también durante el día.

El biólogo indica que, como casi todos los cuadrúpedos, tienen unas almohadillas en las patas y garras largas que les dan facilidad para trepar, moverse y cazar, aunque para esto utilizan sobre todo los dientes. Suelen alimentarse de ratas e insectos, pero con su agilidad podrían llegar a comerse un conejo que las doble en tamaño. Se refugian en agujeros en el suelo o entre rocas y son más bien tímidas, de ahí que no haya un riesgo comprobado frente a la fauna doméstica.

En eso coincide Delgado, quien asevera que hay que seguir avanzando en el conocimiento de ellas, pues hasta el momento no se han registrado ataques a mascotas. “Por lo contrario, yo creo que es un animal bastante benéfico porque podría ser un eventual controlador de ratas y ratones”, concluye.

Por Jessica Serna y Sergio Correa
jessicas@gente.com.co